Ante estrategia relajada, la delincuencia se descara

Mientras Sheinbaum y Mancera se agarran del chongo por cifras, la Ciudad de México está bajo ataque: Ola de asaltos en transporte público, robos a diario si usted camina por una acera, si sale de un banco, si conduce su auto, si desayuna, come o cena, en algún restaurante; presencia de cárteles, feminicidios, linchamientos…

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Mientras en la capital mexicana se echan la bolita sobre quién dice la verdad y quién miente en cuestión de cifras de delincuencia, ésta hace de la suyas.

La aparición el martes de la procuradora capitalina, Ernestina Godoy, para revelar que detectaron que en la anterior administración, la de Miguel Ángel Mancera, en lugar de reportar un promedio de 170 delitos diarios, sólo se mencionó 84.7, da más la idea de golpe político.


Este es un mal momento para la autoridad capitalina hablar de cifras sobre la delincuencia, organizada o no. La Ciudad de México está bajo ataque. El crimen pega por todas partes.

Ser rehén de los delincuentes, en todas sus facetas, es poco decir.

Es increíble e inaceptable que la autoridad sólo se dedique a mirar, o quizá ni a eso, los casos diarios de asalto en transporte, pero ahora hasta grabados en cámaras colocadas en los microbuses, buses y Metrobús. Los hechos ocurren tanto en la capital como en su zona conurbada con el Estado de México.

O las decenas de desvergonzados asaltos en la vía pública si usted camina por una acera, si sale de un banco, si conduce su auto, si desayuna, come o cena, en algún restaurante. Hay una ola creciente de ataques a mujeres, de linchamientos, muchos de ellos ante acusaciones falsas.

La ciudad está regresando con más riesgo a tiempos de antes de la “limpia” que con éxito logró Andrés Manuel López Obrador cuando fue jefe de Gobierno, y el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, le echó una manita, claro, mediante el módico pago de poco más de 4 millones de dólares.

Y hablamos de aquellos tiempos, década y media, cuando por la capital mexicana ni siquiera asomaban señales de los cárteles de Tepito (la Unión y la Anti-Unión), Tláhuac o Jalisco Nueva Generación, entre otros.

En las últimas semanas se ha notado con cierta frecuencia y en zonas específicas de la ciudad rondines policiacos y del Ejército, incluyendo retenes, lo cual puede darse ante dos cosas, una, las recientes investigaciones sobre el robo de “huachicol”, por las que en alcaldías como Azcapotzalco y Gustavo A. Madero se descubrieron jugosas tomas clandestinas.

O, dos, ante una especie de disuasión a cometer delitos ante la presencia de la ley.

Esto último podría estar en concordancia con el plan que parece estar implementando el gobierno federal a nivel nacional, bajo la estrategia de no detener a nadie porque (“oficialmente la guerra terminó”) y el objetivo ya no es detener a alguien, sino resolver la violencia y la inseguridad en paz.

En ese sentido la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, puede estar siguiendo al Presidente López Obrador.

Creo que antes de reclamar el supuesto maquillaje a las cifras del anterior régimen se debieran revisar las actuales.

No creo que exista administración que en tiempos de alta incidencia criminal, organizada o no, no diera brochazos de tinta a sus informes.

Jugar con la seguridad de los ciudadanos es pe-li-gro-sí-si-mo, brutal.

Lo otro es política.

 

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@RobertoCZga

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