En EU deberán acordar a partir de las diferencias

Divergencia de ideas políticas no es mala; factor fundamental para conformar una sociedad democrática

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Los resultados de las elecciones intermedias en Estados Unidos son una fotografía de la polarización existente en el país.

Los demócratas consiguieron la mayoría en la Cámara de Representantes, mientras que los republicanos se quedaron con la mayoría del Senado.


La polarización permitió a los progresistas posicionarse como un contrapeso legislativo al gobierno de Donald Trump, pero también deja una sociedad fuertemente dividida y receptiva a la demagogia política.

El Partido Demócrata apostó por la movilización de jóvenes, mujeres y minorías en las zonas urbanas, estrategia que rindió frutos; incluso, sumó zonas suburbanas.

Esta movilización permitió a los progresistas hacerse de la mayoría en la cámara baja después de ocho años.

De acuerdo a los últimos recuentos, los demócratas obtuvieron 225 de los 435 escaños.

Este triunfo les permite limitar la agenda del presidente en temas como inmigración.

Otra facultad que tendrán los demócratas es la de supervisión.

A partir de las comisiones podrán iniciar investigaciones, revisar las declaraciones de impuestos de Trump o ahondar en el caso de la supuesta intromisión de Rusia en las elecciones de 2016.

Estas acciones, seguramente, no llegarán muy lejos; pueden ser detenidas por el Senado, sin embargo, sería una forma de mantener la imagen presidencial en el escrutinio público.

El Partido Republicano mantuvo su voto duro, conformado, mayoritariamente, por hombres blancos adultos ubicados, principalmente, en las zonas rurales del país.

Los republicanos conservaron 51 escaños de los 100 en el Senado, lo que les permitirá frenar las iniciativas demócratas, y viceversa, lo que podría generar parálisis legislativa.

Por otro lado, la cámara alta atiende la política externa del país, lo que podría favorecer la actual postura proteccionista de la administración federal en política comercial.

Las grietas de la polarización se ven más hondas ahora.

La diferenciación del electorado se puede observar a partir de tres enfoques: Etario, género y geográfico.

Los jóvenes y mujeres se identificaron como demócratas, y los hombres blancos adultos como republicanos.

Los votantes demócratas se concentraron en zonas urbanas y, presumiblemente, con mejor acceso a información, y los votantes republicanos en zonas rurales, con acceso limitado a canales de información.

Estas diferencias son terreno fértil para la demagogia populista, como discursos basados en el odio étnico o la nostalgia al pasado.

En medio de tanta polarización se permitió la diversidad.

La participación política de las mujeres aumentó a un histórico de 95 escaños en la cámara.

Se votaron dos congresistas musulmanas y dos latinas; la congresista más joven de la historia, con 29 años de edad, y el primer gobernador declarado abiertamente homosexual.

La divergencia de ideas políticas no es mala; incluso, es necesaria para conformar una sociedad democrática; el reto de los nuevos representantes electos es acordar a partir de las diferencias.

 

 

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