Claudia Ruiz Massieu elude refundar al PRI

Se entiende que Claudia prefiera agotar lo restante de su mandato con actividades que por hoy no tendrían mayor incidencia en el futuro de su partido y eludiendo la primordial: sentar las bases de la refundación del PRI que, si no encuentra el camino, está destinado a desaparecer

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Más allá de los esfuerzos que hace en el Congreso uniéndose a las otras oposiciones para significar algo en la vida pública nacional, el PRI dio señales de vida con el anuncio de una campaña de afiliación que en realidad lo es de credencialización.

La que sea, parece destinada al fracaso, entre muchos factores por inexperiencia y desinterés de los involucrados y porque los recursos económicos ya no son lo que fueron en otros sexenios, no necesariamente en el anterior cuando a Luis Videgaray le dio por ahorcar al partido.


El PRI cree contar con 6.4 millones de militantes, cifra que podría cerrar en 10 millones ateniéndose a la votación que obtuvo para diputados en la elección de julio pasado. De estos, un porcentaje mínimo cuenta con credencial, pues una buena cantidad de dirigencias anteriores a la de Claudia Ruiz Massieu no se preocuparon por emitirlas.

El fantasma del fracaso ronda en torno a la iniciativa de la presidenta priísta no por desproporcionada ni por falta de entusiasmo suyo, sino porque el secretario de Organización, diputado Héctor Humberto Gutiérrez de la Garza, ha mostrado que le vale madre el tema, quizá porque no ve más allá de agosto o no tiene idea de la tarea titánica encomendada por Claudia.

En realidad, a Ruiz Massieu se le agota el tiempo para emprender cualquier innovación partidista que no tenga futuro porque pronto, en agosto, será reemplazada.

Tal vez su gran tarea sería convocar a una asamblea nacional que de una vez por todas emprenda la reforma necesaria que coloque al PRI en la sintonía de los nuevos tiempos, en los que sobrevive convertido en la tercera fuerza política, que pronto se quedará sin gobernadores y en el Congreso federal se ha transformado en partido bisagra por su escaso número de diputados y senadores.

Además se calcula que unos 10 millones de quienes fueron sus militantes o simpatizantes votaron por Andrés Manuel López Obrador y los candidatos a diputados y senadores de Morena.

Si Ruiz Massieu quisiera dejar huella de su paso por la dirigencia nacional del PRI, ya se habría echado sobre los hombros la carga de rediseñar los documentos básicos y estatutos, pero todo indica que prefirió dejar la responsabilidad a la nueva dirigencia.

El problema es que estando a dos meses y medio de que Enrique Peña Nieto dejó de ser el líder nacional priísta y más allá de que el ex gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, mantiene su campaña mediática para dirigir a su partido, no aparece en el horizonte quien esté dispuesto a encabezar la tarea de refundarlo.

Con el de Ulises se mencionan algunos nombres. Desde luego el del actual secretario general, Arturo Zamora, con una carrera política impresionante que no fue coronada con la gubernatura de Jalisco porque en el momento óptimo, la complicidad del gobierno foxista con medios de comunicación le fabricó una leyenda urbana que el tiempo y la ley destruyeron.

Es probable que ya no tenga disposición para seguir en puestos directivos de su partido. Por lealtad y disciplina ocupó los cargos más relevantes al lado de Manlio Fabio Beltrones, René Juárez y Claudia Ruiz Massieu, pero, al igual que a ellos, lo arrastraron las disputas en la Corte de Peña Nieto, el desdibujo partidista que se mostró en todo su esplendor en la postulación de un candidato presidencial simpatizante y el abandono actual de los cuadros más importantes enfermos de desmemoria, pues parecen haber olvidado que todo lo deben a las siglas que los llevaron a los puestos más importantes del país, pero que además fueron base de sus fortunas personales.

Zamora, que piensa que su partido no debe ser una oposición responsable, sino dispuesta a dar la pelea en las condiciones peores de su historia, sería un candidato ideal para presidir al PRI en esta circunstancia, pero probablemente ya está harto de todo y de todos.

Con Ulises y Arturo se menciona a Ismael Hernández, el ex gobernador de Durango que ahora es poseedor de las siglas de lo que fue la Confederación Nacional Campesina; Alejandro Moreno, el gobernador de Campeche que por poco gana al chiapaneco Manuel Velasco Coello en la carrera para echarse a los brazos de López Obrador, pero que antes de ser postulado por el PRI estaba dispuesto a ser candidato del PAN, y la yucateca Ivonne Ortega, una mujer echada para adelante que hace mucho quiere dirigir a su partido.

Podría ser René Juárez. El estatuto no le impide repetir en la presidencia priísta, pero ¿quién coordinaría la bancada tricolor en la Cámara de Diputados? En la misma condición está Miguel Osorio Chong, el candidato natural, pero no hay figura priista a la que pudiera heredar la coordinación en el Senado de la República.

Sólo una reforma a tiempo de los estatutos daría una segunda oportunidad a Manlio Fabio Beltrones. Ya no es Peña Nieto el líder natural y en apariencia Luis Videgaray está retirado de la política (Jesús Reyes Heroles decía que nadie se retira, es la política quien retira) y no podría causar más daño al partido enfrentándose a cuchillo limpio con Osorio Chong, pero el sonorense se ha aislado esperando quizá al 2021.

Se entiende que Claudia prefiera agotar lo restante de su mandato con actividades que por hoy no tendrían mayor incidencia en el futuro de su partido y eludiendo la primordial: sentar las bases de la refundación del PRI que, si no encuentra el camino, está destinado a desaparecer.

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