El discurso ‘mañanero’ que puede llegar al río

La histórica embestida contra la prensa emprendida desde Palacio Nacional, provocó la reacción de cerca de 700 periodistas, académicos e intelectuales, denunciando que la libertad de expresión y la democracia están bajo asedio

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Para justificar su postura ante medios de comunicación críticos al gobierno que encabeza, Andrés Manuel López Obrador se queja de ser, después de Francisco I. Madero, el Presidente más atacado de la historia contemporánea de México.

> Hablando de marcas históricas, como él lo hace para sí mismo, AMLO no mentiría si aceptara que en solo dos años de su gobierno la prensa ha sido atacada desde la sede del Poder Ejecutivo Federal, como nunca en la historia contemporánea

> “… No podemos dejar de darnos cuenta de que el país está entrando en una polarización increíblemente grande… (en la que podrían surgir) muchos fenómenos irracionales”: José Ramón Cossío, ministro en retiro

El dilema se reduce a callar, entrar en redil, arrinconarse en la esquina a lamerse las heridas, buscar refugio en otro país o seguir tecleando mientras haya quien esté dispuesto a perder un poco de tiempo leyéndonos en el mundo raro del internet o en papel a quienes aún pueden pagarlo.

Como dice Andrés Manuel López Obrador, es tiempo de definiciones y, en el caso de IMPACTO, hace mucho que las tomamos. No somos intelectuales, académicos ni artistas y tampoco participamos en capillas o cenáculos ni somos opositores a nadie y a nada; tampoco  somos sus enemigos, no buscamos derrocarlo o limitar su poder ni albergamos la pretensión de ser contrapeso a su poder. Somos, eso sí, reporteros que no hacemos periodismo tendencioso. Acertamos y nos equivocamos con frecuencia al opinar, pero nada más, razón por lo que no nos queda el saco diseñado por el presidente para referirse a quienes se atreven a criticarlo.

Dicho lo anterior, es discutible, pero podría no faltarle razón a López Obrador cuando se queja de ser, después de Francisco I. Madero, el presidente más atacado de la historia contemporánea de México, pero hablando de marcas históricas no mentiría si en sus conferencias mañaneras aceptara que en solo dos años de su gobierno la prensa ha sido atacada desde la sede del Poder Ejecutivo Federal, como nunca en la historia contemporánea, si no con persecuciones judiciales y violencia personal, por ahora, sí con descalificaciones y señalamientos de toda índole.

Y no sólo por el mandatario, sino también por su émulo vespertino, una especie de Mini-me de Austin Powers, el subsecretario de Salud Hugo López Gatell, en sus conferencias como vocero en la epidemia del coronavirus, y por los titulares de otras instancias del gobierno que actúan, quizás cumpliendo sus instrucciones o deseando agradarlo, aunque reconozcamos, también, que algunos personajes de la Cuarta Trasformación, muy pocos, por cierto, piensan y actúan de manera distinta.

José Ramón Cossío, ministro en retiro: “La gente puede entender estos mensajes (del Presidente) de forma muy curiosa y tergiversada… (y) tener iniciativas distorsionadas y comenzar a agredir a los periodistas”.

La histórica embestida contra la prensa emprendida desde las conferencias mañaneras, provocó el jueves la reacción de una cantidad impresionante de periodistas, académicos e intelectuales, cerca de 700, denunciando que la libertad de expresión y la democracia en México están bajo asedio.

Como el Presidente, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, tiene durante sus conferencias como vocero en la epidemia del coronavirus, una actitud idéntica contra algunos medios de comunicación.

Para no variar, en Palacio Nacional se podrá calificar a los abajo firmantes de exagerados y añorantes de la época corrupta del liberalismo conservador por afirmar que Andrés Manuel López Obrador “estigmatiza y difama a quienes considera sus adversarios, cuando desde la tribuna presidencial debería emanar un discurso tolerante”.

Lo cierto es que su conclusión es ominosa, pero realista: “No se alimenta el rencor desde esa tribuna, sin que el odio llegue al río alguna vez”.

El texto, signado por Enrique Krauze, Denise Dresser, José Woldenberg, Javier Sicilia, Roger Bartra, entre muchos otros, pero avalado por muchos más que no fuimos convocados a firmarlo, denuncia que “El Presidente profiere juicios y propala falsedades que siembran odio y división en la sociedad mexicana. Sus palabras son órdenes: tras ellas han llegado la censura, las sanciones administrativas y los amagos judiciales a medios y publicaciones independientes que han criticado a su Gobierno. Y la advertencia de que la opción para los críticos es callarse o dejar el País”.

Una de las frases más alarmantes del escrito, titulado “En defensa de la libertad de expresión”, es la referente a que el “odio” atizado en el discurso presidencial puede llegar al río alguna vez.

Se refiere, sin duda, a lo peligroso que puede resultar en estos tiempos ejercer la libertad de expresión dado que los millones de seguidores del presidente López Obrador podrían llegar a extremos indeseados suponiendo que satisfacen sus deseos.

Es cierto que hasta hoy todo se ha traducido a calificativos ofensivos, acusaciones de corruptelas y alguna sanción administrativa, pero también en el consejo “fraternal” del escritor Paco Ignacio Taibo II a Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín a retirarse del combate y a buscar refugio en otro país, inadmisible en él que, además de intelectual, director del Fondo de Cultura Económica, es hijo del destierro, pues llegó a México en busca de refugio precisamente porque su familia fue empujada por el franquismo a abandonar su país de origen, España.

Pero las descalificaciones y burlas presidenciales, así como las bravatas de Taibo II (que por fortuna no completó el consejo fraternal con su clásica “se las metimos doblada”) podrán quedar en mera anécdota si el odio llega al río, como advierten los abajo firmantes.

LOS RIESGOS DE AZUZAR O CALLARSE

En entrevista con El Universal, el ministro en retiro José Ramón Cossío, lo dijo con claridad: “si el presidente está diciendo que hay un tipo de medios o periodistas contrarios a la Cuarta Transformación o que algunos reporteros lo son, me parece que sí los pone en una situación de riesgo, porque no podemos dejar de darnos cuenta de que el país está entrando en una polarización increíblemente grande… (en la que podrían surgir) muchos fenómenos irracionales.

No estoy hablando de México actualmente, hablo de todos los momentos en que hemos podido conocer cuando se entra en situaciones irracionales y se van contra unos y otros, entonces sí creo que se expone muchísimo a los medios”.

Añade Cossío: “el presidente dice que sólo unos periodistas son leales, no otros, y sólo ciertos medios son leales, entonces todos los demás no son leales y, en un ambiente de polarización, la gente puede entender estos mensajes de forma muy curiosa y tergiversada, porque tal vez ni siquiera el mandatario está pensando en eso, pero las personas pueden tener iniciativas distorsionadas y comenzar a agredir a los periodistas… entonces, puedes tener ataques a los periodistas de parte de la delincuencia organizada y por otra parte de la población, el punto de vista es ¿quién va a protegerlos?, ¿quién nos va a informar a nosotros, como ciudadanía, de lo que está aconteciendo y quién le va a marcar al presidente los peligros para que su proyecto no zozobre”.

La insólita reacción, por el número, de periodistas, intelectuales y académicos, coincide con la negativa del amparo de la justicia federal a Alonso Ancira, inocente o responsable de delitos que le son imputados, contra los recurrentes pronunciamientos del presidente López Obrador señalándolo como culpable de supuestos delitos sobre los que aún no se ha pronunciado ningún juez.

El juez Décimo Sexto de Distrito en Materia Administrativa, Gabriel Regis López, consideró que el Ejecutivo federal cumple con una agenda diaria y que las conferencias matutinas forman parte del instrumento de difusión de las acciones del Gobierno federal además de que se transmite información a la sociedad y es un medio de comunicación con este sector.

Argumentó que: “De ahí que conceder la suspensión en los términos que se solicitan, con la finalidad de prohibir emita (el presidente) cualquier pronunciamiento, manifestación o declaración pública como Titular del Ejecutivo Federal, que es contrario al derecho de presunción de inocencia del quejoso … restringe la posibilidad de la sociedad de obtener información, expresar y publicar libremente ideas y hechos sobre temas de relevancia pública”.

Esta resolución convierte al presidente López Obrador en una especie de James Bond con permiso para matar civilmente con la lengua desde su tribuna todo poderosa, porque no es otra cosa lo que se hace desde el púlpito del Palacio Nacional mientras otro juez no declare culpable o inocente a Ancira o a cualquier otro de los muchos ciudadanos que son materia cotidiana de sus señalamientos.

El escritor “cuartotransformador”, Paco Ignacio Taibo II, ha exhortado a Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín a retirarse del combate y a buscar refugio en otro país.

Los periodistas usamos por sistema términos como “supuestoz” y “presunto” para referirnos a los acusados de cualquier delito, incluso en las fotografías a los detenidos les colocamos una cinta negra sobre los ojos para disimular su identidad en consonancia con la autoridad que se refiere a tal o cual aprehendido como “N”, pero según el juez Regis López, el presidente López Obrador sí puede calificar como le venga en gana a quien quiera porque no hacerlo restringiría “la posibilidad de la sociedad de obtener información, expresar y publicar libremente ideas y hechos sobre temas de relevancia pública”.

Si este criterio se impone en el Poder Judicial Federal, cuyo presidente, Arturo Zaldívar, exhibe la arrogancia de sentirse libre no asistiendo a los eventos presidenciales, López Obrador podrá seguir refiriéndose a prensa y periodistas en los términos que le vengan a la mente, creando el clima propicio para que en algún momento el odio llegue al río.

Alonso Ancira, dueño de AHMSA, ha sido “condenado” por el juez Gabriel Regis López a ser centro de las afirmaciones de López Obrador al advertir que éste puede decir y afirmar lo que le venga en gana.

Pero son los tiempos que nos tocó vivir y no hay por qué entrar en pánico ni rasgarnos las vestiduras. Resignémonos a que el presidente siga diciendo lo que quiera en las “mañaneras” en Palacio Nacional, en sus giras por provincia en fin de semana o en sus videos de sábado y domingo.

Eso sí, será necesario mantenerse en alerta por si no amarra a sus perros mediáticos o les cierra el hocico, que al resto de los muchos instrumentos de que dispone siempre quedará la posibilidad de enfrentarlos en tribunales, si el caso se presenta.

Por lo pronto, el ministro Cossío tiene razón. Por ninguna razón debemos dejar de cubrir las actividades presidenciales porque ahí perderíamos “todos. Ellos van a llenar, porque no van a tener un salón lleno de huecos, van a ir unos señores que a lo mejor ni periodistas son. El presidente va a tener preguntas más a modo en las ‘mañaneras’… los medios tienen que seguir cumpliendo sus formas, tienen que ir (los periodistas), que cumplir todo el rito para no abandonar la plaza y que se vea que hay ese esfuerzo y una forma de transmisión de los datos”.

Héctor Aguilar Camín y Roger Bartra, entre los intelectuales que este jueves firmaron el documento “En defensa de la libertad de expresión. Esto tiene que parar”.

Porque el gran peligro que advierte el ministro en retiro, más allá de la ridiculización o su intento de ridiculización social, chanzas, apodos y sanciones como la sufrida por Nexos, es que “los medios empiecen a autorestringirse, que entren en un proceso social muy peligroso que es la autocensura o que los órganos de protección, cualquiera que estos sean, de la libertad de expresión, entren en sintonía con estas prevenciones”.

La relatoría de todo lo anterior nada tiene que ver con una declaración de principios profesionales, ni es invitación a los colegas al martirio o a la heroicidad, sino al cumplimiento de las reglas mínimas de un oficio que nunca, ni siquiera en el periodo neoliberal, dejó de ser riesgoso para quienes decidimos ejercer nuestra libertad a expresarnos y contestar con datos duros la acción o agresión del poder, lo poseyera quien fuese.

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