El futuro de la 4T depende de los EUA

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Hoy más que nunca, el futuro de nuestro país, pero sobre todo del proyecto de gobierno de la 4T, depende de lo que suceda en Estados Unidos, en las próximas semanas, en lo económico; en materia de seguridad y justicia; en lo social; en lo político; quién lo iba a pensar; el gobierno más izquierdista (así se consideran), cuya narrativa siempre había sido anti-gringa, hoy, su sobrevivencia como modelo de gobierno está prendida sobre alfileres del desenlace de los próximos eventos que habrán de gestarse en el vecino del norte.

Quizá lo único pragmático de este gobierno ha sido todo lo relacionado con el  nexo bilateral con Estados Unidos, algunas veces por convicción; otras a la fuerza, y algunas más por conveniencia; han sabido adaptarse a la necesidades de la coyuntura de corto plazo; gran mérito hacerlo con un gobierno caótico y caprichoso como el de Donald Trump, aunque eso le haya tenido que llevar a tragar sapos, como lo fue con el tema de migración centroamericana.

Allí sí, se han adaptado a las circunstancias y han asimilado la necesidad de desprenderse de prejuicios ideológicos para corresponder más eficazmente a las exigencias del entorno. Sin embargo, viene la prueba más difícil, y será el resultado del próximo proceso electoral en ese país. Si ganan los demócratas con Biden a la cabeza vendrán cambios de enorme trascendencia que repercutirán en la política interior de nuestro país y habrá de corresponderse con adecuaciones de política pública de la 4T.

En materia económica habremos de esperar los nuevos lineamientos para la recuperación de la economía local, con enormes repercusiones en la política economía de nuestro país y su necesaria recuperación; en política migratoria habremos de saber cuáles serán las nuevas exigencias sobre la migración centroamericana y cómo habremos de seguir conteniendo los flujos migratorios: en materia de seguridad sabremos cuáles serán las prioridades y necesidades sobre temas tan delicados, como el narcotráfico, el tráfico de armas, la trata de personas, la ciberseguridad, etcétera, etcétera.

Y todo esto, en un terrible desgaste que ya padece el gobierno de López Obrador; es un gobierno que renguea, que ya le cuesta articular ideas y conceptos, y, peor aún, echar a andar políticas de gobierno. Ha perdido bríos y credibilidad; ya no es lo que era hace dos años, que parece que fue hace mucho tiempo.

Es un gobierno mermado; el coronavirus, realmente, lo dañó y le pegó en su línea de flotación; hoy, su narrativa está desgastada y la percepción sobre su ineptitud e ineficacia en la gestión de gobierno es un grito a voces. El gasto en su capital político es notorio y la obcecada preeminencia de su ideología dificulta la obtención de resultados positivos en su gestión.

Por una u otra razón, la viabilidad de la 4T depende del vecino del norte, y ellos están plenamente consciente de ello.

 

 

 

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