Fácil, el nuevo partido podría llamarse ‘México’

Ese avorazamiento por el uso irregular, y hasta personal, de los recursos de la nación en administraciones pasadas, ha dado paso al avorazamiento político

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A veces me intriga el modelo de política que está intentando imponer el Presidente Andrés Manuel López Obrador; otras, me hace hurgar la muy posible viabilidad de sus planes.

Entonces divido entre resultados políticos (control masivo de la gente, sobre todo porque México es un país de jodidos) y resultados sociales (también por lo mismo, pero sin que a la gente le importe tener lo prometido). Porque podría llegar a mover el dedo de un lado a otro y simultáneamente así mover también a los ciudadanos.


De hecho, ya lo hace, como lo repitió ayer sin la presencia del gobernador Martín Orozco, de Aguascalientes, y dos días antes con el de Colima, Ignacio Peralta, frente a él: “Que levanten la mano quienes… Bájenla… Que levanten la mano quienes… Bájenla”.

Pero entonces, imagino, todo su andamio (giras con abucheo a gobernadores, “mañanera” con respuestas a medias o evasión de las mismas, ración diaria de culpas a los “neoliberales”) estaría como en una burbuja expuesta a cualquier pinchazo y reventar. Un claro revés en la economía o el fracaso ante la violencia haría estallar la aparente fortaleza.

En el otro extremo está la facilidad de maniobra con la que afianza el convencimiento de la gente (la que todo le aplaude), lo cual tiene una explicación, el real ambiente de avorazamiento casi en la propia cara de los ciudadanos con que obraron algunos en pasadas administraciones.

Ese avorazamiento por el uso irregular, y hasta personal, de los recursos de la nación, ha dado paso al avorazamiento político.

En ese sentido, ayer López Obrador dio un paso más.

El planteamiento parece extremo (pero extremo, casi al punto de incredulidad, es el poder que ostenta gracias a quienes hoy están hundidos en la segunda y tercera fuerzas políticas, distanciados de Morena por un largo margen): Si en estos momentos decidiera crear otro partido político lo lograría con éxito.

Vaya hasta de Morena podría prescindir.

Lo dijo este viernes: “Ya pedí permiso a mi partido. Y ahora que soy Presidente ya no tengo partido. Ahora mi único partido se llama el pueblo de México”.

Con ello, para empezar, él no tiene nada qué ver con los abucheos y rechiflas a los gobernadores panistas, priístas y perredistas. Que reclamen a Morena, él ya no tiene partido. Tampoco incumbencia en lo que hagan o dejen de hacer sus correligionarios en el Congreso, por ejemplo, azuzar a la banca o a las calificadoras internacionales.

Y mientras algunos sudan la gota gorda tratando de conformar partidos políticos, como el “Libre” (o como vaya a ponerle) de Margarita Zavala, el creador de Morena bien podría tener, en un chistar de dedos, una sucursal del mismo.

El nombre (“México”) no es malo, y aunque quizá no esté permitido utilizarlo, cuál sería el problema, una consulta ciudadana y la sabiduría del pueblo diría que sí, o una reforma (al estilo Taibo)… O “a ver que levanten la mano quienes… Bájenla… Aprobado”.

Claro que el Presidente no está proponiendo crear un partido, ni desprenderse de Morena. Él lo que dijo es que ya no tiene partido, que su partido es el pueblo de México.

Por ahora a López Obrador parecen funcionarle los dos aspectos (el político y social), aunque apenas cumple tres meses en el poder. Es decir, gana en el terreno político y da la idea de que ganará en el social, lo que lo irá diciendo el tiempo.

Y mientras da un paso, encamina el otro. ¿De quién creen que sería la idea, o cuando menos el aval, con el consabido “¡grandioso!”, de que en el Día Internacional de la Mujer, Olga Sánchez Cordero, Claudia Sheinbaum y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, convivieran con reclusas del Centro Femenil de Readaptación Social Tepepan?

¿O que la secretaria de Gobernación caminara brazo con brazo -emulando a “La Pasionaria” y superando a Miguel Osorio cuando en mangas de camisa recibió a jóvenes del Politécnico en un templete afuera de la Segob- con mujeres del Frente Auténtico del Campo hasta el Monumento a la Revolución?

Por más de una década “ventaneó” las temeridades de otros. Los dejó hartarse, y rezó, seguramente lo hizo, para que no cambiaran. Y no cambiaron.

Ahora, efectivamente, México es casi de él. Aunque, a decir verdad, 100 días, son apenas un arma de doble filo.

 

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@RobertoCZga

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