A como pinta, tan castos como el Vaticano, tan ricos como Qatar

Ni la Independencia, ni la Revolución, ni la Reforma desterraron a los pobres, sino todo lo contrario. Hoy estamos en la Cuarta y me da curiosidad, escozor, más que miedo, imaginar el futuro porque no sé cuál es el límite de la ilusión

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Como meros hechos históricos, la primera, segunda y tercera transformación sólo fueron clichés de pactos o acuerdos que, más que evolucionar, etiquetaron. Al día siguiente de firmarse unos y otros, la vida fue tan cotidiana, normal y sin cambios espectaculares para los habitantes de nuestro país.

Ni la Independencia, ni la Revolución, ni la Reforma desterraron a los pobres, sino todo lo contrario.


Hoy estamos en la Cuarta y me da curiosidad, escozor, más que miedo, imaginar el futuro porque no sé cuál es el límite de la ilusión.

Claro, alguna forma debe haber para, como lo intenta el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quizá no desterrar, pero sí disminuir considerablemente, la corrupción, el más antiguo de los males de los mexicanos.

Pero también bajarle a la violencia del crimen organizado, nuestro más reciente mal, que acosa cuando no es a una zona del país a otra. Hoy le toca a Guanajuato, por ejemplo, ser la entidad con más muertos por mes. Quién lo creería cuando hace un año, y hacia atrás, ni siquiera aparecía entre los territorios disputados por las bandas delictivas.

¿A dónde iremos a llegar? ¿Cuál es nuestro modelo a seguir cuando las ideas son irrebatibles y los consensos fingidos?

Ayer, durante la “mañanera” del Presidente, juro que es la primera que me atrevo a ver y oír, comprobé muchas cosas, pero sobre todo su insustancialidad. Todo es como la Liturgia de la Palabra en las misas durante la Primera y Segunda Lectura. Lo que dicen los libros y lo que dicen los apóstoles. Al menos esto último fue (según las escrituras) lo primero, lo que probablemente será.

En cierto aspecto, la cobertura periodística es como la oportunidad de sacarle algo de provecho al Jefe del Ejecutivo, lo que nunca ocurre porque las posturas contrarias no se debaten, y mucho menos se analizan. Algunas ni siquiera se toman en cuenta; les dan la vuelta.

La prensa se divide entre los que reaccionan como “el perro de Pavlov” y el acto de salivar, y aquellos que acuden bajo el canon de dar cobertura a un evento oficial que pudiera ser el más importante de la jornada, pero que termina siendo, a diario, una homilía.

Digamos que, ayer, cuando una reportera preguntó al Presidente qué opinaba de la propuesta de Reforma Educativa Alterna presentada por la oposición, López Obrador sólo respondió que la suya ya se debate en el Congreso y punto.

A lo que voy es que sería dramático y frustrante ver, en el mediano y largo plazo, a un país relavado, lijado y laxado sin un cambio marcado, social y económicamente, como lo pintan hoy los proyectos lopezobradoristas, que muy poco tienen que ver con el consenso ideológico del resto de la Izquierda, y ni siquiera de Morena.

En las “mañaneras”, claramente, se ve como cada funcionario pasa al pizarrón bajo la mirada estricta del “maestro”. Obsérvelo; se da todos los días. Es como el poder del líder que domina cualquier secta.

¿Por qué hablamos de relavar, lijar y laxar?, porque es el pan de cada día desde el 1 de diciembre (y de cinco meses de transición y 13 años de campaña). Se purificará cuanta cosa exista en México, Pemex, la CFE, la banca, los programas sociales, los sindicatos, la educación; se busca un dominio más claro sobre las Fuerzas Armadas, las universidades; se quieren controlar los salarios profesionales dentro y fuera del servicio público. Sí, también acabar con los balazos y muertes del crimen organizado, que es deseable, y que el país viva en santa paz.

Dicen que poco aprieta el que mucho abarca, pero ¿y qué tal si lo logramos?

México provocará un “shock” en el mundo. Ojalá y así sea, pero lo veo muy ojón para paloma.

El proyecto, como se pinta ahora, es que la Cuarta Transformación, en una antítesis de las otras tres, que no nos condujeron al paraíso, nos coloque como un país tan casto como el Vaticano y tan próspero y rico como Qatar o Luxemburgo.

Pero, además, con un discurso irrebatible, la Cuarta marca el fin de las eras porque anula la posibilidad de la Quinta, pues es lo máximo. Cualquier intento contrario sería retroceso.

El problema es que los ejemplos no cunden en el mundo. Y tampoco sé, con certeza, si Hidalgo, Juárez y Madero rehuían al diálogo, evadían preguntas incómodas, rechazaban la modernidad o le pegaban al “Robin Hood” (dentro de la ley, claro).

 

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@RobertoCZga

 

 

 

 

 

 

 

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