Una declaración de hechos instrumentalizada; la realidad hará su trabajo

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Después de leer la declaración de hechos de Emilio Lozoya que se filtró a las redes sociales el día de ayer, mi primera impresión es de un evidente compendio de hechos y circunstancias narradas como un medio para lograr un fin, con dos propósitos distintos, pero que mutuamente se necesitan; en resumidas cuentas, es la instrumentalización de un proceso judicial.

Porque no hay duda de que existe una clara intencionalidad en los hechos que se ahí se relatan: uno hará todo para evitar ir a la cárcel y el otro se valdrá del primero para desacreditar a sus enemigos políticos y electorales. El primero sabe que el segundo lo necesita, y el segundo sabe lo que quiere el primero y lo útil que le será si lo instrumentaliza. Damos por hecho que en el segundo confluyen en su supuesta independencia el gobierno y su fiscalía general.

Según el diccionario español, instrumentalizar lo define como: “utilizar a una persona o una cosa como un instrumento o medio indirecto, normalmente poco legítimo, para conseguir algo”. En la definición resalta que es una acción poco legítima pero no ilegal, es un pragmatismo puro de parte de ambos jugadores, pretenden que sea un juego ganar-ganar a costa de los otros que tendrán que asumir su derrota.

El delincuente confeso sabe que tiene todo que perder frente a una escasa expectativa de ganar; son dos opciones: la libertad o la prisión, pero si coopero y digo todo lo que sé y más, mi probabilidad de obtener mi libertad aumenta. Tiene una ventaja, sabe lo que el segundo quiere escuchar y la necesidad que tiene para instrumentalizarlo.

El segundo, sabe todo lo que el primero quiere, la información que posee, pero sobre todo lo útil que sería si lo instrumentaliza para defenestrar a sus enemigos que a su vez saben que traen cola que les pisen, no fueron santos y se valieron de un gobierno que utilizó la corrupción como un lubricante del engranaje de su gobernabilidad.

En efecto estamos frente aun dilema del prisionero, y de una clara instrumentalización de un delincuente confeso y su proceso judicial en un contexto de una polarización social promovida, con tres políticas públicas fuera de control: económica, de seguridad pública y de salud y control de la pandemia del coronavirus.

La pregunta central seria: ¿el primero y el segundo cumplirán su fin?

Evadir la prisión para el primero y provocar una desacreditación de los enemigos del segundo para consolidar su proyecto de gobierno sería el punto óptimo de ambos jugadores, sin embargo aquí es donde entra una variable trascendente: ¿habrá pruebas suficientemente sólidas de los dichos narrados en la declaración de hechos? Ese es el quid del asunto. Y pronto empezaremos a ver si todo este trae más fondo o es simple materia de las conferencias matutinas de este gobierno.

No tengo la menor duda que sucederá lo que ha sido el destino manifiesto de este gobierno, y la realidad terminará por imponerse. Tarde o temprano el destino o la vida instrumentalizará a quienes pretenden instrumentalizarla.

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