EL IMÁN, imán Y LA SENECTUD PREMATURA

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Increíble.

Faltan tres meses y medio para que Andrés Manuel López Obrador tome posesión como Presidente en funciones y sus propuestas de gobierno ya padecen una senectud prematura.


Es decir, en apenas mes y medio, 90 días después de las elecciones del 1 de julio, el árbol de sus propuestas se ha venido deshojando día tras día. Y a ese ritmo, para el 1 de diciembre, cuando tome posesión, podría llegar a verse sólo como un esqueleto de tallos.

Todavía el 8 de julio de este año, siete días después de la elección, se anunciaba con reiteración la creación de la Guardia Nacional, la cual estaría compuesta por elementos del Ejército, la Fuerza Aérea, la Marina y la Policía Federal.

“Operaría en los estados, zonas y regiones de mayor incidencia delictiva”, algo así como la Gendarmería propuesta por Enrique Peña Nieto, aunque ésta si se concretó, aun cuando no en la dimensión pensada desde el principio.

Ayer, sin embargo, una promesa que, creo, en gran medida, daba certidumbre a la población (mucha incluida dentro de sus votantes) sobre mejores expectativas para reducir el número de víctimas de la violencia en puntos específicos del territorio nacional fue echado por la borda.

Alfonso Durazo, propuesto como el próximo secretario de Seguridad Pública nacional, descartó que fuera a conformarse una Guardia Nacional.

En el contexto de que López Obrador “recibirá una seguridad en ruinas”, Durazo dijo cosas interesantes, pero que nada ayudan a la integridad de las propuestas de precampaña y campaña o, al menos, a distanciarse del cuchicheo de que ya empiezan a curarse en salud ante los paquetes que mientras no se es gobierno se ven del tamaño de una hormiga, y cercanos a serlo la dimensión se eleva a la de un King Kong.

“El próximo gobierno recibirá una seguridad en ruinas y eso habla de la dimensión, del reto, que tendremos que enfrentar y sin eludir la responsabilidad; les digo a ustedes que no será posible resolver de fondo el problema de la inseguridad si el gobierno avanza solo”.

“Seguridad en ruinas”. Ah, no, de valientes a “aventados”, la cosa cambia. En precampaña y campaña nunca se pusieron nerviosos.

Creo incluso que eso de “ruinas”, tampoco. Es lo mismo que cuando aseguran que el país está “en guerra”.

Y esto: “Les digo a ustedes que no será posible resolver de fondo el problema de la inseguridad si el gobierno avanza solo”.

Pues claro que el gobierno debe avanzar solo. Ese fue el compromiso. ¿O esperan que la ciudadanía se pronuncie por formar un macro “grupo de autodefensa” a nivel nacional sólo porque ahora la ve difícil?

Pero digamos que “los sectores de la sociedad” deciden no participar (o al menos no entregarse totalmente) porque no es su papel combatir la delincuencia organizada, entonces la advertencia cobra peso: “No será posible resolver de fondo el problema de la inseguridad”.

Léalo bien y reléalo: “No será posible resolver de fondo el problema de la inseguridad”.

Sin Guardia Nacional y sin la plena confianza de que, como lo prometieron, la inseguridad, del nivel que sea o del nivel que lo consideren (“país en guerra”), baje, estamos ya mal prematuramente, mientras para el día de la asunción todavía le cuelga.

 

COMO EN RITUAL CANÓNICO

Imantado, atrayendo hacia él a cuanto sector o grupo de la sociedad invita como en el ritual aquel de salutación.

En esas anda también Andrés Manuel, hecho un Imán que pastorea a sus feligreses. Ayer tocó el turno a los rectores del país y miembros de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior.

Pero en el mismo plazo en el que sus propuestas se han enflacado -mes y medio, 90 días- se ha reunido, además de los rectores, con los ingenieros de México, ministros de la Suprema Corte, embajadores, empresarios (Consejo Coordinador Empresarial, Consejo Mexicano de Negocios, Concanaco, Concamin), dueños de medios de comunicación, la Conago, comitivas de Trump, de Canadá, senadores, diputados, Peña Nieto, Cárdenas, Meade…

Debo pensar que a todo eso se le llama entusiasmo.

Para el 1 de diciembre, cuando ahora sí porte sobre su pecho la real banda presidencial, parecerá que de su sexenio ya se gastaron tres años… ¡en el primer segundo!

La pregunta es: ¿Para qué correr tanto?

¿Por qué requerirá reunirse con medio mundo? ¿Aún debe convencerlos de algo? ¿Quiere, mientras no asuma, deshacerse de la sombra de quien todavía gobierna? ¿Sentirá que no le creen, pero en la intención llevará el pecado?, pues las reuniones son como cheques al portador o cartas notariadas.

Si de lo que se trata es de pedir la opinión sobre lo que a su debido tiempo tocará o afectará a cada área, puede que no está mal, pero sí desvela un panorama de inseguridad en los proyectos rumbo al nuevo gobierno, que a estas alturas debiera estar definido, con o sin la opinión de cada sector.

Y un imán atrae muchas cosas más.

 

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@RobertoCZga

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