El poder está en Los Pinos, no en la Alameda Central

Quizá sería conveniente, como aconseja Francisco, mi hijo, que Peña Nieto corte por lo menos uno de los cordeles umbilicales de Los Pinos, para que no haya despistados que supongan que el poder no está en Los Pinos sino por la Alameda Central

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Mi compañero de páginas Francisco Bustillos se equivocó; no está en el ADN de los priístas, salvo contadas excepciones, hacer frente de viva voz a los señalamientos de supuesta traición, en especial a su jefe el Presidente de la República.

Saben que lo mejor es dejar pasar las campañas y, en su oportunidad, hablar del asunto cara a cara.

Miguel Osorio Chong no salió al paso al señalamiento surgido de quien sabe dónde, pero muy fácil de imaginar, en el sentido de que a causa de su enfado por no ser candidato a la Presidencia de la República hizo el temerario movimiento ajedreciano de obsequiar al Partido Encuentro Social (PES), cuya propiedad le es adjudicada, a Andrés Manuel López Obrador.

El beneficiario de tan infantil movimiento sería el líder de Morena que de ganar la Presidencia de la República metería a la cárcel a buena parte del gobierno y ayudaría a la extinción a cierto sector de la prensa nacional, IMPACTO uno entre tantos.

El secretario de Gobernación no salió a atajar las versiones, pero atendiendo solicitudes, indicaciones o de manera espontánea, lo hicieron por él numerosos columnistas que inundaron el ciberespacio con tuits negando que Osorio estuviera atrás de un movimiento que han rechazado incluso lopezobradoristas tan conspicuos como nuestra princesita Elenita Poniatowska.

Imagino, eso sí, que apenas arribó el Presidente de su gira por Francia, Osorio se concretó a informarle de la trama urdida en su contra.

Es probable que haya puesto a disposición su puesto, como en ocasiones anteriores, pero la reacción de Peña Nieto fue en el sentido de olvidar estrategias de enemigos del secretario de Gobernación que, por burdas, insultan la inteligencia.

Sin duda, la orden fue regresar a tu oficina a cumplir con tus obligaciones que no son pocas; la última, adicional, ayudar a ganar a José Antonio Meade sin que se noten tus huellas.

No por Osorio, sino por el Presidente, conozco algunos episodios de lealtad hacia éste que nada tienen que ver con cortesanías de carcajada como esa de me voy para cargar yo y no tú con la culpa de haber traído a Donald Trump, pero cuando la tormenta amaine me regresas. Pero estas son historias para contar en otro tiempo.

El secretario de Gobernación tuvo todo para ser el candidato presidencial del PRI, por su militancia y trayectoria, por el lugar que ocupaba en las encuestas y porque garantizaba la tranquilidad futura de su jefe; pero éste leyó que la lucha del 2018 requiere otro perfil.

No fue el único. Peña Nieto desechó la mejor opción en sus manos, la de Manlio Fabio Beltrones, el priísta con mayor equipamiento para una lucha como la que se avecina, totalmente identificado con la militancia que lo sabe suyo y cuyo concepto de lealtad es inquebrantable.

Pero las posibilidades de Manlio fueron afectadas por las mismas causas que impulsaron la candidatura de José Antonio Meade, su larga y exitosa militancia, y porque en las pasadas elecciones cargó con las consecuencias de las luchas en la Corte de Peña Nieto, en especial los enfrentamientos entre Luis Videgaray y Osorio Chong, así como el supuesto de que en nada afectaba que el PRI perdiera gubernaturas a manos de Miguel Angel Yunes, José Rosas Aispuro, Javier García Cabeza de Vaca o Carlos Joaquín, porque “son amigos”.

No escapa a mi percepción de que mucho antes que le dijeran que la decisión fue favorable a Meade, Osorio ya había intuido por dónde optaría su jefe.

Las señales fueron muchas y evidentes; no había forma de equivocarse. Ni siquiera perdió el tiempo redactando un documento para leer la aceptación de su candidatura. No fue engañado.

¿Le dolió no ser él? Sin duda, si bien difícilmente se le nota porque su rostro suele ser inexpresivo, excepto cuando lo sacan de sus casillas.

Pero de ahí a suponer que cometió traición entregando al enemigo común los votos de un partido que pueden ser decisivos en la elección de 2018, equivale a no conocerlo.

Es indudable que este tipo de campañas, que hoy sufre el secretario de Gobernación, es una más de las que tendremos que acostumbrarnos a presenciar en los meses por venir.

Meade, que no está acostumbrado a estos episodios por su falta de militancia política y su supuesta ausencia de la grilla palaciega, haría bien en amarrar a sus lebreles que sin necesidad andan en busca de en quien hincar sus colmillos.

Y sí, quizá sería conveniente, como aconseja Francisco, mi hijo, que Peña Nieto corte por lo menos uno de los cordeles umbilicales de Los Pinos, para que no haya despistados que supongan que el poder no está en Los Pinos sino por la Alameda Central.

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