El riesgo innecesario de Sheinbaum en la boca del lobo ‘huachicolero’

El martes, la Jefa de Gobierno entró a un túnel ubicado en un predio de Azcapotzalco donde se descubrieron cinco tomas clandestinas en ductos de Pemex. Su seguridad recaía en un simple casco rojo que se colocó en la cabeza

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“Aquí apesta, perooo… Huele tremendo, eh”, dijo Claudia Sheinbaum cuando iniciaba el descenso al túnel descubierto en un predio de Azcapotzalco, el martes pasado, y que conducía a cinco tomas clandestinas en ductos de Pemex.

Mostrar arrojo no significa poner en riesgo la vida, menos cuando se tiene una responsabilidad tan alta como la de conducir las riendas de una macro-ciudad como la Capital mexicana.


Pero quizá más allá de eso está el ejemplo dado a la audiencia ciudadana, que primero siguió una nota importante, como fue el descubrimiento de un “laboratorio-empresa” de “huachicoleo”, y después la presencia de la Jefa de Gobierno no sé si encabezando el operativo, porque en el lugar también hizo presencia el Director General de Pemex, Octavio Romero Oropeza.

¿Duelo de imagen o estatus? No creo.

La escena (iba a decir el incidente, pero creo que nadie lo vio así) ocurrió a dos semanas del horripilante suceso de Tlahuelilpan, en el que la explosión de un ducto de Pemex en Hidalgo ha dejado, hasta ahora, 117 muertos.

Si estar cerca de productos inflamables, en la cantidad que sea, es ya un riesgo, penetrar a un sitio del cual se desconoce, completamente, su interior, suponiendo, incluso, que ya había sido medio revisado el túnel en el predio de Azcapotzalco, descubierto, oficialmente, una o dos horas antes de la llegada de los funcionarios, duplica la peligrosidad.

En espacios como ese es conocida la acumulación de gases, pero siendo un terreno maniobrado para la extracción de combustible, aunque apuntalado con madera, pudo desprenderse cualquier parte de las paredes o techo.

En el rastreo de evidencias para conformar el expediente se utilizaron linternas, celulares y otros instrumentos que pudieron ocasionar un estallido.

Sheinbaum pudo caer, resbalarse, que habría sido lo mínimo. Su seguridad recaía en un simple casco rojo que se colocó en la cabeza y en la mano que le echan algunos de los presentes para bajar al vacío.

Finalmente, la Jefa de Gobierno ni siquiera tenía la obligación de estar en el sitio, pues el asunto es federal, así el delito se haya cometido en la Ciudad de México. Tal vez la de Romero Oropeza estaba más justificada por ser el responsable de la Empresa Productiva del Estado, aunque siendo Ingeniero Agrónomo quizá sus conocimientos agrícolas tampoco le habrían ayudado mucho en una emergencia adentro de un hoyo atascado de todo tipo de combustible o, al menos, como él mismo lo dijo, de gasolina y turbosina.

Si mucho se habló del riesgo de la seguridad del Presidente Andrés Manuel López Obrador después de que despidió a todo el Estado Mayor Presidencial no habría por qué no señalar el de la Jefa de Gobierno arriesgando su integridad física en un túnel construido al estilo del narcotráfico.

Después de “verificar” el sitio, Sheinbaum descartó riesgos para la población y para construcciones cercanas, aunque fue desalojada una fábrica contigua como medida de precaución.

En el momento en el que decide bajar a “inspeccionar” el área -realmente sorprendente-, uno de los presentes que en ese instante no asomó ni la nariz expresó: “Ay, atrevida”.

“Ella porque sí es ingeniera”, dijo una voz femenina.

No sabíamos que el peligro disminuyera o amentara según la profesión. Más bien, según la protección.

Pero, bueno, Sheinbaum portaba un casco rojo.

 

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@RobertoCZga

 

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