Aprehender a “El Marro” no es motivo de vergüenza

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Es mera suposición, pero tiene cierto soporte en una pregunta: ¿por qué el gobierno del presidente López Obrador no festejó como debió la aprehensión del “El Marro”, el capo huachicolero a quien se atribuyen tantas muertes que podría ser equiparado al coronavirus; al menos 10 mil.

De pronto pareciera que avergüenza al gobierno, o no le interesa, la recuperación de la tranquilidad, algo muy valioso para la sociedad, no solo la guanajuatense, sino de todo El Bajío que durante años vivió una violencia no equiparable con lo que ocurre en otras regiones del país.

Se entendería si tuviera que ver con que la aprehensión de un jefe mafioso como José Antonio Yépez hizo trizas la política oficial de no combatir al crimen organizado, sino a las causas de la violencia, es decir, la pobreza de jóvenes y gente del campo.
Aún si fuera así, resulta extraño que López Obrador no diera mayor importancia en la conferencia mañanera a la paralización de la violencia de El Marro ni su vocero Jesús Ramírez Cuevas sembrara la pregunta apropiada, por ejemplo, a través de Lord Molécula Oficial, para dar pie al sermón presidencial obligado de la montaña obligado, con base en un episodio de estos que, necesariamente, son para presumir, aún para quienes pretenden combatir la violencia con buenaventuras y abrazos.

Más allá de la estrategia mediática presidencial en materia de crimen organizado, es de reconocer a las Fuerzas Armadas, que no a la Guardia Nacional, nulificar a semejante criminal.

Lo mismo haríamos con la policía ministerial de Guanajuato, pero apenas se conoció la aprehensión de “El Marro” circularon todo tipo de versiones sobre el fiscal guanajuatense, Carlos Zamarripa, y al secretario de Seguridad Pública, Alvar Cabeza de Vaca; nada que suponga complicidad de Sinhue Rodríguez con “El Marro”, pero … vaya usted a saber.

Tal vez solo se trate de la grilla a la que estamos habituados, pero todo da pie a la suspicacia, desde la supuesta intención oficial estatal de robarle la gloria a las Fuerzas federales colocando en riesgo el debido proceso con la proliferación de fotografías y videos exhibiendo el interrogatorio al criminal sin la presencia de autoridad competente, como la ausencia de entusiasmo del gobierno federal al capturar al enemigo número uno de los habitantes de El Bajío.

Pareciera incluso que el apresuramiento del gobernador de Guanajuato en anunciar la captura de Yépez molestó al gobierno federal, no porque robara la gloria al Ejército mexicano, que es toda suya, sino porque hizo añicos la política de la 4T aun y cuando en la aprehensión de Yépez no se cruzaran abrazos, pero si balazos.

Todo extraño, pero el general Cresencio Sandoval tiene todo el derecho para ufanarse de un triunfo indiscutible sobre el crimen organizado, más allá que la doctrina de la 4T esté en contra de este tipo de acciones necesarias para que la población recupere la tranquilidad.

Ahora siguen “El Mencho” y, desde luego, Ovidio, el hijo de “El Chapo”, sin importar si cumple años o no o si su abuelita se cruza en el camino de la inminente gira presidencial.

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