El nuevo AICM, la llave china de López Obrador

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Es su arma, su llave china.

Al margen del montón de cosas que revisa y supervisa al mismo tiempo, lo de la construcción del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que no tiene vuelta de hoja, salvo por la insistencia de que los contratos esconden chapuzas financieras (que bien se decide revisarlos y punto), se ha convertido en el ejercicio de pulso del Presidente electo con el resto de los sectores de la sociedad.


Si a estas alturas Andrés Manuel López Obrador dobla las manos dará una señal de debilidad, aun cuando sus argumentos para no continuar la obra o para realizarla en la zona militar de Santa Lucía se sostenga con alfileres, por no decir que ni siquiera se sostiene, y revitalizaría a un sector empresarial que, por ese solo asunto, está al borde de un ataque de nervios.

Pero no sólo a los empresarios, ese es el detalle. La ya oposición priísta, panista, perredista y, en general, quienes no votaron por él, lo tildarían tempranamente de fallido.

Por tal motivo, él debe ganar.

Y, la verdad, a qué grado de sumisión intelectual hemos llegado los mexicanos que sin chistar aceptamos que una decisión de esa índole se supedite a una consulta popular, ciudadana, de calle, de botepronto, o como se le califique. Una obra que la prudencia pide a gritos porque de por medio no sólo está la seguridad de miles y miles de usuarios diarios, sino el propio desarrollo y contacto de México con el mundo no únicamente en cuestión turística, sino la misma que se pelea, la financiera, la económica.

Una posición que rebasa el “amor” a la ciudadanía o a la democracia o, de plano, raya en el coloquio idílico; una declaración, como la que aquí recuperamos, digna de análisis (¿qué refleja, qué esconde?): “Llamo al pueblo de México a que nos ayuden a rebasar entuertos, a que nos ayuden a resolver sobre este asunto, difícil, que heredamos, pero que debemos enfrentar de la mejor manera posible”.

Como si frente a nosotros estuviera la decisión de una declaración de guerra, de un fusilamiento, de una secesión territorial. El parentesco histórico con cualquier personaje, que por cierto nunca jamás podrá igualarse, está mal encaminado y enfocado.

La consulta, una de tantas que al parecer nos esperan, la llama “el primer ejercicio democrático en la etapa de la Presidencia Electa”.

Me anclo en la idea de la llave china o de una especie de “chipote chillón” que da en la cabeza de quienes lo intentan contradecir. Cierto que la política es Poder y quien la sabe manejar lo tiene; aunque el Poder, para ejercerlo exitosamente, implica prudencia.

Hasta hoy, el Presidente electo insistía en que la construcción del nuevo AICM “lo decidirán los mexicanos”.

Ayer, Javier Jiménez Espriú, futuro secretario de Comunicaciones y Transportes, acompañado de José Manuel Rioboó, empresario asesor de López Obrador, sostuvo una reunión con miembros del Consejo Coordinador Empresarial, encabezado por Juan Pablo Castañón, para entregarles “el análisis sobre la viabilidad del nuevo aeropuerto”.

El ya casi ruego de los empresarios suena hasta cursi en el afán de convencer sobre la importancia de la obra, aceptando las revisiones que sean a los contratos.

“La obra que está en marcha es importantísima para el país, es una obra que es la cabeza de la logística para el futuro del país en los próximos 50 años”, dijo Castañón.
“Queremos ver cuál es la fundamentación científica y tecnológica para contemplar otras opciones”.

Él mismo pidió el lunes que “no se tomaran decisiones por consigna, sino por análisis riguroso”, en alusión a que una consulta, ésta sí, no es viable para decidir la construcción de un aeropuerto y, mucho menos, su ubicación.

Ayer, el líder de la Concanaco, José Manuel López Campos, lo secundó al llamar a que “la opinión de temas de alta especialidad la tomaran expertos… más allá del ‘sí quiero´ o ‘no quiero’”.

Pero si el asunto funciona ahora para el Presidente electo como llave china o “chipote chillón”, después de la consulta, que seguramente será una réplica de la elección del 1 de julio, es decir, ganando el “no”, todo se transformará, en adelante, en “conducta” colectiva.

Entonces tendremos un dilema, el propio pueblo se convertirá en su propio Calígula o Nerón.

Y las confrontaciones se volverán comunes. Como ayer que a la polémica se sumó el “Jefe” Diego:

“Son tantas las ocurrencias. Cómo es posible que el próximo Presidente diga que se va a hacer una consulta si se decidirá lo que él quiere, y cometa una estupidez que no tiene precedentes en la historia del mundo. En ningún país se consulta la construcción de un aeropuerto.

“(Andrés Manuel) se está burlando de los mexicanos antes de que llegue a la Presidencia, es una burla para millones de mexicanos. Es mucho lo bueno que se está proponiendo, pero detesto lo abominable de esta dualidad; las ideas claras para inmediatamente constatar que está agazapado en actitudes marrulleras y mentirosas”.

No vaya a ser que antes de que despegue, quede donde quede o no quede, la disputada obra provoque turbulencias en un gobierno que todavía no enciende ni las turbinas.

 

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@RobertoCZga

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