El graznido que rehúsa apagarse en 100 días

El asalto a un bar de Salamanca, Guanajuato, la madrugada de este sábado, y el enfrentamiento en la Autopista a Nuevo Laredo, Tamaulipas (a 100 kilómetros de Monterrey) entre un grupo armado y militares, que dejaron un saldo total de al menos 21 muertos, pone en duda si la decisión de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto de enviar a las Fuerzas Armadas a las calles para combatir la violencia, fue una terquedad

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Nada es más aguafiestas que la realidad.

Pero cómo ocultar los episodios de terror de fin de semana en plena elaboración del mensaje para este lunes por los primeros 100 días de gobierno de la actual administración federal.


El asalto a un bar de Salamanca, Guanajuato, la madrugada de este sábado, y el enfrentamiento en la Autopista a Nuevo Laredo, Tamaulipas (a 100 kilómetros de Monterrey) entre un grupo armado y militares, que dejaron un saldo total de al menos 21 muertos, pone en duda si la decisión de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto de enviar a las Fuerzas Armadas a las calles para combatir la violencia, fue una terquedad.

Si alborotar el “avispero”, como dicen algunos (que han variado su postura de la campaña electoral a la gestión de gobierno), era una necesidad y la única salida.

La insistencia de crear la Guardia Nacional, para en determinado plazo dejar de utilizar a los militares, revela dos cosas. Una, que es imprescindible una fuerza permanente para contener cualquier tipo de manifestación que ponga en duda la “eficacia” administrativa del Gobierno federal. Otra, que esta “fuerza permanente” no implique una confrontación con ningún grupo armado, sino más bien que funcione como especie de dique entre ellos y los ciudadanos.

El Presidente ha sido insistente en ese punto. Ha dicho que ya son tiempos de paz, refiriéndose de manera directa al crimen organizado. Que “oficialmente, ya no hay guerra” contra la delincuencia, aun cuando haya sepultado, no sabemos si para siempre, su ofrecimiento de amnistía.

Los eventos de este sábado, sin embargo, muestran que no todo mundo se clava en la “mañanera”, o que hay un sector, el más desinteresado en discursos políticos y de gobierno, que no ha entendido el mensaje de las mantas, de regresar “a la vieja escuela”.

Que tampoco cabe ni entra en esa parte de la actividad pública que al Jefe del Ejecutivo lo tiene hasta el chongo. “Ya chole la politiquería. La grilla ya me tiene hasta el copete”, dijo en Jalisco.

A poco más de tres meses de gobierno es un hecho que López Obrador tira varios dados ante la única actividad que denigra con saña la imagen de cualquier administración, de cualquier nivel, y que en nada se compara con el frívolo show de guasear a gobernadores de la oposición, de jugar con ellos como si de muñecos de trapo en boca de perros se tratara.

Por ello, el Presidente, por una parte, insiste en la paz, en el repliegue (ojo, porque es el término y la señal clave) y, por otro, envía pelotones a Santa Rosa de Lima, Guanajuato, para acabar con uno de los cárteles del “huachicol”, encabezado por “El Marro”, en clara admisión de la estrategia que inició en diciembre de 2006. Por eso, tampoco, puede permitir el paseo, como Pedro por su casa, de bandas armadas en camionetas de lujo.

Por eso, también, el de la violencia y la inseguridad, es el tema más importante, el más incómodo y el más urgente, de todos a los que López Obrador debe concederles mayor espacio en la edición especial de su “mañanera”.

Porque en 100 días es difícil, todavía, ver cuando menos una pizca de avance de la potencia económica mundial que ha prometido, pero sí, que en cuanto a “graznidos” por la activación de gatillos nada ha cambiado, y que, por el contrario, en una de esas y hasta se ha agravado.

De hecho, esa es la mejor defensa que podría tener el Presidente ante los agravantes hechos de este sábado: “Imposible resultados en 100 días”.

¿O sí se cansa?

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