Congreso cautivo del Ejecutivo

*Su dignidad está por los suelos *Esta Legislatura ha sido la vergüenza histórica de este órgano del poder cuya función es la más delicada porque su tarea es velar por los intereses del pueblo y no de las élites del poder

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Habíamos comentado en estas colaboraciones, lo ocurrido apenas hace dos semanas con la Ley de Ingresos de la Federación: Los diputados por arte de magia hicieron aparecer 46 mil millones de pesos, bajando la cotización promedio del dólar para el año 2018 y subiendo el estimado del precio del barril del petróleo de producción nacional.

Así se baja el costo de las tres cuartas partes de la gasolina que importamos para el consumo nacional y se inflan los ingresos por la exportación de crudo que extraemos.

Con este acto de magia se cerró en unas horas la sesión y se fueron de vacaciones por el puente del 2 de noviembre.

Si estas variables, como la realidad lo revelará, se modifican, será un verdadero problema nacional que, otra vez, se resolverá contratando más préstamos del exterior e hipotecando la economía y la soberanía nacional con los acreedores.

En el caso del Presupuesto de Egresos ocurrió algo semejante; los 42 diputados miembros de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública no conocieron el presupuesto que les mando Hacienda.

Se les entregó unos minutos antes de que el plenario lo aprobara por mayoría de 413 votos a favor y 49 en contra. Incluso, la propuesta fue presentada en global y sin anexos para que quedara autorizada una semana antes de que venciera el término porque todos tenían que estar atentos en sus partidos y poco importaba que el Presupuesto ocultara partidas para que el Ejecutivo disponga libremente de recursos para fines electorales y que los diputados tuvieran asignada una ‘piscacha’ para sus distritos, incluyendo la infaltable “mochada” para cada uno.

El presupuesto de 5 billones 800 mil millones de pesos quedó liberado en una sesión al vapor desde luego, con el consabido escandaloso bono de marcha para diputados y altos funcionarios del gabinete que terminan el sexenio y se llevan un tesoro.

Esta Legislatura ha sido la vergüenza histórica de este órgano del poder cuya función es la más delicada porque su tarea es velar por los intereses del pueblo y no de las élites del poder.

Su función política es la de representar a los 120 millones de mexicanos para que todas las políticas de estado se establezcan en su beneficio.

A su vez, tienen la responsabilidad de emitir leyes que garanticen la justicia y el bienestar general y, por si fuera poco, el cuidar que los ingresos públicos sean razonables con la carga de impuesto y otras contribuciones que paga el pueblo cuyo ingreso familiar está cada vez más reducido, evitando que el país contraiga deudas que van a pagar otras generaciones además de la actual.

Asimismo, el Legislativo debe cuidar escrupulosamente que todo el gasto público que ejerce el poder, se dirija al bien de todos y no de los privilegiados que ocupan altos cargos públicos.

Pues bien, estas elementales tareas las están incumpliendo los 500 diputados y 162 senadores que sin el menor recato se la pasan cobrando y haciendo grilla en sus partidos de acuerdo con sus propios intereses.

Lo peor es que esta triste realidad se ha dado desde que se inició el sexenio con el “Pacto por México”, que Peña Nieto celebró con los partidos para hacer que en los mismos órganos legislativos se aprobara la Reforma Energética, para privatizar el petróleo y, previamente, se derogaran los límites que tenían los extranjeros para poseer tierras a 100 km de la frontera terrestre y en los litorales y costas del país.

Esta será la más grande traición a México de la que tendrán que responder a sus hijos y nietos.

En el pasado no muy lejano y aun con mayoría priísta en las Cámaras Legislativas, el estudio y la aprobación de los ingresos y egresos de la Federación eran objeto de la mayor dedicación de todos los diputados y senadores.

Se entendía que con ello se estaba decidiendo el futuro económico del país y la capacidad de dar empleo productivo a los mexicanos.

Las propuestas para ambos conceptos de entradas y salidas se daban con anticipación y con sus respectivos anexos.

Durante semanas eran objeto de revisión exhaustiva de cada partido; se debatía y se modificaban con la conciencia clara de lo que se estaba haciendo.

Recuerdo todavía en la Legislatura cuando Luis Donaldo Colosio fue presidente de la Comisión de Programación y Presupuesto y a mí me correspondió la coordinación del grupo parlamentario del PAN y miembro de la Comisión, el trabajo serio y responsable para acordar con rigor y seriedad cada uno de los capítulos del gasto público, su incidencia en el desarrollo del país y el cumplimiento cabal de la justicia social.

Ahora ello se ha olvidado y se encuentra sepultado. La decadencia es manifiesta, la corrupción activa y pasiva es un hecho generalizado.

El mismo PRI ha dado un giro de 180 grados, ya no hay el menor respeto a las promesas de campaña y se pisotean los principios.

Se sabe que hoy se ganan las elecciones con dinero y publicidad para engañar. Esa misma tónica siguen ya los partidos de oposición. El respeto debido a un legislador ha quedado sepultado; ya no les importa afrentar el pueblo ni ser exhibidos como traidores, ellos van sobre el dinero y el nuevo cargo público con el que pueda premiarlos.

La dignidad del Congreso está por los suelos, la de sus integrantes, salvo honrosas excepciones, también han caído al fango.

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