AMLO: De las “benditas redes sociales” a la maldita “infodemia”

El problema va a ser que después va a querer la “Segunda Transformación del Universo”, y ahí sí, ni quién investigue al que aventó el cuete

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Un cambio drástico ha sufrido la percepción del Presidente Andrés Manuel López Obrador en cuanto a las “benditas redes sociales” y el uso de la información o el derecho de opinar que, a sus “convis”, como se dice en el bajo mundo, han experimentado los mensajes en línea.

Resulta que ahora, cuando el “score” ya no está muy a su favor ante la ola de críticas a sus propuestas, ideas, mercancía de su pecho que no es bodega, se ha sacado de la manga un linchamiento a todas esas plataformas digitales como Twitter, Facebook, Youtube y Whatsapp, y empresas como Microsoft o Google.

Mismas que cuando fueron oposición, pero ahora también, por millones, siguen utilizando ellos mismos, y su ejército, como imagina el Presidente, de “robots”.

López Obrador como que ha tomado demasiado en serio su plan de no solo transformar México (que, como he dicho desde hace año y medio cambiando todo, poniéndolo de cabeza), pues ahora lo quiere hacer con el mundo.

Primero lanzó, vía Rocío Nahle, Secretaria de Energía, el reto a los árabes, y que, según ella ganó recibiendo un soberano aplauso de los príncipes del petróleo.

Después, con la encomienda al Embajador de México ante la ONU, Juan Ramón de la Fuente, sugerir al mundo que no se pasara de gandalla, y no permitir que los insumos para la Salud la acaparen los más poderosos y los vendan a los pobres a precios estratosféricos.

Ahora, el Presidente que no viaja al extranjero “porque no le gusta”, y porque “la mejor política exterior es la interior”, quiere ser candil de la calles, oscuridad de su casa (porque acá como que falta por resolver un montoncito de cosas: Economía, Salud, Pemex, crecimiento, seguridad), poniendo en entredicho a empresas que han revolucionado el aspecto de la comunicación, ciertamente en ciernes, pero con el paso más agigantado en siglos, ¡exigiendo que abran su información!, que revelan cuentas, gastos, nombres, perfiles de su clientes.

¿Sabrá el Presidente López Obrador con quién se mete?

Esas plataformas, por si no lo sabe el Mandatario federal, o Jenaro Villamil, titular de Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, que de manejo de redes sociales en favor de alguien sabe mucho, podrían ser el principio de, realmente, una transparencia obligada social y culturalmente, pero temida oficialmente, porque encuera hasta los calzoncillos a quien se lo propone.

Cuestión de aplicarse en los casos de Julian Assange que en diciembre de 2006 crea el portal de Internet WikiLeaks “para divulgar anónimamente las injusticias de regímenes represores”. Así dice la historia del australiano, ya el que guste ponerse el saco de “opresor” es su problema.

O el del estadounidense Edward Snowden, consultor tecnológico, informante, antiguo empleado de la Agencia Central de Inteligencia y de la Agencia de Seguridad Nacional.

En 2013, Snowden, a través de los periódicos The Guardian y The Washington Post, hizo pública información clasificada como alto secreto, como programas de vigilancia masiva.

Esas son ligas mayores, no la mentada “infodemia” con la que ahora el gobierno mexicano, y quienes ya se vieron rebasados, quieren castigar a los que, en uso de su derecho natural, porque nadie ha regulado nada -por eso digo que es una tecnología en ciernes-, critican el desbarajuste que es en muchos sentidos la 4T.

En el sentido más irónico del asunto, el Presidente López Obrador gusta predicar lo que menos cumple, la transparencia.

El mejor nicho de su contradicción es la conferencia matutina que cada día se convierte más en una reunión de cuates con auto-halagos y adulaciones recíprocas, y hasta con una carga de literatura melosa que ronda el vodevil.

Sería bueno que el Presidente también estableciera un “quién es quién en la transparencia”, incluyendo a su gobierno. Porque temas tan finos como las ventas caras de equipo médico al IMSS del hijo de Manuel Bartlett, la información de los contagios de miembros del Gabinete, la falta de medicamentos en hospitales (antes de la epidemia de Covid-19), las estrategias contra la inseguridad y las verdaderas cifras del terror, no tienen cabida en su propia “infodemia”.

La guerra contra las plataformas digitales y empresas de redes sociales, López Obrador ya la traía planeada, pero la inició este martes.

“No alarmarnos”, dijo, “sólo utilizar nuestro derecho de manifestación y con respeto replicar, y tenerle mucha confianza a la gente y no el preocuparse porque de repente hay una lluvia, una tormenta, de cuestionamientos en las redes, pero resulta que es artificial”.

“Es como cuando se está o antes filmando una película en un set, que empieza a llover, pero es que está lloviendo porque alguien tiene un tanque y abrió la llave, o así le hacen en la escenografía”.

Cierto, en eso tiene todita la razón el Presidente, pero, ¿a poco no le han dicho?, es el mismísimo set que utiliza para no informar -no desinformar, eh- en su “mañanera”.

“Bueno, ¿qué es lo que pasa en las redes?, son ‘bots’”, añadió.

“Ese es un tema que vamos a tratar aquí, porque vamos a pedirle transparencia a Face, al Twitter, que informen sobre quiénes son sus clientes, quiénes les compran. En otros países tienen que informar, ¿por qué en México no?, y resulta que México es de los países en donde más se trafica con lo de los ‘bots’”.

También tiene razón López Obrador, ¿por qué en México no se informa?

“Entonces”, agregó, “estamos preparando una exposición para que el pueblo de México tenga la información, porque ¿’bots’ qué es?, es un robot. Sí, pero cómo actúa, cómo funciona, cómo opera esa red, quién la maneja, cuánto pagan, cuánto cuesta, o sea, toda la información, si se paga, si es gratis, cuál es la característica que tienen los que se dedican a atacar”.

Falta ver de a cómo le va a salir su pleito con Twitter, Facebook, Whatsapp, con la ayuda de Villamil. Porque, después, como dijo Mario Delgado, “no vayan a estar llorando”.

El problema va a ser que después va a querer la “Segunda Transformación del Universo”, y ahí sí, ni quién investigue quien aventó el cuete.

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