Crimen y clero, los autoinvitados al 2018

Van que vuelan para participar, sabrá Dios en qué medida, en las próximas elecciones

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Ya se apuntan.

Uno desde la clandestinidad; otro desde el presbiterio.

El primero nos vino a la mente, tan claro, después del cruce de reproches entre María Elena Morera, presidenta de “Causa en Común” (ni tanto), y el Presidente Enrique Peña Nieto durante la exposición de cifras de lo supuestamente hecho y no hecho ante la inseguridad y violencia en México, por cierto, para nada, ni en lo más mínimo, en “proporciones bélicas”.

El segundo, tras recordar el proceso electoral de 2016, cuando, casi como otra guerra cristera, la Iglesia Católica se fue encima al PRI y a la propuesta presidencial de legalizar, en todos los estados, los matrimonios igualitarios, pero sobre todo porque, esta vez, la iglesia Católica ya opinó a mes y medio de iniciar el difícil año de la elección presidencial: “No es nuestra misión sustituir las conciencias, sino iluminarlas con la luz de la fe y con las exigencias éticas que brotan de la dignidad de la persona humana”.

Así proclamó el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Robles Ortega, durante la 104 Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el “yo me apunto” para el proceso que viene.

Como hay cosas que parecen no ser de este mundo, como algunos recónditos puntos de la ética humana y de la sinvergüenza inhumana, vámonos como “Jack”, por partes.

A diferencia de otros procesos electorales, en el del 2018 veo poco viable la incidencia del crimen organizado o, al menos, poco se ha hablado de ello.

Varios puntos pueden obrar en favor de eso, aunque no signifique que el tema esté fuera de los asuntos torales en los programas de quienes finalmente sean candidatos de cada partido o alianza:

Se trata de una elección presidencial, lo cual no inhibe la presión de la delincuencia en estados y municipios, principalmente en zonas donde su influencia ha sido casi intocable por décadas, pero no toca la votación principal.

La mayoría de los grandes capos, líderes de cárteles, están detenidos o fueron abatidos, comenzando por Joaquín “El Chapo” Guzmán, y de ahí hacia abajo. Los Beltrán, los Zetas, Los Caballeros, La Familia…

Quienes han heredado liderazgos apenas se acomodan.

El combate a la corrupción, en el plano más bajo si se quiere, ha mermado la colusión de criminales con funcionarios de gobierno, al menos del rango medio hacia arriba. Muchos de los acusados han hecho sus “cochinadas” con delitos de cuello blanco. Claro, otros todavía se resisten.

Sin embargo, es un tema que estará en el 2018 gracias, en mucho, a la tozudez de los legisladores, quienes no terminan de confeccionar todo cuanto se refiere a Justicia contra la inseguridad, digamos “Mando Único” (Mando Mixto Policial), marco legal para las acciones de las Fuerzas Armadas (Ley de Seguridad Interior), la primordial presunción de inocencia del acusado, el debido proceso, los miles de presuntos delincuentes que quedarían en libertad (Sistema de Justicia Penal Acusatorio), la elección pendiente de fiscales.

El crimen organizado, pasiva o activamente, impactará en el 2018.

En el otro asunto, de cosquilleo también, el inicio de declaraciones de parte de líderes de la iglesia Católica previas a la selección definitiva de candidatos tiene un mensaje: “Aguas con sus propuestas; los estamos vigilando…”.

¡Tomen su diversidad! Si para eso está la iglesia, para “iluminar conciencias”.

“Al votar defiendan los principios y valores del Evangelio… como la familia natural, constituida por un hombre y una mujer libres”, llamaba en una carta a sus feligreses, días antes de la elección del 5 de junio del 2016, el Obispo de Aguascalientes, José María de la Torre.

Y, ¡sopas!, que Dios castiga al PRI.

Volvemos a lo de la inseguridad y el crimen organizado en vías de un proceso electoral. La propia iglesia lo enlaza.

Dura fue la acusación de Morera durante el Sexto Foro Nacional “Sumemos Causas por la Seguridad, Ciudadanos + Policías” (“esta masacre nosotros sí la consideramos de proporciones bélicas”).

Y dura la respuesta de Peña (“…A veces se escuchan más las voces que vienen de la propia sociedad civil, que condenan, que critican y que hacen bullying’ sobre el trabajo de las instituciones del Estado mexicano… No acudo a que se endulce el oído del Presidente de la República”).

Y apenas este 12 de noviembre, en Desde la Fe, órgano informativo de la Arquidiócesis Primada de México, también se refirió a éste último tema, mencionando y opinando sobre la macabra situación social ocasionada en Coahuila por la presunta sociedad entre “Zetas” y funcionarios de gobierno.

Partió de un análisis elaborado por la Escuela de Derecho de la Universidad de Texas, en Austin.

La conclusión de la Arquidiócesis es oportuna, repito, en vías de lo que viene, electoralmente hablando:

“La violencia desmedida reportada en este año es la convulsión interior de la estructura política que sabe cómo atar a la bestia del crimen. ¿O será que le conviene mantenerla furiosa?

“Lo más grave de esos reportes es dar cuenta de lo elegido: Un principio puesto por sobre todas las cosas: La corrupción como sistema. Y es que no importa el control sobre todo, con tal de pactar con el mismo Satán, aunque se traicione a la sociedad”.

Y, sí, la verdad, dos temas que van que vuelan para participar, sabrá Dios en qué medida, en las próximas elecciones, pero Satán se mete a todas partes, hasta en el confesionario.

 

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