AMLO aplaca a Monreal

El líder de Morena en el Senado sí tiene ‘jefe’; el zacatecano se brinca las trancas, despedaza las acciones de la Banca y tumba la Bolsa; López Obrador sale al rescate 

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El viernes pasado, Andrés Manuel López Obrador, tan entusiasta del beisbol, se anotó un “double play” forzado por la indisciplina de uno de sus más allegados colaboradores: Aplacó a Ricardo Monreal y aplacó el desplome de las acciones de la Banca y la Bolsa.

Cuando el líder de la bancada de Morena en el Senado neceó, la semana pasada, sobre continuar su lúgubre juego de madrear a los bancos vía el anuncio, persistente, de una iniciativa para reducir las comisiones que cobran, seguramente no recordó las palabras recién pronunciadas por el Presidente Electo sobre su potestad en lo que se refiere a la “Cuarta Transformación” y a que en estos tiempos políticos del país sólo sus chicharrones truenan: “Me canso, ganso”.


Es decir, ostentar un cierto poder, como es el de ser líder de la bancada del partido que lo mantiene vivo, no significa brincarse la barda ni, mucho menos, irse por “la libre”.

¿Que no te metías al redil?, habría pensado su “jefe”, y el viernes dio el manotazo, “me canso, ganso”.

Monreal, aunque no lo admita, pero lo sabe desde hace tiempo, tiene “jefe”.

Es una obligatoriedad en la política que asume el partido que está en el gobierno por más que se hable de la independencia de poderes.

Puede alegar, incluso, que el Poder en el que se mueve y que ahora disfruta a plenitud, porque nunca antes la Izquierda lo había obtenido, es independiente y, además, en funciones.

Vaya, insinuarle a quien lo puso en el sitio que hoy ocupa que él todavía no es gobierno y que, como Jefe del Ejecutivo, no tiene, sino hasta dentro de tres semanas, ninguna facultad para frenar sus iniciativas (por cierto, a título personal) denota un nivel elevado de soberbia, más cuando a la vista estaba el desolador panorama económico que su osadía produjo.

 

DE ‘SHORTSTOP’

Como si no le faltaran actividades por realizar, acumuladas ya en su proclive tendencia a chambear desde que Dios amanece, Andrés Manuel López Obrador debió hacer, también el viernes pasado, la labor de “bombero”, apagando el incendio que amenazaba con chamuscarlo antes de tomar posesión.

Ante las amenazantes declaraciones de Ricardo Monreal contra la actividad bancaria, lanzada al vuelo, sin ninguna sutileza ni consulta, y que provocó la caída en un 5.8 por ciento de los mercados financieros, el Presidente Electo debió matizar que, al menos durante la primera mitad de la próxima administración, el marco legal de las instituciones financieras no se modificará.

López Obrador dijo que respetaba las iniciativas que presentan los legisladores porque son nuevos tiempos y él no les da línea, pero, como lo hizo un día antes enviando a su equipo de finanzas, encabezado por Carlos Urzúa, futuro Secretario de Hacienda, a dialogar con senadores y diputados, pidió que primero midan las consecuencias e impacto de lo que proponen.

“En la campaña aclaré que no íbamos a hacer ninguna reforma, en la primera parte del gobierno, en materia fiscal, y que no iban a cambiar las reglas de operación de bancos”, indicó.

“Lo acabo de decir hace 15 días, que me entrevisté con la presidenta del consejo del banco Santander, Ana Botín; hasta lo puse en mi ‘face’ y en mi Twitter, y definí esto, precisamente.

“No vamos, nosotros, a hacer ninguna modificación al marco legal que tiene que ver con lo económico, con lo financiero, con lo fiscal, en esta primera etapa de gobierno”.

Monreal, que el jueves advirtió que al Senado “nadie lo regaña”, hasta el sábado no había vuelto a decir palabra alguna.

El primer día del gobierno de Enrique Peña Nieto, el 1 de diciembre de 2012, Monreal, en San Lázaro, tomó el micrófono y “declaró” el primer muerto del sexenio.

Sus ganas de hacerse escuchar de la manera que fuera eran evidentes.

Yo lo identifico como “El Declamador” porque es un buen orador y porque en aquella ocasión daba la impresión de estar en un evento de poesía coral.

Su tono para acusar al Ejército de haber asesinado a un joven sin tener la información exacta resonaba en las paredes.

Este jueves, pero ahora en la Cámara de Senadores, volvió a tomar el micrófono y, sin previa consulta al Presidente Electo, lanzó la demoledora advertencia a la Banca.

El pánico cundió entre los tenedores de acciones de instituciones bancarias y grupos financieros que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores.

La actitud del legislador de Morena fue calificada por algunos de “irresponsable” y de “criminal” por otros.

Monreal sigue dando señales de que más que ir forjando los cimientos de la “cuarta transformación” trabaja para construir, desde ahora, su futuro político y pasar sobre quienes pudieran en su momento hacerle sombra.

A Monreal no le falta razón para criticar el voraz agiotismo de los bancos e instituciones financieras, pero como un mal instalado en la “legalidad”, cualquier señal contra su actividad bursátil, sin mediar diálogo o, cuando menos, aviso, desequilibra sus operaciones.

Las modificaciones propuestas en la iniciativa incluyen, entre otras, revisar el cobro de intereses moratorios y la comisión por renovación de tarjetas.

Después de medir el alcance de sus palabras, Monreal dijo que la iniciativa podría esperar y que darían oportunidad a los banqueros de dar su opinión.

“No se pongan nerviosos”, aconsejó, pretendiendo simular que su actitud caería bien a su jefe. Sólo le faltó decir “serénense”.

 

DE CABEZA, PERO EN ORDEN

Apenas dos o tres meses después del 1 de julio, cuando Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones, se hablaba ya de un “gobierno” en senectud, con el único detalle de que ni siquiera aún entra en funciones.

A cuatro meses y medio, y después de varios episodios de regateo interno entre los mismos miembros de Morena, y actitudes fuera de línea -la de Monreal, hasta ahora, la más grave por su repercusión en el daño al mercado bursátil y el hecho de “mandar al diablo” a su jefe-, Morena y el Presidente Electo llegarán a la toma de protesta con un halo de decrepitud intensa. Como si en lugar de estar en los albores de una administración fresca y funcional fueran ya una gestión cansada y vapuleada por su guerra interna, quién lo creería, emulando y hasta rebasando las prácticas que en su momento arrinconaron al PRI y al PAN.
Las diferencias por la lucha temprana de posicionarse ante una lejana, pero codiciada, sucesión comienza a provocar estragos en el equipo de López Obrador. Con el ingrediente extra de que entre las patas se lleva la tranquilidad económica del país.
Con la amenaza a los bancos, Monreal pone al descubierto que la archipresumida “cuarta transformación” no viene tan pura como la pintan, y sí, sin embargo, con una larga lista de interrogantes y advertencias sobre cómo, bajo qué criterios y qué humor conducirán al país.

Monreal es un político curtido desde las filas del PRI, pasando por el PRD y disfrutando hoy de la buena posición de Morena, pero no exento de tribulaciones, como las varias veces relacionado con extraños movimientos de dinero, como cuando fue Jefe Delegacional de la Cuauhtémoc o durante el proceso electoral para la gubernatura del Estado de México. Otros cuestionables episodios marcan también su ascendente carrera.

Una vez lo escribí; la idea del gobierno que arranca en tres semanas es que, en el mediano plazo, lo que existe, política e institucionalmente hablando, ya no exista para hacer notar que sí se sembró la semilla de la transformación. Poner al país boca abajo, al revés, pero ordenadamente.

 

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@RobertoCZga

 

 

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