Ejército y delincuencia, ¿retiros paralelos de las calles?

En los buenos deseos por pacificar el país, y vaya que en breve iniciará la tercera estrategia (revestida de Cuarta Transformación) hay cifras, datos y declaraciones que no cuadran. Se dice que en tres años ya muchos militares estarán en los cuarteles, pero…

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Nunca como en diciembre de 2016, 10 años después de recibir la orden de su entonces Comandante Supremo, Felipe Calderón (en 2006), de salir a las calles a enfrentarse a la delincuencia organizada, el Ejército dejó más clara su postura sobre una tarea para la que no están preparados, aunque con entereza y patriotismo han ido aprendiendo, a pesar del sacrificio de muchos de sus elementos y la incomprensión o crítica ligera de tantos.

“Estamos pidiendo que se regularice la actuación de las Fuerzas Armadas. ¿Qué quieren los mexicanos que hagan las Fuerzas Armadas? Si quieren que estemos en los cuarteles, adelante, yo sería el primero en levantar no una, sino las dos manos para que nos vayamos a hacer nuestras tareas constitucionales.


“Nosotros no pedimos, ya ustedes lo saben, no lo tengo que decir, no pedimos estar aquí, no nos sentimos a gusto, los que estamos con ustedes aquí no estudiamos para perseguir delincuentes.

“Nuestra idea y nuestra posición es otra, y ahora se está desnaturalizando. Estamos haciendo funciones que no nos corresponden, todo porque no hay quién las deba de hacer o no están capacitados”.

Eso fue hace poco más de año y medio, cuando ya iniciaba el revoloteo por la sucesión presidencial. Cuando uno y otro candidato, especialmente quien en julio pasado ganó la elección hablaba de un Ejército “desgastado”, de un Ejército que masacra a jóvenes “y hasta a menores de edad”.

Pero digan lo que digan, hagan lo que hagan, hablen lo que hablen, principalmente los políticos, en México la única forma de frenar en muchos estados, durante años, una incontenible presencia del crimen organizado, ha sido mediante la acción del Ejército, la Marina y hasta de la Policía Federal (que ahora tocó decir a Andrés Manuel López Obrador, la semana pasada, que está “mal preparada”).

En esta última semana, sin siquiera mencionar el “honor a quien honor merece”, Andrés Manuel y su equipo han reculado sobre la idea que tenían de las Fuerzas Armadas en el combate a la inseguridad. Pero no sólo eso, sino que han reconocido que no existe otra opción, al menos, han dicho, en los primeros tres años del próximo gobierno.

Y yo dudo de sus augurios y presagios.

El pasado viernes 24 de agosto, el Presidente Electo anunció que el Ejército continuará en las calles, al menos en el mediano y largo plazo. Eso en el deporte que más le gusta y que dice que habrá de hacerlo de gusto nacional, se llama “strike”. A estas alturas ya debe haberse “ponchado” unas dos o tres veces.

Dijo que habrá “Mando Único” (“Foul”!) y que él se encargará personalmente del asunto (¿de qué?).

Su anuncio ocurrió después de dialogar por separado y en diferentes días con el general Salvador Cienfuegos, titular de la Sedena, y el almirante Vidal Soberón, de Semar.

El sábado 25, Cienfuegos dijo algo importante, pero lo mencionaré después de apuntar lo que expresó ayer Alfonso Durazo, próximo secretario de Seguridad Pública nacional: “(Que) en el transcurso de los tres primeros años tengamos una baja sensible de la presencia de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad, un retiro paulatino, transitorio… Aspiramos con haber logrado con un retiro sensible.

“Esa es la meta que nos estamos planteando, el 2024 entregar un país en paz, en tranquilidad y obviamente ya sin la necesidad de contar con las Fuerzas Armadas en las calles”.

En el inter del anuncio de López Obrador (viernes 24) y el de Durazo este miércoles (29 de agosto), Cienfuegos dijo que es hora de que las Fuerzas Armadas estén mejor equipadas y con mayor ánimo para la tarea “desnaturalizada” que les siguen encomendando. Es hora y la ha sido desde hace muchos años.

“México requiere de Fuerzas Armadas cada vez más fuertes, más fortalecidas anímicamente, mejor equipadas, mejor adiestradas y con toda la disposición para poder seguir sirviéndole a la sociedad y a los gobiernos, en plural”.

De eso, ¿qué parte ya analizarían López Obrador y Durazo? Porque el mensaje es claro, nos van a seguir utilizando, ¿pero cuál es la parte de apoyo del Gobierno que nos corresponde para ser útiles en la Cuarta Transformación?

Sobre todo en equipamiento, en sacar del crimen a esos “menores” que, armados y muchas veces mejor, se atraviesan o los atraviesan, en los operativos.

¿Tres años? Pero si el centro de la idea de desalentar que el crimen organizado atraiga a ciudadanos pobres es lograr el pleno desarrollo del país e ir implementando la famosa “amnistía”, y para ello se requieren, mínimo, de 10 a 15 o 20 años, si bien nos va.

Después de dos estrategias, hay que reconocer, fallidas, López Obrador, está, “beisbolísticamente”, en la “antesala” de poder anotar, y creo que sabe las señales, aquellas más allá, pero tan cerquita, de la amnistía y el desarrollo (lento del país). Las mismas que aplican tantos países como el propio Estados Unidos, Italia, Rusia, China, Corea, donde las mafias existen, comercian, trafican, pero no se baten en charcos de sangre. Porque “aniquilar”, efectivamente, no es el verbo, ni de uno ni de otro lado. ¿Conciliar?

 

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@RobertoCZga

 

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