Botan de EU al populismo

BIDEN, NUEVO PRESIDENTE Cuatro días después de la elección, y luego de un suspenso en el conteo de votos, de amenaza republicana y una esperanza demócrata al alza, la Casa Blanca cambia de partido

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“Seré Presidente de todos los estadounidenses”, afirmó Biden, tras darse a conocer que ganó Pennsylvania, y con ello sumó 20 votos electorales

La media mañana de este sábado 7 de noviembre el escenario cambió. Trump es avisado por las notas de los medios de comunicación y redes sociales que deberá salir de la Casa Blanca, pues hay un nuevo inquilino

Debieron pasar cuatro días para que Joe Biden consolidara su victoria sobre Donald Trump.

Fueron demasiadas horas de suspenso, incluso al terminar el viernes cuando, como lo publicaba The Wall Street Journal, casi como un reto imposible para el republicano:

“Trump tiene una ruta para ganar 56 votos electorales más…. Biden tiene cuatro para ganar 6”.

Pero Biden ganó la mejor, Pennsylvania que aporta 20 votos. De 264 saltó a 284 (dando por hecho que gana Arizona). Enseguida se difundió que también Nevada era de él, llegando a 290 votos electorales, y rezagando completamente a Trump.

Era la conclusión que se fue desarrollando desde un día antes, el jueves, cuando algunos medios de comunicación colocaban al demócrata con 264 votos electorales, de 270 que se requieren para alzarse con la victoria, mientras al republicano con 214.

Otros, ante el lento conteo, la recepción de votos de fuera de Estados Unidos y la presión republicana y de Trump, preferían no dar como un triunfo para Biden el estado de Arizona, que aportaba 11 votos electorales, y lo mantenían en 253, en lugar de 264. En este estado, en las últimas horas del viernes, aunque Trump avanzaba, continuaba abajo del demócrata.

Ese era el panorama con que caía la noche del viernes.

Esta media mañana de sábado el escenario cambió. Trump es avisado por las notas de los medios de comunicación y redes sociales que deberá salir de la Casa Blanca. Hay un nuevo inquilino.

Minutos después de darse a conocer su triunfo en Pennsylvania, Biden arengó:

“Seré Presidente de todos los estadounidenses”.

Desde el jueves, pero con mayor razón el viernes, Biden la tenía más fácil que Trump.

Después de ir mínimamente abajo un día antes, repuntaba en Georgia (que aporta 16 votos), Nevada (6) y Pennsylvania (20). Una hora después se colgaba también Nevada con 6 votos electorales más.

Otro estado pendiente era Carolina del Norte en el que Trump afianzaba su superioridad.

Sin embargo, desde el miércoles, un día después de la elección, Biden daría las primeras sorpresas al ganar Michigan y Wisconsin.

Con ese negro panorama, ¿de dónde sacaría Trump 56 votos electorales?

LOS TUMBOS DE LA DEMOCRACIA

Este cúmulo de cifras, días, reclamos y hasta protestas por parte de seguidores tanto del republicano como del demócrata mostraban que lejos, más todavía de las elecciones recientes pasadas, quedaba aquel viejo concepto de que Estados Unidos edificaba la democracia perfecta.

El concepto tenía un lado romántico, el de no representar una trifulca el resultado de la contienda así el margen entre el triunfador y el derrotado fuera mínimo. La democracia estadounidense se reflejaba en el aceptar la suerte del otro, como dijera el clásico mexicano, “haiga sido como haiga sido”. Digamos que como cuando el PRI perdió por vez primera en 70 años una elección presidencial, en el 2000, con Francisco Labastida como candidato que sucumbió ante el contendiente panista Vicente Fox. El priísmo ni chistó. ¿Democracia o entreguismo? Bueno, por ahí va.

Pero ojo, el sentido de que Estados Unidos fuera considerada, en tiempos posteriores a la posguerra y hasta finales del Siglo XX, pasando por la conclusión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, no significaba que fuera la sociedad ejemplar, ni el sistema económico icono a nivel mundial (pues a principios del XXI vendría la revuelta económica europea que aún no termina), aunque permitía a la Unión Americana continuar siendo el líder mundial.

Pero claro, en gustos se rompen géneros. “La única democracia perfecta es una dictadura”, escribió Javier Cercas.

En el artículo “El alto riesgo de un colapso inimaginado en la democracia perfecta”, Gabriel Silva Luján afirma que “El gran faro de la democracia mundial tiene hoy tantas grietas que sus bases están seriamente amenazadas. Y el papel de Trump en esto ha sido, literalmente, demoledor”.

Los liderazgos como el de Trump ahora abundan, no como moda, sino como necesidad. Los hay de todos sabores, tanto de Izquierda como de Derecha, y hasta amelcochados, en donde caben todas las ideologías, siempre que haya un arrepentimiento, una conversión.

Pero así son las cosas en un mundo cambiante, globalizador, terco en todas sus formas de gobierno. Los países dan saltos, vueltas y vuelven a lo mismo.

Y Estados Unidos no es la excepción.

En una lucha que se vuelve ya constante, las izquierdas y las derechas, los conservadores y los liberales, los demócratas y los republicanos, cada vez más cierran sus confrontaciones.

Para muestra el botón de la elección presidencial entre Donald Trump y Joe Biden. A tres días del ejercicio electoral no se define al ganador.

Y pinta para tribunales, aunque sin tanto argüende.

Y es que, dicen, todo se pega. ¿Será que la vecindad afecta?

‘SE QUIEREN ROBAR LA ELECCIÓN’

Ya cerrando la semana, a Trump le faltaba tiempo para pepenar boletas de donde fuera, y a Biden se le hacía tarde para meterse a la Casa Blanca.

Quien debía remar contra corriente pasó a segunda fase. El jueves, Trump sacó su artillería verbal.

“Joe Biden no debería declarar la victoria para la Presidencia de forma errónea. Yo también podría reivindicarla. Los procedimientos judiciales apenas empiezan”, advirtió Trump en casi ya una declaración de guerra jurídica, pues los números nada más no le salían.

Biden avanzaba en Georgia, Nevada, Pennsylvania, y se mantenía en Arizona, después de quedarse con Wisconsin y Michigan.

Al republicano el panorama le pintaba difícil de revertir.

Desde la Casa Blanca, en un mensaje de al menos 20 minutos, el todavía Presidente hizo una larga lista de acusaciones contra los demócratas, Biden y el proceso electoral en general.

Acusó a medios de comunicación y empresas tecnológicas que de intentar “interferir” en la opinión pública en favor de los demócratas.

“Están intentando robarse la elección”, fue uno de los reclamos más fuertes. Por cierto, muy parecido al slogan de la oposición mexicana en proceso electorales federales anteriores al 2018.

“Es un sistema corrupto, gente corrupta”; “ya gané definitivamente en muchos estados”, añadió Trump.

Pero debía ametrallar: “Gané con cifras sin precedentes, las encuestas se equivocaron”. “Están encontrando repentinamente boletas electorales que benefician a un solo lado”. “Si cuentan los votos legales, gané fácilmente”. “Creo que los jueces van a tener que decidir. Hay muchos trucos…”. “No podemos permitir que amordacen a los votantes e inventen los resultados”.

Era el blindaje que Trump encontraba más a modo ante lo que se le veía venir.

El tiempo avanzaba y era casi un hecho que a pesar de la suma de votos a su favor, Biden debería esperar un día más para levantar los brazos, mientras para Trump no ocurriera un milagro.

Tal vez el único paso que daría el demócrata antes de concluir el viernes, era ganar los 16 votos de Georgia, partiendo de que acumulaba 253 (y no 264) con los que sumaría 269, quedando a 1 de la victoria.

En Nevada, Biden también adelantaba, pero faltaba casi un 10 por ciento del conteo, lo que suponía que el resultado, casi confirmado no saldría el viernes.

En Carolina del Norte, como se dijo, lideraba Trump. Y Pennsylvania, una joyita por sus 20 votos electorales, un diamante para el ganador, estaba en una disputa cerrada.

La noche de este viernes, Baiden dio un mensaje.

“No tenemos una declaración final de victoria todavía, pero los números nos cuentan una historia convincente y clara: Vamos a ganar”, expresó, y al final fue ovacionado.

“Tenemos que mantener la calma. Dejar que el proceso funcione, mientras contamos todos los votos. La democracia funciona, sus votos serán contados”.

“Tenemos que dejar la ira y la demonización detrás”, añadió. Cerca de él, Kamala Harris, aspirante a la vicepresidencia de Estados Unidos mostraba optimismo ante la ya casi victoria.

UN AGRESOR DE MÉXICO

En el 2016, Donald Trump escogió sus mejores armas para ganar la Presidencia de Estados Unidos, una de ellas, en lo general, retar al mundo. Otra, concretita, en cortito, humillar a México.

Con el entonces Presidente de México, Enrique Peña Nieto, no la tuvo tan fácil. Dijo lo que quiso contra los mexicanos, pero tuvo respuesta, al grado de que el mandatario mexicano llegó a cancelarle una reunión.

Con el actual Jefe del Ejecutivo mexicano, Andrés Manuel López Obrador, cambió la estrategia. Entre apapacho y apapacho, Trump le soltó patadas por debajo de la mesa.

El miércoles pasado se leía este mensaje en Twitter: “Y Trump salió de la Casa Blanca antes que Maduro de Venezuela”.

Faltó que alguien dijera, “y se fue de la Casa Blanca sin terminar su muro fronterizo”.

Una de las peores ofensas a México, de esas que no se olvidan, fue aquella que lanzó durante una entrevista en NBC, con el periodista Bob Woodward.

Éste le preguntó a Trump cómo haría para lograr que México pagara el muro.

“Son una nación soberana. ¿Cómo haces que una nación así pague algo que aseguran no pagarán?”, preguntó el periodista.

Hay varias maneras de hacerlo, respondió Trump.

Woodward insistió. “¿Estaría dispuesto a hacer la guerra para asegurarse de que obtendrá ese pago?

“Confía en mí, Bob”, dijo Trump. “Créeme, cuando rejuvenezca a nuestros militares, México no querrá ‘jugar’ a la guerra con nosotros, qué te puedo decir, no querrá ‘jugar’ a la guerra con nosotros”.

Pero hubo otras tantas.

Desde su precampaña inició su estrategia de acosador. “No quiero nada con México más que construir un muro impenetrable y que dejen de estafar a Estados Unidos”.

“México no se aprovechará más de nosotros. No tendrán más la frontera abierta. El más grande constructor del mundo soy yo y les voy a construir el muro más grande que jamás hayan visto. Y adivinen quién lo va a pagar: México”, dijo en mayo de 2015.

El mismo año, afirmó: “Cuando México nos manda gente, no nos manda a los mejores. Nos manda gente con un montón de problemas, que nos traen drogas, crimen, violadores…”.

En estos días a Trump lo debe ahogar la nostalgia. Solo un milagro podría hacer que quite la victoria a Biden.

Sin duda le quedan muchos amigos. Pero al otro lado de su frontera sur, eso sí, un “amigou”.

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