Gabinete de 4T, sin expectativas

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Tradicionalmente en los regímenes políticos sean presidencialistas o parlamentarios, o semi-ambos la integración de sus respectivos gabinetes de gobierno representaban importantes mensajes políticos o de gobierno que formaban parte de la propia gobernabilidad a ejercer, en ellos se expresaban mensajes específicos, sea productos de los arreglos con grupos de interés, con otras fuerzas políticas, o de perfiles específicos que marcaban la tendencia a ejercer como política publica a corto plazo, en ello radicaba la importancia de la integración de los gabinetes de gobierno, permitía una interpretación de la gobernabilidad en cuestión.

En los gobiernos ejercidos por autócratas, autoritarios o populistas según sea el caso, pero que en fondo son lo mismo, existe un elemento que los define, son gobiernos unipersonales, son la extensión personalísima del jefe en cuestión, ellos no hacen gobierno, no acostumbran delegar ni integrar grupos de trabajo, no constituyen gabinetes de gobierno en su tradicional acepción, pues no pretenden emitir mensajes de gobernabilidad a través de ellos, porque ellos son el mensaje, su figura es la gobernabilidad, ellos son y pretenden ser el gobierno.

Tengo a la mano, el libro de memorias más reciente de John Bolton ex consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, “La Habitación Donde Sucedió”, en él relata su papel en el gobierno de Donald Trump, fiel representante de un líder autócrata y populista o ambas, ahí expone lo difícil que fue hacer gobierno de manera tradicional en esa presidencia, porque simplemente, son figuras políticas poco aptas para la descentralización de decisiones, sea por la incompetencia, por la falta de confianza, o por su nulo interés por las cuestiones de gobierno, el tema es que no utilizan a su gabinete para gobernar, porque ellos gobiernan de manera personal y directa, sin intermediarios dirían ellos.

Lo mismo sucede en el gobierno de López Obrador, líder populista y autócrata, sus innumerables renuncias en su gabinete a dos años de haber iniciado, tienen unas características en común, no salen contentos de su labor, ellos mismos promueven sus renuncias o buscan una promoción, en silencio y con bajo perfil preparan su salida administrando la ira del líder, la frustración y la impotencia de no haber ejercido una labor plena es su denominador común. Creían que iban a formar parte de un gobierno, pomposamente autodenominado de transformación, cuando solamente fueron testigos de palo de las decisiones unipersonales de su jefe. muchas veces eran los últimos en enterarse de decisiones de su absoluta competencia, simplemente porque su jefe en su clásica mañanera había hecho alusión a sus atribuciones.

Por ello, es que a nadie le interesa la interpretación de los cambios en el gabinete de los líderes autócratas, en el fondo son absolutamente irrelevantes, hay anécdotas en el gobierno de Trump en los Estados Unidos de que pasaban semanas o meses con áreas acéfalas, y nadie reparaba en ello. No se notaban.

En el gobierno de López Obrador, es exactamente lo mismo, podrá estar Graciela Márquez en Economía o Tatiana Clouthier, o podrá no estar Olga Sánchez en Gobernación y podrán pasar muchas semanas y no pasa nada.

Lo gobiernos de estas características, construyen la propia irrelevancia de su gobierno, al no hacer política pública, y ser la integración de sus gabinetes la expresión de su estado de animo, o de su querencia, o de su desmesura. Al final son gabinetes sin expectativas, sin mensajes, sin mapa de ruta, sin previsiones de corto plazo, sin tareas especificas, por ello es que la promoción personal es el incentivo único que los sostiene a permanecer en su inocua tarea.

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