LA GUERRA CIVIL

Para la “Cuarta Transformación” y el Presidente Andrés Manuel López Obrador la confrontación es sinónimo de pluralidad y democracia.A poco más de un lustro de su nacimiento como partido y dos años en el gobierno, la disputa por el poder pulveriza a Morena

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Hace unos días, Pablo Hiriart hizo este comentario en Twitter: “El presidente del partido (Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar) tiene demandada penalmente a la secretaria general (Yeidkcol Polevnsky) por lavado de dinero. Y el candidato a presidente de ese partido (Porfirio Muñoz Ledo) demandó penalmente al otro candidato (Mario Delgado) a presidir el mismo partido. ¡Qué bonita familia!

A partir de eso se puede hilvanar toda una saga de conspiraciones, truculencias y traiciones que podrían resultar hasta lógicas entre miembros de cualquier partido político cuya historia se contara por décadas, digamos un priísmo o un panismo, pero no del que con poco más de un lustro de haberse conformado y, lo más increíble, con apenas dos años en la Presidencia de la República.

Pues eso le pasa a Morena. Un partido al que su creador, el Presidente de la República, no hace caso porque afirma que hay, como dijeran los priístas, “sana distancia”, aunque el priísmo terminó convencido de que lo mejor era la “sana cercanía”. Además López Obrador lo engloba todo en su insistente lema de que “no somos iguales”.

El reto como el riesgo de no intervenir en algo que ya es como una guerra fratricida es de dimensiones impensables.

Las batallas de Morena son tan diversas como peligrosas. Una de ellas es la rebatinga al grado del insulto peyorativo por el control del partido, más allá de los cargos, presidencia nacional y secretaría general.

Porque quienes los disputan ven más adelante. Así la disputa por el partido se convierte en una macro adelantada disputa por la sucesión presidencial del 2024.

En ello estuvieron inmersos desde hace un año (¡un año!) Yeidckol Polevensky, Mario Delgado, Bertha Luján y Alejandro Rojas Díaz-Durán. Luego se unieron Alfonso Ramírez Cuéllar, Porfirio Muñoz Ledo y Gibrán Ramírez.

Pero cuando las autoridades y órganos electorales apuraron el proceso ante tanta desidia, desorden y pleitos, y se tomaron en serio el proceso interno, luego de sillazos, balazos y golpes en sus asambleas distritales, la elección se convirtió en una competencia hacia el futuro en donde asomaron las figuras, unas más que otras, de Marcelo Ebrard, Claudia Sheinbaum y Ricardo Monreal.

Y a partir de ahí la guerra de guerrillas se convirtió en guerra civil.

En Morena, explicamos en un artículo anterior, ya no se sabe quién es quién.

Entre sus “tribus” (al puritito estilo del PRD, de quien heredaron el ADN) se distinguen quienes dicen ser puros (radicales) o impuros (conservadores).

Pero, más aún, se subdividen en duros, moderados, emergentes.

En la recta final por la primera presidencia nacional electa de Morena, como decía Hiriart, tanto Delgado como Muñoz Ledo han llegado con sus batallas a terreno fangoso y hasta de letrinas.

Que se enfrasquen en líos legales ante instancias electorales puede hasta depurar el proceso, pero cuando salen a relucir acusaciones de acoso y abuso sexual, la cosa se pone color moreno-morado. Más todavía, ambos pensaron lo mismo del otro, intentar derrocar a su jefe Andrés Manuel López Obrador.

Y si así se llevan ahora, cómo lo harán en el 2024.

LA GESTA SE DIVERSIFICA

Pero no todo se engloba en la lucha por la dirigencia nacional de Morena o en ir ganando terreno hacia la sucesión presidencial.

Los frentes de Morena han llegado al terreno personal como las confrontaciones verbales entre Ricardo Monreal y John Ackerman.

En niveles más serios está el mírame y no me toques entre el autónomo fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, y el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto.

Pero podemos agregar el personalísimo desencuentro en pleno CEN de Morena entre Yeidckol Polevnsky y Alfonso Ramírez Cuéllar, en el que éste sacó los trapos sucios a la secretaria general que terminó, como dijimos al principio en demanda pena.

También el reclamo de Dolores Padierna, vicepresidenta de la Cámara de Diputados, nada menos que a Muñoz Ledo (como Monreal, ajonjolí de todos los moles) a quien calificó de “francotirador verbal, aliado de la Derecha”.

O el encontronazo entre el ex subsecretario de Gobernación Ricardo Peralta y el alcalde de Tijuana (morenista), Arturo González Cruz, quien acusó al primero de amenazas de investigación por un supuesto decomiso “extraviado”.

Pleito en el que debió intervenir la Secretaria Olga Sánchez Cordero, a quien no le quedó de otra que admitir que se debía indagar las acusaciones contra Peralta que, gracias al “austericidio” abandonó el cargo y la secretaría mediante medida administrativa.

Pero, además en la “Cuarta Transformación” abundan los desatinos en los que emergen las alianzas familiares como en el caso de John Ackerman, esposo de Irma Eréndira Sandoval, Secretaria de la Función Pública.

Más en calma está la cadena de poder de Bertha Luján, pieza importantísima para López Obrador por años, y los cargos de sus hijas en la 4T, Luisa María Alcalde, Secretaria del Trabajo, y Bertha Alcalde, jefa de la Oficina del Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, dependencia todavía a cargo de Alfonso Durazo.

Pero que tal el conflicto sin tanto ruido entre el embajador retirado Agustín Gutiérrez Canet, esposo de Martha Bárcena, embajadora de México en Washington ( y tío de Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del Presidente) contra Marcelo Ebrard.

Un lío tan largo que merece un espacio mayor porque el novelón es que Gutiérrez Canet ha dado públicamente su apoyo a Muñoz Ledo, quien entre otras personalidades tiene de su lado a nadie más que la figura icónica de Ifigenia Martínez.

En su artículo … de “Solo para Iniciados”, Juan Bustillos afirma que “hoy los movimientos de todo tipo se suceden con alarmante frecuencia para el mandatario, pero además el partido que organizó para llegar a la Presidencia está convulsionado porque las tribus de la ‘Cuarta Trasformación’ se disputan sin control el presente y se disponen a asaltar el futuro”.

¿CUÁL ES EL PECADO DE MORENA?

Haber heredado del PRD el esquema de “tribus”, dijimos, “en el que las facciones obran bajo diferencias mínimas de ideología, llevando al partido a saturarse de grupúsculos que no esconden sus diferencias”.

Señalamos que ya en agosto del 2019, cuando asomaban las disputas internas, a tan solo un año de convertirse en el primer partido de Izquierda en ganar las elecciones presidenciales, López Obrador advirtió a la militancia:

“Si Morena, el partido que ayudé a fundar, se echara a perder, no solo renunciaría a él, sino que pediría que cambiara su nombre, porque ese es el nombre que nos dio la oportunidad de llevar a cabo la ‘Cuarta Transformación’ de la vida pública del país. No debe mancharse”, advirtió.

Pero en Morena y la “Cuarta Transformación” los que no prefieren portar el “arma” del escándalo se van por cuenta propia, aunque algunos, antes de marcharse dejan su versión.

Entre los que han decidido dejar el barco están Carlos Urzúa, que saltó de Hacienda, Javier Jiménez Espriú, de Comunicaciones y Transportes; Víctor Manuel Toledo, de Medio Ambiente, y Jaime Cárdenas, del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, entre los de más alto nivel.

Aunque a la fecha han desertado de la “Cuarta Transformación” al menos una veintena de servidores públicos de todos los niveles.

Ante este panorama, el Presidente tendrá la opción de advertir en el futuro próximo que fundará otro partido, pero en el que el único militante sea él, porque es un hecho que ha Morena no lo necesita.

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