AMLO avienta la ‘bancarrota’ para tapar ‘strike’ por Robles

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Hay definiciones bastante finas sobre política, como, por ejemplo, ejercer el poder público, forjar el diálogo entre ciudadanos y gobierno; otras, irreverentes, señalan que es el arte de aprender a oler excremento y no hacer gestos.

Para muchos en función de ejercerla es, simplemente, encontrar la forma de hacer retorcer las tripas del contrincante. Porque, además, la política es un principio del que no se sustrae la obtención de poder. Implica astucia, conocimiento, pero también artimañas.


En el fin de semana pasado, y el inicio de ésta, fuimos testigos de dos ejemplos muy claros del malabareo público de asuntos que el propio peso mediático los posiciona, los reacomoda o los suple, dependiendo de la sagacidad de quien emite el mensaje, coincidentemente, los dos manufacturados por el Presidente Electo: La defensa de Rosario Robles y el posicionamiento de la economía mexicana.

El “sospechosismo” brinca. ¿El segundo desplegó una cortina (apresurada) sobre el primero?
Andrés Manuel López Obrador, sabemos, es asiduo operador de la política “intestinal”. Habla pausado; no mide alcances de sus declaraciones; punza, pega y calla.

Su estrategia es opuesta y hasta menos ruidosa que la de algunos de sus seguidores, digamos Gerardo Fernández Noroña, Ricardo Monreal, Mario Delgado o Yeidckol Polevnsky. Algunos con mayor oficio que otros hablan hasta por los codos. Claro, también tiran al hígado, pero tienen la virtud de ser sumamente pacientes. Nada más imagine aguantar vara durante tres décadas hasta, ahora sí, sudar poder hasta por los dedos.

El sábado, López Obrador regaló a los mexicanos una joya de sabiduría política y pertinencia esperanzadora de lo que será la Cuarta Transformación en cuestión de certeza jurídica.

Como la prudencia lo dicta, no podemos calificar de culpable a la titular de la Sedatu y ex titular de la Sedesol sin juicio previo.

El Presidente Electo, sin embargo, adelantó “fallos”. La funcionaria federal “es un chivo expiatorio” y el caso un circo montado por los meros-meros de la “mafia del poder” y medios de comunicación. Los últimos reportajes los ha publicado el periódico Reforma.

Y, para todo fin práctico, mientras, como dice él, no dé su veredicto el Poder Judicial, Robles se quitó una losa de la espalda.

Pero la declaración fue tan contundente, mediáticamente hablando, que dejó pasmado a más de uno. Incluso, de su propio equipo de cercanos y colaboradores surgieron posturas de incredulidad. ¿Cómo retractarse así nomás porque sí a la andanada de recriminaciones, de días antes, de parte de Ricardo Monreal o Mario Delgado contra Robles? ¿Cómo se les había ocurrido linchar a un “chivo expiatorio”?

Ayer, lunes, el país debería despertarse no con la idea de que el próximo Presidente de México, que aunque ha repetido una y mil veces que no va contra nadie, pero que acabará con la corrupción, defiende a alguien implicado en el desvío de cientos de millones de pesos.

Haciendo gala de tener buenos consejeros agarró la propuesta en el aire: “México está en bancarrota”. Y con ello tumba dos pájaros de un solo tiro. Lanza la primera justificación ante la posibilidad de no cumplir con las promesas de campaña y entierra el “lapsus brutus” de una “a priori” defensa de Robles.

Pero, en la esencia, una como otra resulta grave.

¿Qué será menos, o más contraproducente, una defensa no pedida o una afirmación no verificada?

Sin dar ni una sola vuelta al asunto, y de esto hablaron ayer empresarios, la Secretaría de Hacienda (que reenvió a las redacciones una declaración, del viernes, del Secretario de Hacienda, José Antonio González Anaya), legisladores del PAN, PRI y PRD, y hasta agrupaciones civiles, existe un consenso, incluyendo a varios millones de los que dieron el voto a López Obrador: México no está en bancarrota.

Sin nos atenemos a lo dicho, y repetido hasta el cansancio, por el Presidente Enrique Peña Nieto sobre las cifras de creación de empleo, inversión extranjera directa, infraestructura, inflación, altísimas exportaciones del sector agroalimentario, crecimiento del sector Turismo, que supera en ingresos, ya, hasta al petrolero, y más, entonces, hemos sido engañados.

Pero, más aún, alguien, entonces, ha engañado al Presidente en funciones porque sus informes se basan, a la vez, en documentos del IMSS, INEGI, Coneval, Banco de México.

El sábado, Andrés Manuel puso a sudar frío hasta a los suyos. El domingo “quebró” a México. Lo bueno es que tira las piedras y no esconde las manos, pues ni cómo. Ayer hasta quiso echarse unos “flycitos” con el gordo Valenzuela.

El plazo perentorio y razonable para cumplir promesas de campaña podría ser de tres años; después, la excusa no funcionará ni echándole la culpa al diablo.

Ayer, Juan Pablo Castañón, líder del CCE, señaló que “habría que escuchar y analizar un poco más a qué se refiere el Presidente Electo sobre lo que es un país en bancarrota”.

¿Cuándo ha explicado Andrés Manuel cualquiera de sus declaraciones?

No se refiere a nada; su plan es simple: Retorcer las tripas de sus contrincantes.

 

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@RobertoCZga

 

 

 

 

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