Amuletos, chamanes y limpias, el ‘ejército’ mental presidencial

Titular del Ejecutivo federal es sincero al compartir sus creencias personales para, mental y espiritualmente, sentirse seguro, sobre todo en su condición y ante una atmósfera de inseguridad que él combate a su manera

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En contraste con lo que muchos opinan, para el Presidente Andrés Manuel López Obrador, la política “es virtud y fortuna, y la fortuna es suerte”.
La leyenda urbana afirma que el ex Presidente Adolfo Ruiz Cortines acuñó la frase de que “la política consiste en el arte de saber tragar sapos (algunos le añaden culebras) sin hacerle ascos”. Pero no faltó quien agregara un poquito de asquerosidad: “El arte de comer mierda sin hacer gestos”.
Pienso que cada Presidente de la República, o político reconocido, podrá tener su propia definición, y no sólo en México, porque si tan sólo revisamos lo que los miembros de al menos los cuatro partidos más importantes (PRI, PAN, PRD y Morena) han tenido que sortear, del 2000 a la fecha, para poner de referencia la Alternancia, la política ha sido una cosa muy cabrona y, quizá, hasta diabólica.
Vaya, ni para qué remitirnos a 1994 (la fecha fatídica de Luis Donaldo Colosio y otros), o mucho más atrás, hacia la época posrevolucionaria, cuando, en varias ocasiones, la vieja “alternancia” se daba, obligatoriamente, tras el funeral del antecesor.
López Obrador dio su definición de política este viernes, antes de partir a una gira de trabajo, de fin de semana, a las míticas tierras del narcotráfico, Sinaloa y Durango, que pertenecen al famoso “Triángulo Dorado”. Hizo presencia en el municipio de Badiraguato, la mismísima cuna de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, hoy preso en Estados Unidos, casi condenado a cadena perpetua.
Su respuesta se dio cuando se le preguntó si no sentía miedo de ir a Badiraguato con más protección que la de su Ayudantía.
Antes mostró dos Sagrados Corazones de Jesús, un trébol de cuatro hojas y dos billetes, uno de dos dólares y otro de cinco pesos, con su imagen.
Bueno, durante su traslado a Sinaloa se supo que cercana a donde haría presencia, el Ejército vigilaba la zona con vehículos artillados. Difundieron fotos.
López Obrador es sincero al compartir sus creencias personales para, mental y espiritualmente, sentirse seguro, sobre todo en su condición de Presidente de la República y ante una atmósfera de inseguridad que él combate a su manera.
Este sábado reveló que el lugar que ocupa en Palacio Nacional fue sometido a una “limpia”.
“Junto a mi escritorio y a esa emblemática silla presidencial, decía (Emiliano) Zapata que estaba embrujada, y yo le tuve que mandar a hacer una ‘limpia’ de manera precavida. En mi oficina, en Palacio Nacional, el único retrato que tengo es el del primer Presidente de México, Guadalupe Victoria”, dijo.
Cuando de seguridad se trata nada es exagerado y hasta confiar en nuestras creencias ayuda, al menos a la confianza personal, aunque en el caso del Presidente no está mal que, así no lo revelen, de lejitos, personal capacitado (Ejército, Marina o Policía Federal) lo cuide.
Recordemos que cuando asumió su cargo, el 1 de diciembre pasado, su segundo acto fue en el Zócalo, en donde chamanes, médicos tradicionales, curanderos y sacerdotes le realizaron un ritual de purificación para “consagrarlo”, y hasta un bastón de mando recibió de los pueblos indígenas.
López Obrador no es el único.
Quién no sabe que Francisco I. Madero fue seguidor del espiritismo. Los relatos sobre sus prácticas aseguran que “usaba la ouija y (que) tenía visiones desde niño”.
En su época, afirman, los periódicos llegaron a calificarlo como un “loco que se comunica con los muertos” y que hasta llegó a ejercer su facultad, revelada en París, de “médium escribiente”.
En nuestro pasado cercano, el gnosticismo, esoterismo o la atracción a lo divino o espiritual no es algo desterrado.
Mucho se ha dicho sobre las prácticas que Marta Sahagún realizó a su esposo, el ex Presidente Vicente Fox, en Los Pinos, antes de que éste fuera zona de recreación del “pueblo sabio”.
En busca de poder o del amor de su pareja, Sahagún, dicen, preparaba pócimas para que su marido las consumiera. Los contenidos de éstas son inenarrables, pero muy parecidas a aquellas recomendadas por la famosa y simpática “Hermelinda Linda”, de las exitosas publicaciones de hace cinco décadas.
Una práctica de Sahagún, reveló Gil Olmos, autor del libro “Los brujos del poder”, era poner sobre fotos de sus enemigos “una tarántula viva, la cual era ensartada a la imagen y quemada junto con ésta”.
En la entereza de muchos políticos, entre ellos los Presidentes (que, dice también Gil, han practicado de todo en todos los sexenios) es cierto que mucho tiene que ver la virtud, la fortuna y la suerte. También las propias creencias y hasta cualquier ración de polvos mágicos.
Graznar no sé, la verdad, si ayude.


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