Oportunidad perdida para un nuevo pacto social

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Leo con asombro la simpleza conceptual con la que Jorge Zepeda Patterson analiza la polarización política desde la perspectiva social, que vive nuestro país, resumiendo señala que después de privilegiarse durante los años neoliberales al 50% por ciento del país, con la llegada de AMLO se tuvo la expectativa de que ahora vendrían los tiempos para privilegiar al otro 50% del país, sumido en la pobreza y la marginación social.
Estos dichos propios de un discurse de templete, no se sostienen en la realidad por muchos factores y son propios de un reduccionismo que la realidad ha puesto en su lugar. Sin embargo, termina con una reflexión interesante aunque parcial: “la pandemia del coronavirus vino a dar al traste con los propósitos reivindicadores de los desfavorecidos, que aunado al enojo del otro 50% por efectos económicos de la pandemia, generan un caldo de cultivo social de alta peligrosidad para un gobierno altamente polarizante”.
Lo primero que hay que decir, es que efectivamente al país le urge, no de hoy ni de ayer, un Nuevo Contrato Social, que revise y redefina las políticas redistributivas del país, a partir del fortalecimiento del propio Estado como garante de la legalidad y la reivindicación, esa sí, del Estado de Derecho, y también, de la viabilidad económica del gobierno, no puede emprenderse ninguna política social redistributiva, sin un gobierno suficientemente fuerte en su capacidad económica y financiera.
No es quitar aquí para dar allá, no es con ánimos vengativos y de resentimiento social, como se construye un Nuevo Contrato Social, y paradójicamente la pandemia que enfrentamos en este momento, era la mejor oportunidad para hacerlo.
El gobierno de la 4T, poseía la suficientemente legitimidad política para haberla convocado, pero carece de la suficiencia conceptual y ha desgastado su autoridad política para emprenderla. Ni siquiera en estos tiempos de fragilidad social e institucional, ha tenido la sagacidad para ponerse por encima de la circunstancias y convocar a la unidad nacional.
Coincido con el autor de la columna en comento, vendrán tiempos de gran efervescencia social que se conjugará con los tiempos electorales que ya iniciamos, y frente a la creciente violencia verbal que nace todos los días en el Salón Tesorería, podremos tener mucho pasto seco con un clima político muy caliente.
Sin embargo, el coronavirus no vino a destruir el modelo social reivindicatorio de la 4T, este nació enclenque desde el 2019, su modelo social clientelar ni siquiera es capaz de superar los más elementales procesos de revisión y supervisión institucional, es más ni siquiera tiene padrones sociales suficientemente probados, sin hablar de los subejercicios presupuestales que presentan desde el año pasado.
Nunca este gobierno siquiera ha planteado o puesto en la discusión pública un Nuevo Contrato Social que involucre al 100% de la población mexicana, digo nada más empezar. Poner en la Constitución, que ellos mismos no respetan, los programas sociales no es un Pacto Social, es grilla.
Por tanto, el coronavirus no pudo destruir lo que nunca existió, eso es más discurso mañanero que realidad política, pero eso sí, vendrán tiempos muy difíciles para un gobierno que murió en la primera pagina de propia historia, sin un planteamiento serio del Nuevo Contrato Social que nos urge.

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