¿Cambiará AMLO su paradigma central de gobierno?

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Una de las más importantes cualidades del liderazgo del López Obrador, reconocidas incluso por él mismo, son la constancia, consistencia y congruencia en sus postulados políticos fundamentales. En ese sentido no es un Presidente pragmático, sino un líder social congruente con sus creencias y fidelidades ideológicas, y en estos primeros meses de su gobierno ha dejado constancia de ello. Todo lo que ha hecho había dicho que lo haría, nadie puede llamarse sorprendido ni defraudado; en algunos temas matizó, pero regresó a su idea original.

Y una de sus principales ideas políticas y de desarrollo económico, e incluso de progreso social, transitaba necesariamente por el papel que tenía preconcebido para la principal empresa mexicana de hidrocarburos PEMEX. Bien dice el dicho que origen es destino, AMLO originario de un estado del sur petrolero creció bajo la cosmovisión casi idílica de la empresa como el gran benefactor social. Todo en la vida de la población local estaba impregnado o trastocado de la actividad petrolera. Crecer bajo el amparo de la empresa era no sólo lo normal sino el destino manifiesto.

Por eso, sus primeros actos como líder social y de gran impacto nacional estuvieron vinculados al petróleo y su visión específica sobre la demanda del saqueo al que siempre ha sido sometida la empresa por todos los gobiernos por él considerados como neoliberales. Y no le faltaba razón por cierto. A lo largo de su carrera política siempre ha estado presente PEMEX, ya no digamos como empresa, sino como ideario; era la personificación de la identidad nacional o de la soberanía sometida al saqueo producto de la corrupción y a la injusta tarea de repartir no ganancias sino migajas. Su ideario político se nutrió de PEMEX, no solamente como empresa petrolera sino como la abstracción de la recuperación de la dignidad económica, política y social.

En sus libros fue donde realmente configuro su plataforma de gobierno, ahí expone claramente cuál iba a ser el paradigma central de su oferta política en cuanto al crecimiento económico y desarrollo social del país: invertir recursos públicos cuantiosos en los primeros tres años de su gobierno para elevar la debilitada producción de crudo y generar con ello ingresos fiscales que a su vez fueran redistribuidos a través de los programas sociales que él determinó expresamente. Según su postulado, la empresa sería de igual manera un efecto multiplicador para la industria general del país y así convertir finalmente a PEMEX en el pilar central del desarrollo del país para los próximos 30 años.

Así de simple y complejo el corazón del paradigma para propiciar el crecimiento económico del país, donde evidentemente se tendría una menor dependencia de la iniciativa privada que tanto molesta al propio Presidente. Y muchas cosas e ideas seguramente se derivan de esta idea cuatroteiana, pero sin duda hay claridad y consistencia en la aplicación de su postulado.

A casi dos años de ejercicio de este gobierno, ¿qué ha pasado en la implementación de este propósito? En primer lugar, efectivamente se le han destinado una enorme cantidad de recursos públicos para tratar de recuperar una alicaída empresa; han minado todo alrededor de la reforma energética que impulsó la pasada administración y han destinado también cuantiosos recursos públicos para recuperar la capacidad de refinación de la empresa y abatir con ello la dependencia de gasolina en los mercados externos.

Los resultados específicos al menos en materia de exploración y producción han sido enormemente positivos, en el área de mayor rentabilidad de la empresa las cosas sin duda han mejorado.

Sin embargo, y lo más importante, es que sucedió algo que no estaba previsto en el esquema inicial: el mercado petrolero mundial por la emergencia sanitaria se cayó. Simplemente en este momento el petróleo no es negocio, porque no hay demanda y existe una sobre oferta en el mercado que ha tirado los precios y llenado los almacenes de resguardo. Ni para los privados muchos menos para los gobierno el petróleo en este momento es negocio. ¿Cuándo se estabilizará el mercado internacional? nadie lo sabe, así como tampoco nadie sabe cuánto tiempo durará la depresión económica internacional.

La pregunta central en este momento sería: ¿valdrá la pena sostenerse en la apuesta y seguir invirtiendo recursos públicos cada vez más escasos en PEMEX, a costa de debilitar las finanzas nacionales? ¿O cambiará AMLO el paradigma central de su propuesta de gobierno? Al terminar la emergencia sanitaria lo sabremos.

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