Zamora recibe grado de Doctor en Derecho

La ceremonia tuvo lugar en el Teatro Degollado de Guadalajara

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El senador del la República y dirigente nacional de la CNOP, Dr. Arturo Zamora Jiménez, participó como orador en la Ceremonia Solemne de Imposición de Insignias, Primera Época 2007-2017 a Doctores en Derecho por el Instituto de Estudios Jurídicos de Jalisco, en el Teatro Degollado, este sábado 18 de noviembre.

El mensaje del Dr. Zamora representó a los egresados de tal institución.

Zamora Jiménez destacó la necesidad y urgencia de “crear y completar el pendiente que tenemos en nuestro país, que es el sistema anticorrupción, para desterrar de una vez por todas este cáncer que tanto lacera a nuestra sociedad”, lo que generó aplausos de los asistentes, egresados, familiares, académicos y autoridades estatales y municipales de Jalisco.

El Dr. Arturo Zamora destacó el alto compromiso ético que asumen quienes ha dedicado su vida al estudio y aplicación del Derecho:  “¿Por qué decidimos abrazar con tanto amor, con tata pasión, el mundo del Derecho?, ¿por qué hemos construido nuestro proyecto de vida con la Ley en la mano? Seguro porque estamos plenamente conscientes de los valores que la justicia da para el equilibrio social. Solamente en esta pequeña fórmula, allí, está todo lo que nosotros hemos pensado desde el primer día que decidimos entrar al mundo del Derecho”.

A continuación la transcripción completa del mensaje emitido por el Dr. Zamora Jiménez:

“Los seres humanos evolucionamos porque aprendimos a encender el fuego, nos volvimos sedentarios para estar cerca de la cueva donde estaba el fuego, luego aprendimos agricultura y nos volvimos más sedentarios, porque ya no era necesario acudir a distancias lejanas a recoger los alimentos; después inventamos la rueda y fuimos facilitando muchas cosas más, y la evolución se seguía dando en la humanidad; luego vino la máquina de vapor, la Revolución Industrial, y después se generó de manera impresionante en los últimos años la ciencia y la tecnología, que son las grandes bendiciones de la civilización moderna.

La evolución ha permitido, entonces, avances revolucionarios en la salud, curar enfermedades que antes eran incurables; tener comunicación instantánea de prácticamente cualquier punto del planeta a otro o incluso hacia el espacio; la ciencia ha permitido arrinconar a la superchería y a los fanatismos, la ciencia ha salvado vidas y le ha dado condiciones de vida aceptable a muchísimos seres humanos, nos ha dado comodidades y nos ha dado lujos que no tuvieron los antiguos para trasportarse en coches o en aviones, nos ha permitido gozar de espectáculos o incluso de tener gadgets que ni siquiera imaginó la ciencia ficción.

Sin embargo, no todo es ciencia y tecnología, esta evolución ha estado definitivamente marcada, muy marcada, por la naturaleza de lo que somos nosotros, los seres humanos; esta evolución ha estado marcada por la condición humana para sobrevivir los retos, los desafíos, y para preservarnos nosotros mismos como especie humana. Nosotros tenemos moldes sociales, cuidamos de nuestras costumbres, privilegiamos nuestras tradiciones y establecemos reglas para la convivencia. Aquí es donde surge precisamente la actividad que quisimos abrazar los que decidimos estudiar la carrera de Derecho, después especialidades, maestrías y doctorados. Aquí es donde nosotros hacemos un alto en el camino, porque pensamos que en esta sociedad en la que todos los días tenemos encuentros como seres humanos, siempre reflexionamos que lo que para unos es bueno, para otros no lo es; que lo que para unos es justo, para otros es injusto.

 

La paradoja es que antes nos sobraba tiempo, en aquellas épocas que hemos descrito lo que nos sobraba era tiempo, y resulta que hoy que tenemos toda la tecnología y toda la ciencia a nuestra disposición, de lo que carecemos es de tiempo, tiempo para pensar, tiempo para reflexionar, tiempo para decidir y tiempo para ser mejores; hoy que tenemos acceso y facilidad para tantas cosas, no nos damos cuenta de que allí está un bien muy preciado para todos y cada uno de nosotros, que es el tiempo. Como seres humanos tenemos una sucesión de momentos que no se vuelve a repetir, por tanto el tiempo es un tesoro para todos nosotros.

Y por eso mismo, en este lugar y en este momento, estamos compartiendo nuestro tiempo, y estoy seguro de que la gran mayoría, por no decir todos, hemos tenido que dejar de hacer otras cosas, para estar en este gran recinto; aun así, incluso en este lugar y en este momento podemos realizar infinidad de tareas de manera simultánea gracias precisamente a las tecnologías de las comunicaciones; el tiempo entonces como sucesión de momentos se convierte para nosotros sin duda alguna en el mejor tesoro y patrimonio para la realización de todas nuestras actividades.

Quienes hemos decidido dar nuestro tiempo al mundo del Derecho, a la investigación, a la doctrina y a la práctica de las ciencias jurídicas, sabemos que lo hacemos porque somos y deseamos seguir siendo garantes de los valores que se protegen a través de la aplicación del Derecho; lo hacemos y hemos dado todo este tiempo para realizar los estudios del doctorado en este Instituto de Altos Estudios Jurídicos, y tuvimos que decidir cuántas cosas dejamos por hacer y aprovechar así nuestro tiempo, lo hicimos y lo logramos, privilegiamos nuestra superación aun con el sacrificio del tiempo que merecen nuestras familias, del tiempo para nuestros seres queridos y del tiempo que es de cada uno de nosotros.

Y ahora me pregunto, ¿para qué llegamos a esta meta?, ¿para qué el tiempo que nos dedicaron nuestros maestros?, ¿para qué el tiempo de los académicos?, ¿para qué el tiempo de aquéllos que escribieron libros, a quienes consultamos como maestros indirectos? Esta pregunta tiene que ver porque hemos llegado el día de hoy a una meta. ¿Por qué decidimos abrazar con tanto amor, con tata pasión, el mundo del Derecho?, ¿por qué hemos construido nuestro proyecto de vida con la Ley en la mano? Seguro porque estamos plenamente conscientes de los valores que la justicia da para el equilibrio social. Solamente en esta pequeña fórmula, allí, está todo lo que nosotros hemos pensado desde el primer día que decidimos entrar al mundo del Derecho.

Hoy tenemos más y mejores herramientas que ayer, hoy estamos más preparados, y por lo tanto adquirimos mayores responsabilidades; no perdamos de vista jamás lo que podemos dar al mundo que nos rodea, al entorno de nosotros, debemos proponer soluciones reales, posible y medibles, a la problemática jurídica, económica, política y social del estado, de nuestro país y también del mundo, el mundo global. La sociedad exige control, transparencia y eficiencia en el ejercicio de todo tipo de facultades, de los tres poderes de la Unión y de sus niveles de gobierno, pasando por todo tipo de organismos descentralizados, empresas paraestatales y organismos autónomos. De ahí la urgencia y la necesidad de crear y completar el pendiente que tenemos en nuestro país, que es el sistema anticorrupción, para desterrar de una vez por todas este cáncer que tanto lacera a nuestra sociedad (aplausos).

Nos convertimos prácticamente en custodios y destinatarios del Derecho, y en este sentido jugamos un papel esencial: investigar concienzudamente los orígenes de las conductas antisociales, investigar también por qué sigue colisionando el comportamiento humano y por qué el ser humano siempre busca el camino más fácil en detrimento de los demás. La responsabilidad que asimismo no es menos, no es menos, pues además habrán de plasmar ordenadamente   sus conocimientos, cada uno de los que estamos aquí, y de transmitirlos a las generaciones futuras; ése es un deber generacional, así sucede en cada generación; somos como eslabones de cadena en donde tuvimos maestros –y a mí me da mucho gusto el día de hoy encontrarme con bastantes compañeras y compañeros que ahora son doctores en Derecho y que fueron mis alumnas y mis alumnos, y también me da mucho gusto que ellos siguen enseñando a las nuevas generaciones-; ¡qué privilegio poder vivir, sin duda, estos momentos!

En una ocasión leí de dos hombres que estaban por jubilarse, eran constructores de casas, trabajaron toda su vida en eso. Tres meses antes de su jubilación, los llamó por separado el patrón y a cada uno le dio la encomienda para construir en los siguientes tres meses antes de su retiro una casa. El primero puso el mayo de sus empeños para realizar al final de su jornada de toda una vida la mejor de las casas que pensó podía realizar. El segundo de ellos recibió también el recurso económico de su patrón y tomó una decisión diferente; él pensó que ese dinero, parte de ese dinero, le podía servir para su retiro, y aplicó muy malos materiales, cambió el diseño, e hizo una casa muy poco funcional. Cuando concluyeron las dos casas, el patrón los volvió a llamar y le dijo al primero: esta casa que acabas de construir es tuya, por tú trabajaste 35 años conmigo; al segundo le dijo exactamente lo mismo: esta casa que acabas de construir con tus manos y será para tu familia.

En ese sentido, tenemos, sin duda alguna, una moraleja: se entregó el título de propiedad a cada uno y la moraleja es que el primero disfrutó de una casa y de un hogar, y el segundo no pudo disfrutar ni de los primero ni de lo segundo. Esto nos lleva a pensar que en el mundo del Derecho y en todo lo que hacemos debemos ser íntegros, debemos manejarnos con absoluta honestidad, con transparencia y con responsabilidad. Y nosotros que tomamos todos los días decisiones para la felicidad de los demás, asumimos el gran compromiso de seguir tomando estas decisiones conscientes siempre de hacerlas siempre honrando la verdad y honrando el valor de la justicia.”

 

 

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