En 100 días, lo mejor, el puntaje en encuestas y la tenacidad

Porque ni siquiera las promesas que el Presidente López Obrador dio por cumplidas -Guardia Nacional, Extinción de Dominio y tipificar como delito grave la corrupción, el robo de combustible y el fraude electoral- están totalmente cerradas

Compartir:

Dicen que los lunes ni las gallinas ponen. Pero también que los lunes ni los políticos.

Porque, como hubiera ocurrido a cualquier otro gobernante, en sus primeros tres meses de gestión, el Presidente Andrés Manuel López Obrador no tenía margen para entregar a los mexicanos promesas cumplidas.


Algunas como la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México no pasan la prueba de promesas estrictamente de obras concluidas porque el ciclo se cierra con la construcción del de Santa Lucía y la remodelación del capitalino y el de Toluca. Aunque vale como advertencia cumplida. Dijo que el proyecto lo tumbaría y lo tumbó.

Su informe de cumplimiento de promesas no fue como para echar a volar campanas. Es todavía muy temprano. No al menos como él hubiera querido, ni como lo pintó durante su informe.

Sus primeros 100 días de gobierno dieron apenas para que el Presidente destacara lo que dijo eran tres grandes reformas: La creación de la Guardia Nacional (que hay que decir que está en proceso; aún faltan las leyes secundarias), la ley de Extinción de Dominio que permite la expropiación de bienes producto de la corrupción y la violencia (que ya existía y quizá se amplió en el sentido de ser expedita o de incluir a la corrupción como motivo de ejecución), y la tipificación como delito grave de la corrupción, el robo de combustible y el fraude electoral.

De ahí para adelante, el Presidente, como lo publicamos hoy en IMPACTO, El Diario, sólo tuvo para dar avances, señalar el estatus en el que se encuentran la mayoría de los proyectos, muchos que siguen siendo promesa y que seguramente, a su tiempo, irán trabajándose, y para enlistar pendientes, en donde cabe la mayoría de las modificaciones que pretende llevar a cabo la Cuarta Transformación.

El discurso de hora y media fue más su tercera oportunidad (la primera el 1 de julio de 2018; la segunda el 1 de diciembre pasado) para reiterar que durante cuatro décadas los “neoliberales” y los “conservadores” hicieron pedazos al país.

Cabe mencionar que López Obrador no ha anunciado hasta hoy ninguna obra por hacer que pueda empatar a las instituciones creadas en décadas anteriores.

En este aspecto destacan, al contrario, la desaparición del Seguro Popular (“que ni es seguro, ni es popular”, dijo), creado por Vicente Fox y ampliado por Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

La creación del Tren Maya (proyecto turístico) para nada podría, ni mínimamente, emparejarse al monstruo que fue durante casi un siglo Ferrocarriles Nacionales de México y que, ciertamente, se lo tragó la burocracia estatal y sindical, que dio paso a algunas concesiones a empresas estadounidenses.

¿Cuál será la gran obra de López Obrador que quede para la Historia como otra institución vital para el país y que todavía no está escrita en el libro de sus proyectos?

De concretarse, sólo pareciera destacar el complejo “todo terreno” del Istmo de Tehuantepec en donde se intercalarían proyectos nacionales con visión internacional, y se conjugaría el turismo, la cultura, la industria, la infraestructura carretera, y un gran tonelaje de otras obras. Un gran proyecto, de grandísimo costo y esfuerzo que, por cierto, habría sido el engranaje perfecto para el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, por el calado de obra que se construía.

Imaginemos el otro “Canal de Panamá”, como el propio López Obrador lo comparó, operando a la vez con tres aeropuertitos dando servicio al mundo desde la capital mexicana. ¿O es que nuestro “Canal de Panamá” contará con su propio aeropuerto de primerísimo mundo? Si la obra va, casi sería una obra obligada.

Pero más allá de nuestras apreciaciones, hay dos cosas que no tienen vuelta para destacarse en estos primeros 100 días de gobierno de López Obrador: Los resultados en su favor de cuanta encuesta se levante (rondando arriba del 80 por ciento de aval ciudadano, “bateando arriba de 300”), así sea por el motivo que guste, populachero, enganchador, despistado, soberbio. Y, la segunda, que para aguantarla sólo debe tener atrás de ella una insaciable prisa de poder y el anhelo de que lo que exista de otras administraciones no quede ni huella, es la jornada de trabajo, quizá bien planeada con “coyotitos vespertinos”, que no para ni los sábados ni domingos. Eso se llama tenacidad, cosa que a algunos de sus colaboradores, como también dice él, ya los ha de tener hasta el copete. Pero lo dijo ayer, y sus hombres y mujeres de más confianza y responsabilidad deben tomarlo como ley, “antes muerto que traicionar al pueblo”.

Fueron los 100 días de AMLO. Su “New Deal” que muy bien describió ayer Jorge Fernández Menéndez.

De nada serviría recomendar al Presidente el “sereno, moreno”. No lo aceptaría, trae prisa. Pero sí recordarle aquello de “más vale paso que dure y no trote que canse”.

 

[email protected]

[email protected]

@RobertoCZga

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...