El glorioso regreso de Gibrán al IMSS

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Gibrán Ramírez no debe sentirse derrotado al regresar a su confortable oficina de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social en el IMSS.

Su error al atreverse a luchar por la dirigencia nacional de Morena no fue su edad, 31 años, sino porque no representó a ningún aspirante a suceder al presidente López Obrador, como sus contrincantes Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado, adelantados, según el sentir general, de Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, respectivamente.

Hasta donde se sabe, Gibrán no representaba las posibles aspiraciones presidenciales del director del IMSS, Zoé Robledo, ni delatan compromiso de éste con la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, el secretario de Relaciones Exteriores o con el coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal, cuyo representante, Alejandro Díaz Durán, también fue excluido de la larga lista de aspirantes a dirigir el partido oficial.

Ramírez considera haber hecho mas que cualquiera de sus competidores y tener mayores merecimientos que todos juntos pues, como ninguno, representa a cabalidad la filosofía pregonada por el presidente López Obrador.

Es posible que tenga razón, pero cualquiera de ellos lo aventaja en lo que importa en política, no por la edad, sino por las mañas, la pertenencia a un grupo político y, sobre todo, contar con cercanía a la fuente de donde emana el poder en el sistema priista, que no es otra cosa el morenista: el presidente de la República.

Gibrán equivocó al procedimiento. Primero debió identificar quién tiene mayores posibilidades para 2024 y comprometerse con su causa, ganarse la voluntad del posible delfín (los nuevos lingüistas oficiales quizás califiquen a Sheinbaum como “delfina”) y tener tras de si al aparato burocrático, mediático y político de su candidato para la sucesión presidencial.

Pero el joven académico creyó vivir tiempos diferentes y sufrió las consecuencias de no estar en la realidad: la semana próxima ocupará el lugar de Alfonso Ramírez Cuellar quien quiera el verdadero líder de Morena, por mucha o poca distancia que el jefe del Poder Ejecutivo Federal diga mantener.

En realidad, como quedó demostrado con los vaivenes del Tribunal Federal Electoral y de su presidente, el magistrado Felipe Fuentes Barrera, que no supo cómo interpretar las sugerencias de la Presidencia de la República, el morenismo no es otra cosa que el rancio priismo del pasado neoliberal o de etapas anteriores hasta llegar a los tiempos del jefe máximo, Plutarco Elías Calles, que sufrió parricidio a manos de su criatura, Lázaro Cárdenas.

El doctor Ramírez debe regresar satisfecho a su oficina del IMSS y aprender de López Obrador que la porfía es la mejor cualidad del gatopardismo, expulsado oficialmente de la Cuarta Transformación, pero que a despecho de lo que se dice en la mañanera, sigue gozando de cabal salud; es decir, cambiar para seguir siendo iguales.

Ya le llegará su momento a Gibrán si porfía e identifica al vehículo al que se debe subir, como lo hicieron en su momento Andrés Manuel López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo, Marcelo Ebrard, Mario, Alfonso Durazo, Esteban Moctezuma, Zoe Robledo, etcétera, todos antiguos y distinguidos priistas, vigentes como tales a pesar de su renovado discurso, según dicte la ocasión.

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