El misterioso plan contra la violencia

Como en sexenios anteriores, se habla del envío de 10 mil 200 efectivos a 17 regiones que concentran el 35% de homicidios

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El Presidente Andrés Manuel López Obrador dio, la semana pasada, casi por terminado el plan contra el ‘huachicoleo’ y anunció el inicio de operaciones contra el crimen organizado

¿En verdad los grupos del crimen organizado están tomando este “impasse” presidencial como una oportunidad para reducir la violencia, claro, sin desatender sus “negocios”?

Porque, aunque con sucesos específicos -ataque a militares en Jalisco, hallazgos continuos de cuerpos en Nuevo León o ejecuciones aisladas-, el ambiente violento a nivel nacional parece presentar una especie de repliegue o distensión.


En medio de este panorama preocupan las situaciones de Tamaulipas, que es, me dicen “el territorio impenetrable para la ley”; Guanajuato, considerado hoy, quién lo creyera, el estado más violento del país como resultado de las pugnas entre el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel Santa Rosa de Lima, con seis municipios con altos niveles de inseguridad, Salamanca, Salvatierra, Irapuato, Pénjamo, Silao y Celaya, y Nuevo León, que vive, en las últimas semanas, un resurgimiento, impensable, de ejecuciones y ataques a la Fuerza Civil.

Un caso más, aunque con características intrincadas por la participación de grupos armados con distintos intereses, entre ellos algunos de “autodefensas” o policías comunitarias, presenta Guerrero, en donde la violencia ha trastocado su punto principal de generación de divisas, como es el puerto de Acapulco.

Así el panorama, grosso modo, el Presidente dio, la semana pasada, la pauta para pensar ya en un arranque formal del combate a la violencia y la inseguridad haciendo a un lado el plan que se desplegó contra el robo de combustible.

El operativo contra el “huachicoleo” fue sólo un segmento del gran problema. De hecho, esta parte del crimen organizado, en donde se supone que intervienen parte del “pueblo sabio”, cárteles y, se ha descubierto (en lo mejor del operativo), delincuentes de “cuello blanco”, es de reciente aparición, al menos, en gran escala.

Pero el Gobierno federal decidió entrarle primero por ahí, aunque de una forma muy “sui generis”, alocada, dirían algunos, pues su implementación, que consistió en cerrar ductos de transferencia de combustible, provocó dolores de cabeza a la ciudadanía, que, apanicada, se volcó a los expendios generando largas colas en hasta 10 estados.

El plan no está mal; tuvo un fondo social en el sentido de recuperar recursos tirados a la basura.

En el transcurso del operativo, a medio mes (18 de enero), el plan se tiñó de tragedia cuando en Tlahuelilpan, Hidalgo, en el tenebroso juego de detectar ductos violados y ante una extraña situación de algarabía por un ducto del que brotaba combustible a chorros, y ante la mirada compasiva de soldados y policías, se produjo una explosión (¿el escarmiento para que nunca más vuelvan a robar?), dejando, hasta el fin de semana pasado, 130 muertos. Un saldo ignominioso que llama y exige una investigación no por el robo en sí, sino por la negligencia implícita de quien sea.

El saldo final del plan, según el Presidente, ha sido la alta reducción de robo de pipas diarias, de 900, en promedio, a 20. La recuperación de recursos ante el freno de la extracción ilegal, la detención de un promedio de 500 personas, de las que no se sabe ni nombres ni imágenes, y el descubrimiento de “centros huachicoleros” bien armados, como el detectado y asegurado, hace dos semanas, en Azcapotzalco, que contaba con túneles estilo el narco, técnica profesional para mamar los ductos, oficinas adjuntas y un predio bien camuflado en una especie de empresa de químicos. La semana pasada se localizó otro dentro de un mercado en la alcaldía Gustavo A. Madero.

 

‘DE LLENO A PACIFICAR EL PAÍS’

El 5 de febrero, por cierto, aniversario 102 de la Constitución Mexicana, el Presidente, tras explicar que el plan contra el robo de combustible está terminando, dio un adelanto de acciones que van, ahora sí, contra los cárteles de la droga o, cuando menos, eso suponemos:

“Hoy mismo decidimos llevar a cabo una acción en 17 regiones en donde se están cometiendo muchos delitos, el 35 por ciento de los homicidios en 17 regiones”.

El anuncio fue bueno, esperanzador y hasta tranquilizante, pero de ahí no pasó. Nos quedamos en las mismas. ¿Qué tipo de acciones puede implementar el Gobierno federal en 17 regiones donde se comete el 35 por ciento de los homicidios sin que algo se sepa? ¿Sin ruido, sin ulular de una sirena, sin detenciones conocidas, como en el caso del “huachichol”?

“No se va a suspender el plan; no vamos a relajar la disciplina sobre esto, pero ahora estamos metiéndonos de lleno para pacificar al país y empezamos con estas 17 regiones”.

Ese día fue sólo un adelanto ante preguntas de reporteros durante la “mañanera”: “Vamos a informales mañana, pasado mañana”.

No esperamos mucho; fue al día siguiente, pero no de su parte, sino del Secretario de Seguridad nacional, Alfonso Durazo.

El funcionario dio otro adelanto, aunque es una estrategia ya implementada por administraciones federales anteriores, golpear la capacidad financiera de los grupos delictivos.

Explicó lo que ya había comentado el Presidente, de que esos 10 mil 200 efectivos en las 17 regiones se mantuvieran, de forma permanente, en las zonas asignadas.

Una cosa es realizar operativos y llevar fuerza de Ciudad de México a Tijuana, a Reynosa, a Nuevo Laredo, dijo, y luego regresarla porque aquí o en otro lado se nos descompusieron las cosas. Otra muy distinta, añadió, es tener un estado de fuerza que se encargue, de manera permanente, de la inseguridad.

Algo que acrecienta la confusión sobre la tarea específica que realizarán soldados, marinos y policías federales es que, hace dos semanas, López Obrador aseguró que “oficialmente ya no hay guerra (contra el crimen organizado)”.

El plan está enredado, aunque, seguramente, poco a poco irá transparentándose en el sentido que sea.

El Presidente prefiere llamar “traviesos” a los delincuentes, conminarlos a comportarse como “hombres buenos”.

 

LA GUARDIA DE GUARDIA

Durante su anuncio sobre el despliegue de los 10 mil 200 efectivos, Durazo reiteró la urgencia, “la necesidad imprescindible”, de contar con la Guardia Nacional.

Expresó que este instrumento permitirá reclutar nuevos elementos y ampliar el estado de fuerza para cubrir, de manera permanente, cada una de las 266 regiones administrativas en las que se dividió el país.

Al plan hace falta agregar una buena explicación.

Porque por un lado se despliegan efectivos y, por otro, sigue la discusión sobre extractos específicos de lo que contiene la iniciativa para crear la Guardia Nacional.

Su aprobación continúa en vilo. El Senado aprobó, el jueves pasado, el modo de “parlamento abierto” para que, nuevamente, expertos y organizaciones civiles participen en la discusión que parece no tener fin. Además, dio como fecha el 19 de febrero para votar el dictamen, pero retornaría a la Cámara de Diputados.

¿A quién vigilará la Guardia Nacional en el supuesto de que la violencia se reduzca y que los marinos, soldados y policías federales apacigüen las zonas demarcadas como violentas?

A los grupos criminales ya no. Estos, sin dejar de operar sus negocios, habrán modificado su “modus operandi” para dejar atrás la confrontación con el gobierno.

Será un cuerpo, como se dijo, militar-policiaco que, más que todo, ejercerá una posición de retención de movimientos sociales contrarios al gobierno que de movimientos de grupos delictivos.

Eso sí, la Guardia Nacional también inhibirá la delincuencia del fuero común.

El plan no es malo mientras la actuación de la nueva corporación no exceda sus facultades y actúe como mediadora ante cualquier tipo de conflicto en la vía pública, social o criminal.

De lo contrario, la Historia hablará, definitivamente, de una etapa nueva, pero riesgosa.

Pero todo esto, y lo que digan muchos, son mera especulaciones. Quien tiene la palabra para esclarecer, punto por punto, el plan es el Gobierno federal, ahora que tan sugerentes que son las “mañaneras”.

 

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@RobertoCZga

 

 

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