‘Bullying’ a gobernadores, Peralta, y las mujeres ganan una

Con el asunto de los refugios para mujeres maltratadas, el Presidente “abanicó” casi quebrando la cintura: “No hay modificaciones, sólo que va a haber más cuidado del Estado”

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Tal vez peque de malpensado, pero no me trago el cuento de que los abucheos y las rechiflas, bastante bien entonados, contra los gobernadores que pasan a la “báscula” frente al micrófono con el Presidente Andrés Manuel López Obrador a un lado, sean espontáneos.

El puntual acoso verbal tiene todo el sello de la casa. Pero, además, resulta inverosímil cualquier versión que intente ocultar que detrás de tan ensayados conciertos no exista la mano negra que distingue a esa parte política que durante décadas fue oposición y que si algo aprendió fue a abuchear y rechiflar, siempre bajo consigna.


Además del propio Presidente de la República, que en su “mañanera”, ya por varios días seguidos, ha dicho que no cree que sea un acto establecido bajo manual de Morena, por aquello del documento que circuló en redes sociales, y físicamente en Sonora ante la reunión de López Obrador y la gobernadora Claudia Pavlovich, tanto Yeidckol Polevnsy, dirigente nacional del partido, como la diputada federal Dolores Padierna, han dicho que su instituto político nada tiene que ver con tales reacciones.

De los tres sabemos de su adicción al “bullying”. Hace algunos años, Padierna, esposa de René Bejarano, creó fama por aplicar a un ciudadano, aquello de “¡quiere llorar, quiere llorar!”.

Polevnsky es bien recordada hasta por varios de sus compañeros de partido y simpatizantes, por su sutil discurso político, Ricardo Monreal uno de ellos, y hasta Cuauhtémoc Blanco, gobernador de Morelos.

Con la propia tersura de la respuesta de Yeidckol a la existencia del “manual del abucheo” se resuelve el acertijo: “Tienen que ser dementes, no sólo muy perversas y mezquinas, sino chiquitas, de esas personas muy elementalitos, la verdad, muy elementales. Creo que lo han hecho con toda la intención de hacernos una mala imagen”.

No sé por qué la suya se parece tanto a la respuesta del Presidente: “Se trata de ‘infantilismo’ político”.

Pero la cosa estuvo más clara que el agua en el evento en Colima donde tocó el turno a Ignacio Peralta.

El gobernador priísta fue el primero, de los 16 “bullyeados” hasta hoy, en lograr que López Obrador pusiera en escena el segundo acto de la obra. Durante el evento, el Presidente contenía la carcajada, miraba complacido al público, su público.

Peralta primero enfrentó al toro. Luego fue directo: “Esto parece protocolo”. El Presidente no aguantó, “resorteó”, apuntó con el dedo, preguntó, y todo solucionado, quedó claro quién manda en la caterva.

En el próximo evento donde esté un gobernador opositor y el Presidente quizá no haya rechifla. O tal vez el mandatario estatal en turno sufra con anticipación el síndrome del condenado a muerte antes de pasar a la guillotina.

Sea como sea, Peralta puso el cascabel al gato.

Por ahí va el asunto. Cuestión de utilizar todos los cascabeles.

Ya ven que con el asunto de los refugios para mujeres maltratadas, el Presidente “abanicó” casi quebrando la cintura: “No hay modificaciones, sólo que va a haber más cuidado del Estado”.

“Esto fue una invención, con todo respeto. Como salió lo de las Estancias Infantiles… pero que les quede claro no hay la intención de dejar a las mujeres sin protección”.

Bueno, las damas, en apariencia, ya ganaron una; y gobernadores ya faltan pocos.

Sí, sí me canso.

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