El compromiso

Recomposición prometida a través de una cuarta transformación obliga a romper con el pasado

Compartir:

Auspiciada por la democracia, se detona una alternancia presidencial que se trata de entender por la preferencia de más de 30 millones de electores que manifestaron su decisión de un cambio de gobernanza, a través de un candidato que los atrajo, sedujo y los convenció de que era el indicado para iniciar esa transformación que demandan.

Una elección que rebasa los parámetros de aceptación pronosticados, definiendo un ganador absoluto, con una amplia potestad para decidir sobre el destino y rumbo del país, sin el sano equilibrio de la división de poderes, nada significativo para los electores que le depositaran su confianza.


Un voto que rompe con la tendencia de las últimas décadas de fomentar una plataforma de ponderación de poderes, para que los partidos políticos que conforman el espectro político nacional convivan dentro de una pluralidad que recoja ideas, equilibre propuestas, manifiesten sus ideologías dentro de la amplia gama de intereses del multifacético abanico de sectores que integran al país; donde todos deben opinar y la mayoría debe decidir: en un verdadero ejercicio democrático.

 

VOTACIÓN INESPERADA

La reciente jornada cívica, con su votación cuantiosa a favor del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y, por consiguiente, de Andrés Manuel López Obrador, nos acaba de dar una lección que ya había aventurado con mucha antelación en el tiempo el economista canadiense John Kenneth Galbraint, quien señalaba: “Todas las democracias contemporáneas viven bajo el temor permanente a la influencia de la ignorancia”.

Un precepto de ignorancia orientado a la erradicación del autoritarismo que se sostiene en un puño, y la transitocracia que descansa en la sordera, recomendando privilegiar el “diálogo” y el equilibrio de poderes, columnas indiscutibles de una democracia orientada a la equidad y justicia para todos.

Una teoría concebida para transitar por una democracia participativa, cuyo modelo político de conformación facilite a los ciudadanos su capacidad de asociarse, organizarse y manifestarse, de tal modo que puedan ejercer un dominio en la elección de sus gobernantes y, una influencia directa en las decisiones públicas que estos apliquen, con los equilibrios de poder que eviten el retorno de un régimen absolutista: porque tan mala como la impunidad es la intolerancia.

 

RÉGIMEN DEMOCRÁTICO

Un régimen democrático mexicano que ya no puede cohabitar en los extremos, después de sortear múltiples obstáculos en el tiempo para edificar su modelo de civilidad, donde ha transitado con sus efectos de control y hasta cierto grado de construcción, pero, con los saldos de inequidad e injusticia padecidos en las últimas décadas, producidos por la dictadura y la anarquía, la derecha y la izquierda.

Por eso nuestra historia ha sido un largo fracaso para consolidar una verdadera democracia, ya que hemos carecido de un régimen que se oxigene en la competencia y se asiente en la discreta imparcialidad de sus árbitros, donde la sociedad política no brinque de una arena a otra, permitiendo la apertura para las nuevas generaciones provistas de la innovación y un naciente nacionalismo bien constituido, y no políticos de carrera impregnados de los malos hábitos del poder cuya experiencia la encaminan hacia el empoderamiento, buscando siempre el beneficio de  su grupo político.

Actitudes y acciones que nos hacen recordar a Václav Havel que recomendaba al respecto: “Más vale inexperiencia temporal que sabotaje permanente”.

 

PERORATA

El voto abrumador que depositaron a favor de Andrés Manuel López Obrador para promover un cambio, ilusiona y lo compromete enormemente; rescatando del tiempo a Isidro Fabela con su perorata: “Más vale sorprender con una mejora inesperada que, desilusionar con promesas incumplidas”, porque el reto de cumplir lo prometido es mayúsculo.

La renovación prometida genera esperanza y confianza para empezar a abatir sin demora la inseguridad e impunidad que más lastima en este tiempo a los mexicanos, y que, no soporta más dilaciones.

Un compromiso ineludible que debe enfrentar el presidente electo, además de construir una justa repartición de la riqueza a través de una plataforma de educación de calidad, con un gobierno austero, eficiente que rinda cuentas.

 

LA EXIGENCIA

Una transformación cuya sociedad expectante y convencida que le depositó su voto, le exigirá desde el primer momento de su mandato que se erradique y castigue a los actores que producen y produjeron la corrupción, la impunidad, la ineficiencia, la inacción y la omisión de nuestros gobernantes y sociedad participante, aunque él ha vaticinado que no producirá una cacería de brujas contra el pasado.

Una justicia aplicada bajo el Estado de Derecho que evite lo que muchas veces señaló Jesús Reyes Heroles: “Los castigos no redimen, tan sólo hieren”, cuando no se aplican a tiempo, en la medida correspondiente y a los actores principales.

Porque no se puede aliviar reclamando justicia, ni sanar consiguiendo condenas, ni promoviendo amnistías difíciles de conciliar, porque acabaríamos en el camino señalado en su tiempo por el escritor español Francisco de Quevedo: “Donde no impera la justicia nace la cobardía”.

 

EL RETO

López Obrador ha hecho suya la infinidad de carencias ancestrales y presentes de un sector poblacional anclado en la pobreza, con pocas oportunidades para sumarse al progreso, que vive la tragedia diaria de una inseguridad incontrolable.

Prometiendo enmendarlas y darles cauce de solución, generando ilusión y esperanza en los afectados y en los escépticos de su régimen, que esperan de él un México más justo y equitativo en el corto tiempo.

La recomposición prometida a través de su cuarta transformación, lo obliga a romper con el pasado evitando cultivar lo que ya no es, porque el presente lo abruma y el futuro lo puede condenar.

Enfrenta la enorme tarea de hacer convivir sin oportunidad de interferencias a un pasado que siempre estará vivo, pero que debe ser suplido en el corto plazo por la construcción de un futuro en cuyo horizonte se vislumbre la esperanza perdida, transitando por un presente de resultados, eficiencia y equilibrios difícil de conciliar cuando no se gobierna para todos; teniendo que desplegar  talento y visión de Estado que se requiere para esa enorme empresa, porque: “una piedra no basta para construir un muro”.

 

EL TAMAÑO DEL PODER

La magnitud del poder del que dispondrá lo dota de los elementos necesarios y suficientes para configurar el cambio anunciado, el cual no deberá circunscribirse exclusivamente a un periodo sexenal; dejando sentir que habrá mayor sensibilidad y atención hacia los grandes problemas nacionales.

La autoridad que asume López Obrador está sustentada por dos vertientes emanadas de la legitimidad que obtuvo en las urnas y la que obtenga con su desempeño y resultados.

La primera ya la obtuvo de manera indiscutible y contundente, la segunda esperamos que la historia no la califique, sino los mexicanos en el presente y futuro próximo con el beneficio de la transformación ofrecida; definiendo su destino en lo que acertadamente señaló Camilo José Cela: “Hay dos tipos de hombres: los que hacen la historia y los que la padecen”.

 

SU ESTILO DE GOBERNAR

Queda claro que López Obrador quiere hacer historia, y se conduce para que el mexicano común sienta que éste gobierno es suyo, objetivo apreciable para un político de su experiencia que sustenta su convocatoria mayoritaria en este sector poblacional.

Lo que no debe pasar desapercibido para el próximo presidente es que, el candidato que resucitó la emoción popular con promesas de reconstrucción sin limitantes de acción, como mandatario su capacidad de maniobra será mucho menor de la que imaginaba.

En su contexto real, además de sus buenos deseos, intenciones y voluntad, deberá de contar con instituciones fuertes, un equipo de trabajo competente y comprometido en los tres niveles de poder y de gobierno, requiriendo ineludiblemente la inversión de los empresarios, la aplicación de la tecnología, los acuerdos internacionales de cooperación y una disposición inusitada de recursos financieros.

Por lo que su compromiso impregnado de su identidad política, deberá configurarse con los entornos que hacen posible la vida política, social y económica, donde tendrá que ceder, negociar y aceptar si quiere consumar el cambio ofrecido, porque no hay que dejar en el olvido lo que alguna vez manifestó Maquiavelo: “Hay que considerar que no hay nada más difícil de llevar a cabo, ni éxito más dudoso ni más peligroso de manejar que, la implementación del cambio”.

 

 

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...