El reto histórico de Alfredo del Mazo

Es de los pocos personajes de valía que le quedan al PRI para enfrentar futuras sucesiones presidenciales

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En ocasiones, la vida suele poner a ciertos hombres ante retos que a la mayoría asustarían. A ellos, a nadie más, queda decidir si están a la altura. Es el caso del gobernador del Estado México.

Alfredo del Mazo puede presumir que pudo igualar el récord de su abuelo y padre, que también gobernaron a los mexiquenses, sin embargo, de los tres es quien tiene por enfrente tareas que quizás ni sus ancestros llegaron a imaginar.


El actual gobernador debió sobreponerse, primero, a un primer descalabro cuando el pragmatismo de Enrique Peña Nieto, que buscaba la candidatura presidencial del PRI, optó por quien le garantizara ganar la gubernatura. Así fue como en una noche amarga se disciplinó ante la decisión de que Eruviel Ávila Villegas, y no él, fuera candidato a gobernador.

Después, las cosas no le fueron más fáciles porque el ser pariente del Presidente Peña Nieto sirvió a sus paisanos para hacerle bullying; aun así venció a contrincantes de peso, entre ellos, por ejemplo, Luis Videgaray, que ya sabía que no sería candidato presidencial y se conformaba con la gubernatura, y al amigo incómodo del mandatario federal, Luis Miranda.

Peor aún, ya candidato no enfrentó, en campaña, a Delfina Gómez, la abanderada formal de Morena, sino a Andrés Manuel López Obrador, que necesitaba asegurarse de los votos del granero electoral más importante del país después de la Ciudad de México.

Del Mazo ganó con ayuda de los votos del Partido Verde, que aún no traicionaba al PRI, porque todo esto ocurrió antes de que Manuel Velasco se prestara a las componendas poselectorales del 2018 para lograr que la transición federal sea tersa.

Como si faltara, Alfredo todavía necesitó que el Presidente Peña Nieto enviara al panista Ricardo Anaya de vacaciones al rancho de López Obrador en Palenque cuando intentó chantajearlo. Con Enrique Ochoa Reza le envió la propuesta de que el PRI aceptara perder Coahuila ante el PAN a cambio de levantar la mano al candidato priísta en el Estado de México. Lo mandaron a freír espárragos.

Por razones de espacio, esta es una historia a grandes rasgos, pero se podría hablar de mucho más, como la intromisión de Videgaray y Alejandra Sota, de los golpes bajos entre paisanos, de Miranda y su credencial apócrifa del INE, de las maniobras para cambiar candidatos municipales de un partido a otro, etcétera.

Pero lo cierto es que está en donde quería y ya rindió su primer informe de gobierno con invitado de lujo, el Presidente Peña Nieto, que no sólo rompió su promesa de no asistir a informes de gobernadores, sino que habló por espacio de 14 minutos.

Quizás lo único que entristeció la ceremonia del viernes fue la ausencia de Alfredo del Mazo padre, que hace tiempo padece problemas de salud.

Pero la historia y los invitados de lujo debieron estremecer al gobernador.

El ausente, su padre, pudo ser presidente de México, pero con él estuvieron el Presidente de la República y quien tenía todo para recuperar la Presidencia en 2006 de no haber sido víctima de una lucha fratricida en el PRI, Arturo Montiel, pero también Emilio Chuayffet, a quien Ernesto Zedillo llamó a la Secretaría de Gobernación para después deshacerse de él cuando los intereses políticos le cambiaron el panorama y optó por poner el poder a manos de la oposición. Habría sido un espléndido presidente.

Su padre, aunque era compadre del presidente Miguel de la Madrid, no pudo superar la preferencia del primer priísta del país por Carlos Salinas. Chuayffet, ya se dijo, fue víctima de los juegos zedillistas con la oposición de izquierda y derecha, que concluyeron en el triunfo histórico de Cuauhtémoc Cárdenas sobre Alfredo del Mazo padre y de Vicente Fox sobre Francisco Labastida. Y Montiel, que no pudo protagonizar la recuperación del poder gracias al estilo de Roberto Madrazo para deshacerse de la competencia

Quien pudo llegar a la Presidencia y, de paso, recolocar al PRI en el poder fue Peña Nieto; lo hizo en condiciones difíciles, pero no como las de hoy.

Cuando el PRI perdió la Presidencia ante Fox, Montiel permaneció, desde el Palacio de Gobierno de Toluca, como el gran aglutinador del partido. A él acudían todos los priístas desempleados y él, a su vez, los enviaba con su secretario de Administración, el muy joven Peña Nieto. Nadie regresaba a casa de vacío. Además, Isidro Pastor y la llamada Fuerza Mexiquense acudían a todas las entidades en disputa electoral.

Cuando Peña Nieto inició su gobierno, nada indicaba que sería presidente. Antes de pronunciar su primer informe, el PRI perdió la Presidencia de la República, la Cámara de Diputados y el Senado. Él había perdido, poco antes, las presidencias municipales más importantes y su Congreso local estaba casi controlado por la oposición.

Aun así, sus condiciones eran mejores porque la mayoría de las entidades federativas eran gobernadas por priístas, y lo seguirían siendo, y la corrupción priísta ya era arma electoral de la oposición, pero no en los decibeles de hoy.

Sólo los adivinos podrían atreverse a especular si el gobernador Del Mazo pensó, en la tribuna del viernes, en la saga familiar, en la frustración de su padre, que llegó a sentir que la candidatura presidencial era suya, y al mirar a Chuayffet, Montiel y Peña Nieto.

La circunstancia actual del PRI es peor a la de 6 años atrás. Es minoría ridícula en el Congreso federal, la mayoría de las gubernaturas está en manos de la oposición y pronto perderá las que le quedan. En el Estado de México, la situación no está mejor que al inicio del mandato de Peña Nieto, además, López Obrador enviará a Delfina Gómez como delegada especial para controlar el gasto federal en la entidad y apuntalar su segunda campaña por la gubernatura.

Del Mazo es, como en 2012 lo fue Peña Nieto, de los pocos personajes de valía que le quedan al PRI para enfrentar futuras sucesiones presidenciales.

Es demasiado peso el que deberá cargar sobre la espalda si en su interés está continuar con la saga familiar, en la que se incluye al Presidente Peña Nieto.

Quizás en eso reside el interés que despertó su primer informe de gobierno. Alfredo sabe que es mucho lo que se espera de él; suya es la decisión.

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