Ackerman y el “sicariato académico”

¡Ah qué mi Solín!

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Este lunes, el Presidente Andrés Manuel López Obrador concluyó la conferencia matutina de Palacio Nacional, casi de historieta: “Serenidad y paciencia, como diría el filósofo Kalimán”.

Fue la conclusión a las preguntas de Dalila Escobar, corresponsal de ATiempo.TV, sobre qué opinaba del comentario de John Ackerman de comparar a los medios de comunicación con un “sicariato”.

Horas después del atentado contra Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, el académico de la UNAM aprovechó el grave asunto para hacer referencia a los periodistas, en el marco de su confrontación con Carlos Loret de Mola que cuestionó sus propiedades en conjunto con su esposa, Irma Eréndira Sandoval, Secretaria de la Función Pública, que no habrían sido incluidas en su reporte patrimonial.

“Los sicarios del narco son la contracara del sicariato mediático. Buscan desestabilizar a toda costa”, escribió en redes sociales Ackerman.

Hasta antes de la respuesta del Presidente, solo la Comisión Nacional de Derechos Humanos, encabezada por Rosario Piedra Ibarra, se pronunció sobre la declaración.

“Esta comisión nacional rechaza categóricamente estas expresiones del académico”. Y pidió, a quien también solicitó a Morena echar de la coordinación de los senadores del partido a Ricardo Monreal, conducirse “con civilidad y respeto”.

Por supuesto que con su pírrica llamada de atención, Piedra Ibarra corre el riesgo de ser considerada miembro del “sicariato de derechos humanos”, a pesar de que la CNDH lo designó para integrar el Comité Técnico de Evaluación que calificará a cuatro aspirantes a consejeros del Instituto Nacional Electoral.

Ante el ingenioso calificativo de Ackerman a los periodistas, lo que sí preocupa, y mucho, es la respuesta total de López Obrador, en la que no solo no tuvo una palabra de reproche a uno de los más destacados defensores de la “Cuarta Transformación”, sino todo lo contrario, pareció que le aplaudió y lo conminó a no dejar de hacerlo, aun cuando dijo que en la “polémica” (que recomendó) a todos toca.

Las preguntas concretas fueron: ¿Cómo observa la Presidencia de la República que se haga este tipo de comparaciones? ¿Esto no vulnera precisamente la labor que llevamos los medios de comunicación?

“Pues habría que ver también del otro lado”, respondió el Presidente”.

“Porque otra característica también del conservadurismo es que son muy dados a tirar la piedra y a esconder la mano, y les gusta hacer, pero no les gusta que les hagan, y cada vez que les surge algo, pegan el grito en el cielo”, complementó casi al final después de citar a uno de sus filósofos favoritos, Kalimán.

Seguro que al escuchar la respuesta de López Obrador a la periodista, Ackerman estaba excitado, enloquecido de orgullo por el líder de la “Cuarta Transformación”.

Pues casi con la misma euforia del académico, el Presidente reprochó su experiencia y la reciente de su esposa durante un viaje en avión a Cancún.

“Estoy hablando de que a mí me insultan, yo no me quejo, no voy a ir a presentar una denuncia; ya hablé de cómo acosaron a mi esposa en un viaje y tampoco vamos a presentar una denuncia.

“Están muy molestos los conservadores, y además de la hipocresía que los caracteriza de ser muy corruptos, son, en el mejor de los casos, tratándolos con amabilidad, fanáticos, podría yo decir algo más fuerte, pero entonces sí se sentirían muy ofendidos, porque en el diálogo o monólogo o los insultos de esta persona a Beatriz (Gutiérrez Müller) estaba descompuesto y ahora sí que ¿por qué el cuestionamiento a ella si es conmigo?

Son “fanáticos”, dijo el Presidente. El término es viejo y utilizado desde hace más de medio siglo en México en política, bueno incluso a nivel mundial, para referirse a quienes actúan en el extremo con ideales estrambóticos basados en apotegmas de deidad.

Por lo regular son la extrema derecha y la extrema izquierda. Pero es la ruta, el “fanatismo”, que muchos toman en pos de locuras, a veces, ni siquiera son ideológicas.

Lo que además espanta, más allá de la despreocupación del Presidente, es que si existiera un “sicariato mediático”, por qué no un “sicariato académico” y otro político.

Mal que el futuro del país esté enfocado en Kalimán. Porque, nos podría pasar, que entre tanta polarización en año y medio de gobierno distinto, ya en ese tono, tengamos que gritar ¡Y ahora!, ¿quién podrá defendernos?

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@RobertoCZga

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