El filicidio de Videgaray y el manotazo de Peña

Con la dura reacción del Presidente, ¿el Secretario de Relaciones Exteriores decapitó a Meade?

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Quienes el miércoles casi derramaron una lágrima (digamos Miguel Osorio, Aurelio Nuño, José Narro, Enrique de la Madrid y Eruviel Ávila) porque no entendían cómo carajos Luis Videgaray tenía los “suficientes” para casi entregarle la estafeta de candidato del PRI a José Antonio Meade, si por ímpetus propios u orden de por medio, este jueves esbozaron una media sonrisa.

Si las palabras de Videgaray fueron un hachazo a la prudencia, las del Presidente Enrique Peña Nieto, en respuesta al descarado “affaire” del Secretario de Relaciones Exteriores, sonaron casi al estruendo de un cadalso.

Porque la declaración de Peña Nieto ante la prensa, durante un evento de la Armada en Baja California Sur, no tiene más que una sola traducción, y clarísima: Quienes se adelantan se equivocan.

“El PRI no habrá de elegir a su candidato… a partir de elogios o aplausos. Creo que andan bien despistados todos”, fue la contundente respuesta de Peña al alboroto provocado un día antes por un Videgaray emulando al ex gobernador panista Francisco Ramírez Acuña que en mayo del 2004 “postuló” a su gallo Felipe Calderón para el proceso de 2006, brincándose las trancas, pero sobre todo la figura, un tanto respetable, cuando menos para los miembros del partido, de Vicente Fox.

Ramírez Acuña lo hizo un año antes de los procesos internos, aunque ya Fox mimaba a su “tapado” Santiago Creel.

Videgaray cometió ¿la “imprudencia”? a días de la “ecuación” priísta y sin menoscabo de respeto para nadie, mucho menos para su Jefe.

Atenerse al “golpe dado, ni Dios lo quita” parece ahora resultar un suicidio para el Secretario de Relaciones Exteriores en sus futuras visiones o un filicidio, como se vea.

Luego de que el mundo se deleitó con la asombrosa “postulación” de Meade de parte de su amigo de hace 30 años, hoy, menos extasiado, y tal vez después de una tanda de nalgadas, Videgaray acudió al confesionario:

“Ayer tres secretarios impartieron conferencias en la Cancillería, y a los tres los presenté con calidez, gratitud y reconocimiento a su talento y trayectoria. No hay que confundir eso con otra cosa. Las decisiones políticas se tomarán donde deben tomarse”.

Hoy eso quedó más que claro. Pero, ¿y Meade, dónde quedó? ¿Lo consolará ser disciplinado, inteligente, experimentado, patriótico, visionario, talentoso, preparado…?

El Presidente ya lo dijo, será muy simpatizante, pero “ni por elogios, ni aplausos”. A menos que la truculencia vaya por ahí.

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