Ayotzinapa, el 2 de octubre de la izquierda mexicana

El ‘boomerang’ que representa el caso Iguala para el próximo gobierno nacional. Tendrá la oportunidad de la honradez aunque duela, aunque avergüence

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Varían la fecha y la temporalidad, pero, en su esencia, los dos hechos muestran el mismo rostro: Ante el hambre de poder (político y económico) no existen ideologías y el paternalismo utópico se quebranta. El 2 de Octubre de 1968 y el 26 de septiembre de 2014 se parecen tanto, aunque tienen sus variantes bastante bien definidas.

Los sucesos que cumplirán 50 años fueron responsabilidad de un gobierno federal, encabezado por el PRI, que decidió tirotear estudiantes para frenar una revuelta universitaria.


Los sucesos que ahora cumplen cuatro años fueron responsabilidad de un gobierno municipal, con la omisión del estatal, ambos encabezados por el PRD, arropados por el resto de partidos de Izquierda, para frenar la intromisión estudiantil en un plan de sucesión gubernamental.

Una variante extremadamente peculiar es que en Iguala participó un elemento que en el 68 todavía no se adueñaba (impensable) de las “buenas conciencias vanguardistas”: El crimen organizado.

Si alguien busca otra verdad encontrará una mentira.

A partir del 1 de diciembre, la oportunidad de que la Izquierda mexicana tome en sus manos el caso Ayotzinapa es, a la vez, la oportunidad de la honradez aunque duela, aunque avergüence, para que nunca más, ni por una causa ni por otra, ni por un lado ni por otro, vuelvan a ocurrir hechos como los de Iguala, como los de Tlatelolco.

Andrés Manuel López Obrador anunció que Alejandro Encinas encabezará, en su gobierno, una nueva comisión para, dicen, aclarar lo que ocurrió aquella madrugada. Una Comisión de la Verdad.

Encinas será el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, que encabezará Olga Sánchez Cordero.

No sabemos si, con lo que sabemos, valgan las redundancias, se requiera más verdad que la verdad supuestamente dicha.

Si en este país alguien conoce la verdad tan buscada y negada a los familiares de los normalistas son los líderes, gobernantes, candidatos y precandidatos de la Izquierda mexicana que poco antes pululaban Guerrero como moscas alborotadas. De ello hay fotos, videos, propaganda, declaraciones.

Los actores principales, los que, de acuerdo a grabaciones, dieron la orden de “parar a como diera lugar” a los muchachos que se dirigían a Iguala a “botear” (recaudar fondos) eran los que en ese momento gobernaban Iguala bajo las siglas del PRD, José Luis Abarca, con la colaboración cercanísima de su esposa, María de los Ángeles Pineda Villa.

Como el municipio de Iguala, recalco, al estado de Guerrero también lo gobernaba el perredismo. Desde tres años antes de los trágicos sucesos, vuelvo a recalcar, la entidad era un hervidero de entusiasmo por parte de la Izquierda, por su avance como fuerza política.

El entonces gobernador Ángel Heladio Aguirre Rivero, ex priísta reclutado por el PRD después de que el PRI no lo consideró como su candidato a la gubernatura para la elección del 30 de enero de 2011 (pues se inclinó por Manuel Añorve), llegó a mantener una relación “demasiado” cercana con la pareja Abarca.

Se sabe que Iguala era territorio de punto de partida para extender el dominio político de la Izquierda por todo el estado. Se habla de que Abarca llegó a la Presidencia Municipal porque así lo decidió el dedito de “ya saben quién”, entonces ya mangoneando al PRD y encaminando a Morena. Óscar Díaz Bello, rival de Abarca, había ganado, previamente, una encuesta y tenía sus seguidores. El poder iba por otro lado.

Y no es ninguna revelación, esto se sabe; Andrés Manuel López Obrador tenía en 2011 su gallo para la gubernatura, cuya candidatura les quitó Aguirre Rivero, en quien confiaron su triunfo (porque para que la cuña apriete debe ser del mismo palo -priísta-), Lázaro Mazón Alonso, quien, a la vez, también impulsaba a Abarca.

Mazón Alonso, como precandidato perredista-morenista, inició su campaña, casualmente, en Cocula e Iguala.

Vaya, hacia atrás de aquel 26 de septiembre hay mucha historia que incrimina, que señala… pero que se esconde.

La información que circuló después de la desaparición de los normalistas envolvió a todo el círculo nacional de la Izquierda que se había concentrado, precisamente, en Guerrero para mantenerse como gobierno. En el 2011 había terminado la gestión perredista de Zeferino Torreblanca.

Armando Ríos Piter fue otro perredista que aspiraba, junto a Mazón y Aguirre, a la candidatura de la izquierda (la alianza la completaban el PT y Convergencia, hoy Movimiento Ciudadano, y Morena, que aún no era partido, pero ya un movimiento en desarrollo).

Los hechos de aquella tenebrosa madrugada acaecida en las venas de la Izquierda mexicana, en clara colusión con el crimen organizado (en Iguala “Guerreros Unidos”), además de los 43 normalistas desaparecidos, dejaron seis muertos.

Por enésima ocasión utilizo las palabras de Roger Bartra en su contexto exacto de lo que fue Ayotzinapa, publicadas en “El País”, un año después de los hechos:

“Lo que hubo hace un año (hace ya cuatro) fue una trágica confrontación entre el activismo de extrema izquierda de los estudiantes y la extrema putrefacción de las autoridades de Iguala. Yo creo que el resultado de eso es que los estudiantes fueron asesinados. Es una realidad que tarde o temprano hay que aceptar. Fue un asesinato de narcotraficantes apoyados por policías municipales, y eso es lo que los grupos de extrema izquierda no quieren aceptar por razones políticas”.

La bancada de Morena, que domina el Congreso, realizó, en la Cámara de Diputados, una increíble farsa dándose golpes de pecho haciendo pase de lista de los 43 normalistas.

Lo idóneo, histórico y honorable habría sido pedir perdón y reconocer lo que, ahora, para la Izquierda mexicana es su 2 de octubre.

¿Qué hará Encinas para saber más detalles de esa masacre?

Frente a él tiene a muchos, quizá a todos, que pueden desenredar la trama en días.

Por cierto, hay algo que lamentan y que hace que no cuadren sus excusas, que el Ejército Mexicano haya optado, aquel día, por no involucrarse en la “áspera fiesta” que armaron los Abarca, su “gente”. Su mejor coartada no existe.

Quizá el acto más honorable de aquellas fechas fue la renuncia de Carlos Navarrete a la dirigencia nacional del PRD.

El Gobierno federal, a través de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, reconoció por vez primera, 50 años después, que los sucesos del 2 de Octubre de 1968 fueron “crimen de Estado”.

¿Cuánto tardará un gobierno de Izquierda reconocer su participación en el atroz 26 de septiembre de 2014?

Por lo pronto, los familiares de los 43 normalistas desaparecidos hace cuatro años tienen a su lado, cerquita de ellos, a quienes pueden contarles más, mucho más, que nadie.

 

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@RobertoCZga

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