López Obrador en 3 y 2

Entiendo que el corazón de Andrés Manuel está en el béisbol, pero ya es tiempo de dejar el voluntarismo y el dogma, y pasar a lo racional.

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A mí me encanta el béisbol.

Tal vez es la influencia sinaloense, de la Liga del Pacífico y de la Serie del Caribe que inducen inevitablemente a darle seguimiento a las “Grandes Ligas”, como le dice Andrés Manuel López Obrador a la Major League Baseball (MLB) y que ahora se perfila como el deporte del sexenio, por mero gusto propio, y ahora de la Cuarta Transformación.


Me parece que el Presidente electo no encontró la base teórica estadística para fundamentar el porqué el béisbol será el deporte por excelencia.

El twitter donde anunció la buena nueva fue ilustrado con un video de una espectacular jugada de doble play -para enfatizar su pasión beisbolera- de un partido entre los Indios de Cleveland y los Medias Blancas de Chicago.

Es magnífico, increíble, espero que lo sea para la futura titular de la Conade, Ana Gabriela Guevara, porque NO ha dicho nada al respecto.

En lo personal, año tras año me suscribo al extraordinario servicio de Internet de la MLB que transmite todos los partidos, y una buena parte de narraciones en español de estaciones de radio latinas de EU.

Pero el béisbol está muy lejos de ser el deporte de masas en México, de hecho el futbol americano tiene mucho más arrastre. Así es la realidad.

Por mera circunstancia fui director editorial del periódico deportivo Ovaciones durante un período corto, menor a un año, a pesar de confesarle al presidente del Consejo que NO soy amante de los deportes, sin embargo, en su visión, era importante una posición neutra, menos apasionada y más objetiva, donde no influyera el fanatismo por un equipo, en especial de futbol, y a la vez no distorsionar la línea editorial.

Nunca escribí sobre esta experiencia, en lo personal tiendo más a lo cultural, las artes, la ciencia ¡y además soy ateo..! El fanatismo en los deportes mantiene esa asociación con el pensamiento dogmático.

Me di cuenta que los fans mantienen un ‘razonamiento’ casi teológico con sus equipos, que la fe es el elemento de simbiosis que mantiene la persistencia de los seguidores, a pesar de las terribles rachas de derrotas interminables, aún durante lustros.

El fanatismo por las selecciones nacionales en países donde destaca el soccer, dista mucho de tener algunas chispas racionales: se trata de nacionalismos, etnocentrismos y esperanzas inalcanzables en la mayoría de los casos.

Disculpas para los seguidores del Cruz Azul, pero ese dogma llega a producir lenguaje de humor involuntario en las derrotas, frases como: “la cruzazulearon” describe el persistente fracaso de último momento.

Pero ese lapso metido en aguas profundas del deporte fue suficiente para darme cuenta, mediante estudios estadísticos mandados a hacer -para mi sorpresa por primera vez en una editorial de este tipo que se presta a un rico análisis estadístico- que el béisbol está lejos de ser un deporte de masas favorito de los mexicanos.

En un Mundial de Futbol cometí la blasfemia de pedirle al poeta, ensayista y crítico literario José María Espinasa -excelente ser humano- que dirigiera la “Enciclopedia del Futbol”. Resultó todo un éxito bajo su pluma, era una faceta inexplorada de la que se deben nutrir todos los deportes.

Me di cuenta que el deporte -incluyo todas las disciplinas atléticas- no es una ligereza, lo banalizamos y convertimos en eso, por eso me disgusta la ligereza de López Obrador al condenar al béisbol a las más severas críticas por ese comentario en Twitter.

Sobre este tema hay muchos datos para el análisis: la relación evolutiva de la sociedad con los deportes, la histórica tendencia latina al box marcada por periodos brutalmente populares en los tiempos de Julio César Chávez, Rubén Olivares, Salvador Sánchez, El Ratón Macías, Mantequilla Nápoles y más, sumado a la penetración del básquetbol como deporte escolar, ideal para el fomento educativo.

En la línea de tiempo, curiosamente Ovaciones nació como un semanario taurino en enero de 1947, el ejemplar número uno está ilustrado con una magnífica figura del toro y el ‘mataor’. Eso va en extinción.

El problema es la gobernanza por ocurrencias. Entiendo que López Obrador impulsa el béisbol, de corazón, más que una decisión razonada. Escribe en Twitter: “No hay que pensarlo mucho. El programa deportivo 2018-2024 tendrá tres vertientes: actividad física y deportiva, en todos lados, para la salud y el bienestar; de alto rendimiento para ganar muchas medallas; y el béisbol, escuelas y formación de prospectos para grandes ligas”.

Cuestionable este tipo de toma de decisiones, insisto, habrá que esperar la opinión de Ana Gabriela Guevara, próxima titular de la Comisión Nacional del Deporte, y espero que NO se reserve el comentario honesto y claro. La admiro como una verdadera guerrera sobreviviente en un mundo machista, y su capacidad de adaptación intelectual del cual hablaré en otra ocasión.

Pero no le carguen la mano al béisbol por la ocurrencia de Andrés Manuel, no se me borra el recuerdo del día en que me invitaron a tirar la primera bola en el inicio de temporada en el estadio del Seguro Social. Pero ya lo invitaremos a un partido de los Venados de Mazatlán para ver en acción las señales del manager cubano Joe Álvarez.

 

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