EL FRENAA PUEDE ACELERAR

Compartir:

Se entiende el festejo de los militantes del Frente Nacional Anti-AMLO (Frenaa) por conseguir media Plaza de la Constitución gracias a lo que parece ser un rasgo de independencia del Poder Judicial de la Federación y al repentino e inopinado respeto del presidente López Obrador por el juicio de amparo.

En realidad, la cesión de medio Zócalo a Frenaa esconde la convicción presidencial, por su experiencia en la protesta, de que el movimiento en su contra fatalmente quedará en ridículo si no congrega a masas como las que a él seguían en sus tiempos de activista y durará sólo hasta que la vida diaria obligue a los manifestantes a regresar a sus hogares, enfermos por las inclemencias del clima o la necesidad de buscar la chuleta diaria.

Enternece el previsible desenlace de un movimiento convocado por motivos oscuros de sus dirigentes, pero merece mejor suerte porque sin duda muchos de los ciudadanos que acudieron al llamado e incursionan por primera ocasión en movimientos que en el pasado despreciaban, están convencidos que el país necesita un cambio radical dentro del cambio por el que ellos también votaron en 2018.

Es irremediable, pero los pocos mexicanos seguidores de líderes que permanecen casi en el anonimato (sólo uno, Gilberto Lozano, suele aparecer en videos cumpliendo la que parece ser su única misión, insultar al presidente antes de retirarse a descansar para no sufrir los torrenciales alegando problemas de salud) no podrán cumplir su promesa de permanecer cuatro años en plantón hasta que López Obrador dimita, porque el presidente no piensa hacerlo, la Constitución no contempla la renuncia a los puestos de elección popular y sin duda ganará la revocación de mandato, pues seguidores aún le quedan en número de millones.

Pero eso no quita lo meritorio y heroico a la pequeñísima representación de las clases medias indignada que decidió bajarse de los automóviles para manifestarse guareciéndose en casas de campaña aportadas por algún anónimo y “desinteresado” financiero del movimiento que las encontró en oferta, seguramente en mercadolibre.com.

Todo presagia que el movimiento está destinado al fracaso, no porque falte razón a su indignación, sino porque, a diferencia de los seguidores históricos de López Obrador, no están acostumbrados a ganar la calle, excepto para pasear, comer en las terrazas de los restaurantes o ir de compras.

En la etapa neoliberal, fuese priista o panista, se concretaban a maldecir en la sobremesa familiar, al calor de los tragos en un bar o en las reuniones de trabajo, pero ni madres de ganar la calle.

Eso era para otro tipo de mexicanos sin oficio ni beneficio ni educación que no tenían respeto para la gente decente que a diario salía a la calle, pero a ganar el sustento familiar, y se encontraba con que la lucha diaria por la vida era entorpecida por contingentes acarreados por políticos sin escrúpulos que, como los dirigentes del Frenaaa, se alimentaban en restaurantes y descansaban en comodidad de sus hogares o en hoteles cercanos al plantón, mientras la base se manifestaba y se mantenía en la plaza pública, lloviera o tronara.

Desde la comodidad de la atalaya donde los reporteros observamos provocan ternura, pero más allá del cinismo periodístico y de los motivos oscuros de quienes los convocaron a ganar la calle, a amenazar con permanecer en plantón hasta que López Obrador se convenza de dejar en otros manos el destino del país, es de admirar que por primera ocasión en sus vidas se armaran de valor para dar un paso adelante y dejaran la mesa familiar o de restaurante, la del bar o la mesa de ejecutivos de empresa de primer o segundo orden, para hacer lo que antes condenaban.

ENTRE SORNA E INCONFORMIDAD

El presidente López Obrador puede hacer sorna de la pequeñez en número de quienes le ganaron el Zócalo por más que en un gesto de magnanimidad les cediera sólo la mitad, pero se equivoca al desdeñarlo y hacer burla a sus costillas.

Por si lo ha olvidado, así empezó él, con muy pocos que lo escuchaban y luego lo empezaron a seguir. Con el tiempo llegó al extremo de atentar contra los bienes de la nación tomando pozos petroleros y luego, cuando Manuel Camacho fungía como regente del Distrito Federal, el gobierno capitalino le ayudaba a costear los gastos de quienes marchaban tras él desde Tabasco hasta la gran ciudad.

Cuando Camacho y Marcelo Ebrard ya despachaban en la Secretaría de Relaciones Exteriores, no tuvo empacho en acudir al gobierno de la Ciudad a reclamar la deuda por la última invasión tabasqueña. Después de una consulta de las nuevas autoridades con las anteriores para verificar la veracidad del reclamo, el acreedor fue saldado.

Con el tiempo, después de la toma del centro de la Ciudad de México en protesta porque Felipe Calderón le robó la Presidencia, su sucesor en el Gobierno de la Ciudad de México, Alejandro Encinas, pagó el alquiler de las carpas bajo las cuales las huestes perredistas de entonces y sus dirigentes simulaban estar en plantón permanente.

Excepto los matices, nada diferente entre aquellas movilizaciones y las del Frenaa.

Imposible vaticinar cual será el desenlace del plantón; todo parece que su relativo éxito hará feliz al presidente, quizás le arranque una de sus carcajadas habituales en la mañanera, pero al final de la jornada no deja de ser señal de la inconformidad creciente en muchos sectores de la población que se recrudecerá en relación directa al comportamiento de las crisis de salud y económica.

El tamaño que alcance en los meses por venir tal vez sólo los pueda proyectar el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, quien tiene muy claro cómo se pondrá la situación.

La única ventaja para López Obrador, por ahora, es la inexistencia de líderes sociales capaces como él, en su momento, de capitalizar el malestar generalizado.

El ingeniero Lozano no tiene su conexión con la gente ni posee un discurso que comunique, como el suyo.

Las referencias al supuesto comunismo de la 4T son anacrónicas, pertenecen a los años sesenta y a la Guerra Fría.

No hay personajes que puedan conmover a la población y ni modo que el Frenaaa los pida prestados a los antiguos partidos políticos.

El renacido Ricardo Anaya ya no calienta ni al panismo; los priistas esconden la cabeza por temor a que Santiago Nieto y la Unidad de Inteligencia Financiera les pongan atención y los perredistas se quedaron sin militantes porque corrieron a vestirse de moreno para ingresar a la burocracia federal y a la legislativa, pero también sin dirigentes a grado que Jesús Zambrano está de regreso.

Más allá de lo que resulte del plantón y al margen de los motivos de Gilberto Lozano y sus financiadores, lo importante es el nuevo despertar de las clases medias. Lo hicieron en 2018 abandonando al PRI y al PAN para acudir a las urnas a castigar la corrupción.

Hoy ensayan un estilo novedoso, pleno de inconvenientes, incomodidades y burlas que parece destinado al fracaso, pero los estudiosos de la historia, como el presidente, saben que las revoluciones tienen su origen precisamente en las clases medias.

Por eso la importancia de su decisión de ganar la calle en las peores condiciones posibles, en medio de una epidemia mortal y en temporada de huracanes.

Hacen bien en festejar la toma del Zócalo aunque la mezquindad oficial les cediera sólo la mitad de la plancha.

Pero algo más, ellos sabrán qué, deberán hacer para evitar que su movimiento muera. El viernes por la tarde, al escribir este comentario, ya habían dejado de ser noticia.

¿Y su líder, Gilberto Lozano, ni sus luces?

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...