El pueblo “obediente”, AMLO, San Judas y la Virgen de Guadalupe

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No se sabe en qué cantidad, pero al menos en centenares, conforme registraron los medios de comunicación, los ciudadanos acudieron a visitar a San Judas Tadeo en su templo de la Avenida Hidalgo. Fueron a festejarlo, sí, pero también a pedir un favor, como cada 28 de cualquier mes, pero muy en especial en el de octubre.

La concentración fue una demostración de fervor, pero también de que el pueblo no es tan “obediente” como por la mañana lo calificó el presidente López Obrador para enfatizar la diferencia de México con las democracias europeas, en donde se han establecido toques de queda para contener a la segunda oleada del coronavirus.

Por la tarde, mientras la gente seguía ingresando a la iglesia de San Hipólito en franco desafío al virus y a la autoridad, el subsecretario Hugo López Gatell exhortaba a no festejar el 12 de diciembre próximo a Guadalupe en El Tepeyac; hasta prometió que, aun siendo México un país laico, los medios de comunicación electrónicos podrán difundir actos litúrgicos, como la misa, eso sí después de un trámite especial.

Esperemos para ver qué tan “obediente” es el pueblo mexicano cuando se trata de la Virgen del Tepeyac a la que en tiempos normales acude a visitarla por millones y se mantiene acampando a sus pies durante días.

Lo saludable, en todos los sentidos del vocablo, sería que el pueblo se quedara en casita y desde sus altares particulares festejara y pidiera favores a la Virgen de Guadalupe porque hoy y a mediados de diciembre la situación sanitaria no está como cuando el coronavirus ya cobraba miles de vidas de mexicanos y el presidente exhortaba al pueblo a salir a la calle, acudir a restaurantes, a fondas y a continuar con la vida normal, y éste, obediente, atendió la instrucción y lo sigue haciendo con la consecuencia de cada día por la tarde José Luis Alomía no encuentra la manera de explicar por qué las curvas no se aplanan y la pandemia no es domada.

En aquellos tiempos de optimismo, el presidente aún repartía abrazos, besaba a los niños, no usaba, como hasta hoy, el cubrebocas, y tampoco se protegía con chalecos en prevención de atentados como en su visita al norte de Tamaulipas.

Ya veremos qué ocurre el 12 de diciembre, como ya vimos los que pasó cuando un puñado de fans del presidente se quedaron solos esperando angustiados que aparecieran los otros 995 mil mexicanos convocados a acudir al Zócalo a demostrar al Frenaaa I y al resto de Frenaaas que López Obrador no está solo, que al primer llamado acuden espontáneos en millones a apoyarlo.

Hagamos de lado la ofensa a las democracias europeas por el insulto, con mucho respeto presidencial, claro está, por violentar los derechos humanos decretando toques de queda nocturnos como medida desesperada para contener la segunda oleada del virus.
De ellas depende reclamar o tirar a lucas a quien las insulta.

Por lo pronto, nos quedamos con el calificativo de obediente al pueblo al que López Obrador ya le cambió la señal beisbolera. Hoy, cuando nos acercamos a 100 mil muertos y a un millón de contagios la instrucción presidencial a obedecer es otra.

La única duda es qué favor pidió el pueblo obediente a San Judas y cual pedirá a la Virgen.

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