El Ejército para allá y para acá

De un tiempo para acá, las Fuerzas Armadas se han convertido en una institución imprescindible para la ‘normalidad’ del país en un mundo cada vez más ‘anormal’, con situaciones que antes eran eventuales y ahora resultan ‘atípicas’

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Cuando todo se convierte en “atípico”, en automático, lo es también de emergencia. Las eventualidades de ayer son las contingencias inmediatas de hoy.

¿Las recientes decisiones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, casi tres meses después de las elecciones, de anular procesos electorales, como Puebla o Coyoacán, también son cuestiones “atípicas”?


Voy a hablar de la actividad del Ejército en un país cambiante, como lo es México, pero no voy a inventar tareas que nunca han hecho, quizá la más reciente la de confrontar a los cárteles de la droga, pero ya desde hace poco más de una década como fuerza que sustituiría “temporalmente” a la Policía.

Las Fuerzas Armadas son, sin embargo, de un tiempo para acá, una institución imprescindible para la “normalidad” del país.

Cierto que desde hace muchos años son quienes despliegan, ante desastres naturales, el famoso “Plan DN III” de auxilio a la población.

Cierto que desde hace muchos años son los encargados de cuidar que las elecciones federales transcurran en orden.

Que son quienes salvaguardan instituciones federales, principalmente las que tiene que ver con la energía, digamos Pemex y CFE, principalmente.

Y, como dijimos, principalmente, desde el sexenio de Felipe Calderón, los sustitutos de lujo de las policías estatales.

Primero narro tres asuntos que tienen que ver con sus acciones multiplicadas porque ya nada es casualidad.

Este lunes, el país amaneció con una nueva tragedia a causa de las lluvias que en esta temporada han sido intensas. No fue en Sinaloa ni en Sonora, donde el Ejército presta ayuda desde mediados de la semana pasada y a donde enviaron, el fin de semana, parte de sus tropas, que detallaron, con imágenes desde el Campo Militar Número 1, en un reportaje concedido a Televisa.

Fue en Peribán de Ramos, Michoacán. La “atípica” lluvia provocada por una tromba, dicen las autoridades, afectó, dramáticamente, ese municipio, desbordando un río que arrasó con casas y provocando al menos seis muertos. Apenas se supo, el Ejército anunció ayer otro envío de soldados a la zona.

Hablo de que el Ejército aporta para la “normalidad” del país mientras el mundo vive en situaciones “anormales”.

El cambio climático a nivel planeta ha generado este tipo de fenómenos (lluvias “atípicas”), a veces fuera de temporada, o sorpresivo, como el que afectó Sinaloa y Sonora. Ayer se dijo que otro racimo de municipios también será declarado en emergencia en Chihuahua. Es decir, el Ejército y la Marina deberán multiplicarse.

Aumentan las emergencias y la chamba para el que ahora perfilan como “un Ejército de paz” que, paralelamente, será “policializado”.

El Ejército cuida el orden en las elecciones federales, pero, como en el caso de Puebla, donde el Trife ordenó el recuento voto por voto, a realizarse en la Ciudad de México, es el que custodia el traslado de documentos. Ya lo dijimos, situación también “atípica” a causa de nuestra democracia.

La solución al robo de combustible de Petróleos Mexicanos mediante la violación de ductos por parte de los “cárteles huachicoleros”, que han impuesto en México una nueva modalidad de delito organizado, como anexo al narcotráfico, ha sido puesto también en manos de las Fuerzas Armadas. ¿”Atípico”?

Sobre los militares pesan, hoy, varias responsabilidades que antes no se daban sino eventualmente. Y ello no significa que no estén expuestos a acusaciones de todo tipo, algunas con razón. Pero, injustamente, muchas veces se les puede señalar, mas no reconocer.

Y se les ha dejado prácticamente solos en asuntos tan extenuantes, como el combate al narcotráfico. La violencia en zonas específicas del país se ha convertido en el cuento de nunca acabar. Tan sólo en Guerrero se habla de más de 20 grupos criminales armados.

Mañana se cumplen cuatro años de los reprobables hechos de Iguala, en el que fueron desaparecidos, y seguramente asesinados, 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. La Izquierda mexicana se aferra a esconder las manos cuando, por el caso, las tiene amoratadas.

Después del 2 de Octubre, del que en una semana se cumplen 50 años, el de Ayotzinapa es el caso más horrendo en el que se exhiba, en masa, a estudiantes como víctimas de la brutalidad del poder. El punto es que en éste cambió la circunstancia. El lugar donde ocurrieron los hechos era gobernado (municipio y estado) por la Izquierda. Los principales detenidos, quienes dieron la orden de persecución y escarmiento, José Luis Abarca y su esposa, militaban en la Izquierda. Y de ahí hacia abajo, o hacia arriba, se pueden mencionar muchos, pero muchos nombres. Ayotzinapa es un error histórico de tantos que ha tenido la Izquierda a nivel mundial.

Todo ello, sin embargo, no convence a quienes, en el plan de lavar culpas de la Izquierda, intentan responsabilizar al Gobierno federal vía agresiones contra el Ejército.

La semana pasada ocurrió el más reciente ataque contra el 27 Batallón de Infantería ubicado en Iguala. Una provocación temeraria utilizando artefactos explosivos que incendiaron parte de la entrada de la sede militar. Lo de menos fue el lanzamiento de piedras, palos y botellas hacia el interior, así como las pintas en el exterior del cuartel.

En ninguna de las al menos tres agresiones, los militares han respondido.

Este lunes, en Nueva York, el Presidente Enrique Peña Nieto reiteró que la llegada de sargazo a las costas del Atlántico, por lo cual pidió una colaboración internacional conjunta, es un asunto “atípico”. Por lo pronto, lo intenta solucionar la Secretaría de Medio Ambiente en conjunto con el sector empresarial. Es un desastre natural. Si se complica, ya saben, ahí está el Ejército y la Marina. Qué más da.

 

 

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@RobertoCZga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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