Boa devorando un ganso

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Existen momentos en el gobierno de la 4T de una enorme preocupación patológica.
Sus síntomas principales rondan en una constante obsesión por evadir la realidad y un terrible delirio de persecución, acompañado de un profundo complejo de inferioridad que lo hace un gobierno inseguro, incapaz, obtuso y paulatinamente perverso.

Incapaz de mirarse al espejo para reconocerse sus errores y por tanto para rectificar, mucho menos es capaz de reconocer la dimensión de lo que tiene a cuestas, un país que paulatinamente se desgrana. Sus obsesiones lo ciegan y su inseguridad lo disminuye. No mira, ni escucha ni reflexiona, solamente reacciona.

Creía que para gobernar un país complejo y diverso bastaba con destruir sus anclajes institucionales que soportaban un enraizado sistema de corrupción sistémica. No entendía que incluso para destruir había que tener una idea, y que para gobernar no bastaba con los afanes ni con una narrativa florida llena de frases simples; no se dio tiempo para planear estrategias, para sustituir lo derruido y, sobre todo, para generar capacidad de respuesta para el infortunio.

Hoy las grandes tormentas los espantan, y se apilan en sus fantasías de párvulos, confunden sus sueños con la realidad, y su verdad con su pos verdad; han perdido el sentido de la realidad y los anclajes de su irrealidad, ven en un documento inocuo una futura transgresión de su estatus; en un documento infantil observan una profunda estratagema de complot internacional para aniquilarlos.

Al verlos, el reír es instintivo pero luego, cuando se analiza en detalle sus posturas mañaneras, surge la preocupación, ¿a dónde iremos a parar? ¿qué será de nosotros con tamaño de capitanes en plena tormenta perfecta?

El gobierno pomposo de la 4T, bien lo saben ellos mismos, no es lo que esperaban ni siquiera lo que habían imaginado, si es que se habían dado tiempo para hacerlo; no es ni siquiera un gobierno, es un compendio de enojos, resentimientos y ocurrencias queriendo dar esperanza a un país desorientado, temeroso y bananero.

Algunos dicen que tenemos el gobierno que nos meremos, y en esta ocasión no estoy tan seguro, creo que la imaginación nos rebasó. Mucho de nosotros como país ciertamente está contenido en la cosmovisión del gobierno de López Obrador, pero también hay un enorme sector que es serio, trabajador, sensato, honesto, esperanzado y dispuesto a construir un gran país.

Frente al numeroso compendió de problemas, en los se han metido y lo que la realidad les ha endilgado, no tienen respuestas objetivas, solamente poses huecas que dicen más en lo que esconde que en lo que muestra. No quieren hablar de la crisis de seguridad, ni de la crisis económica, ni de la crisis social, mucho menos de la indomable curva del Covid-19. Prefieren hablar de complots, prefieren decir que también ellos son víctimas.

Que podemos decir, tal vez lo más sensato es que un ganso será devorado por una boa, suficiente para que algunos se pongan a temblar, pero para otros será un triste epilogo que pintaba para más.

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