AMLO no quiere un gobierno paralelo

No gusta de la existencia de los organismos autónomos, que acotan su poder presidencial

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No es secreto que Andrés Manuel López Obrador no gusta de la existencia de los organismos autónomos, que acotan su poder presidencial. Los considera un “gobierno paralelo” inadmisible en la Cuarta Transformación, en la que es el único que manda.
En esto reside el secreto de que contra la inercia de todo tipo de presiones, no sólo de la llamada sociedad civil, sino de todo tipo de grupúsculos de izquierda, ejercidas sobre el Presidente Peña Nieto para la construcción de una Fiscalía General de la República totalmente autónoma del poder presidencial, el líder de la Cuarta Transformación las mandara a paseo y promoviera que el ente sustituto de la PGR, si no es carnal, sea lo menos parecido a un poder paralelo que tenga al Ejecutivo Federal en sus manos.
La opinión del Presidente López Obrador sobre los organismos autónomos, cuya mayoría nacieron, crecieron y se fortalecieron durante el liderazgo de Manlio Fabio Beltrones en ambas cámaras de Congreso en los sexenios panistas, precisamente, para acotar el poder del jefe del Ejecutivo Federal, es lo que está más allá de pésima.
En la mañanera le preguntaron a AMLO si acudiría al Congreso para impulsar una reforma que los desparezca y su reacción fue de antología:
“¡No, no, no! Son muy leguleyos, con todo respeto, los impulsores del gobierno paralelo de esta constelación de órganos autónomos que crearon en el periodo neoliberal para favorecer a las minorías y para simular”.
Puso un ejemplo concreto: “Ya lo vimos en el caso del Instituto de Transparencia; mil millones de pesos cuesta y sus decisiones tienen que ver con mantener en secreto asuntos de interés político de minorías en favor de minorías”.
Lo peor, explicó, es que así están todos los organismos autónomos. De lo que se trata “es que ya no puedan hacer negocios; (basta) con tenerlos vigilados, porque son muy corruptos, para que no den contratos, permisos, concesiones, a quienes construyen gasoductos, a quienes van a perforar pozos, a quienes ponen plantas para generar energía eléctrica; nada más con eso… o estar pendientes para que no den subsidios, que no haya monopolios, que no protejan a monopolios, porque les dieron tantas facultades que están por encima del Poder Legislativo en algunos casos y es inapelable lo que deciden…”.
Dijo que no promoverá reformas constitucionales para desaparecerlos porque, por fortuna, ya hay muchas vacantes y muchos de los comisionados ya se van, y él tiene con quién sustituirlos.
Habló, concretamente, de la Comisión Reguladora de Energía, autónoma, “entre comillas”: “Ahora enviamos 12 técnicos para 4 ternas. Y sí, uno de ellos, dos, estuvieron en estos días trabajando, o los dos, trabajando con nosotros; los dos con muchísima capacidad”.
“Una ingeniera petrolera, o sea, como profesión, y el otro ingeniero, creo que químico, que trabajó en Pemex durante mucho tiempo…”.
El problema es que alguien de su equipo, quizás la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, que comparte su opinión sobre los órganos reguladores, no le informa, puntualmente, lo que ocurre para evitarle hacer el ridículo ante los medios, y quizás por ello algunas de las propuestas del Presidente para sustituir a los comisionados autónomos “muy corruptos” han provocado la carcajada nacional.
La senadora Xóchitl Gálvez interrogó a un recomendado por López Obrador para la Comisión Reguladora de Energía. La legisladora preguntó que es la CEL y, haciéndose el chistoso, Jorge Amaya mostró su teléfono móvil, y hablando, entre risas, de que estaban entre honestos contestó que la CEL es un celular. Xóchitl le aclaró que, en realidad, es un “Certificado de Energía Limpia”. El aspirante a comisionado ocultó la vergüenza con una risotada y un “ah, ok, ok”.
Otra propuesta de AMLO para la CRE es la de un ex ayudante suyo de logística en sus giras. Ángel Carrizales, ingeniero egresado del Instituto Tecnológico de Ciudad Madero que laboró en Pemex como ingeniero Especialista Técnico “C” en la Unidad de Seguridad Industrial y Protección Ambiental de la Refinería Francisco I. Madero, ingeniero Especialista Técnico “8” en la Superintendencia General de Operación y Ayudante de Trabajos de Inspección y Seguridad, e ingeniero Especialista Técnico “D” en Almacenamiento y Medición de Fluidos en Pemex Exploración y Producción en Ciudad Carmen, Campeche, pero también fue responsable de la nómina en Morena, desempeñándose “con el reto de que no era un contador o no me dedicaba a nada financiero y, sin embargo, desempeñé mi cargo, durante tres años, limpio y regular, siempre”.
Eso sí, no tiene idea de lo que es el Centro Nacional de Control de Energía.
En el Conacyt se llevan las palmas.
Edith Arrieta Meza, que ya trabajaba como subdirectora de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados, en realidad es diseñadora de modas por la Universidad Jannette Klein.
Y David Alexis Ledesma, que fungía como subdirector de la Coordinación de Comunicación del Conacyt con salario de 44 mil pesos mensuales, poco menos de la mitad del Presidente de la República, hizo estudios de química y cursa el tercer semestre en Comunicación, pero además redactaba discursos para Dolores Padierna y gusta subir sus fotografías eróticas a las redes sociales para solaz de sus admiradoras.
Ambos fueron cesados.
Más allá de que López Obrador tenga razón sobre la corrupción de los comisionados leguleyos en los organismos reguladores, estas 4 perlas (2 de sus propuestas para la CRE y los dos ex empleados de Conacyt) demuestran que, a pesar de la vastedad de su ejército, escasean quienes puedan ayudarlo en la tarea de gobernar cobrando la mitad de los salarios de la época neoliberal, como es posible advertirlo en el gabinete.
Tal vez por eso lo rodean puros priístas que hicieron fortuna en el neoliberalismo.


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