El golpe blando del ejército que hizo recular a la 4T

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Parafraseando al Papa Francisco, cuando se refiere a aquellos que han hecho de la pandemia del coronavirus, se puede decir que ya probó la 4T las mieles de vivir en su pequeño mundo de intereses, su pequeño nicho de prejuicios dogmáticos; esto respecto del asunto del General Cienfuegos y su extraña repatriación que hizo el gobierno de los Estados Unidos a petición del gobierno de López Obrador bajo el argumento de que en México se realizaría la investigación pertinente y, según fuera el caso, se procedería en consecuencia, dando cauce al golpe blando que sintió López Obrador de sus principales aliados en su gobierno y el pilar de su frágil gobernabilidad.

Lo primero, es que López Obrador se tuvo que tragar sus palabras iniciales, respecto de que la detención del General mostraba la podredumbre en las que estaba convertido los gobiernos neoliberales y la perniciosa relación de complicidad entre las autoridades y los cárteles del narcotráfico upss y luego remató diciendo que en estas investigaciones el gobierno norteamericano no tendría porque avisar a sus contrapartes upss y finalmente reiteró que solamente estarían atentos al desarrollo de la investigación para que se le respetaran sus derechos humanos, pero que no tendrían ninguna injerencia por aquello de la no intervención en asuntos internos de otros países upss.

Esto es una muestra clara de cuando se es presa de sus propios dichos y de su narrativa, que no permite el mínimo espacio para la ponderación y la postura reflexiva. Algunos dirían que no es lo mismo ser político de templete a ser político de grande ligas y menos en una coyuntura tan compleja como lo actual.

Evidentemente, frente a la detención la respuesta inmediata del cuerpo militar en el país fue la preocupación sobre el destino de su General, en el más amplio sentido del cuerpo que les caracteriza y sobre todo, la extrema vulnerabilidad a la que estarían expuestos de ahora en adelante en el cumplimiento de sus funciones por parte de gobierno extranjeros. Sentaba un precedente extremadamente peligroso para el ejército y de facto auspiciaba una mayor intervención ilegal en el país a los labores ya de por si controvertidas que siempre realiza la DEA. Esto precisamente no lo vio el presidente que tampoco conoce el profundo sentido de solidaridad en el cuerpo militar en todo el mundo.

La respuesta, independientemente de la solidez de las pruebas contenidas contra el general Cienfuegos, asunto que no es menor porque, sin conocerlas tengo severas dudas al respecto, fue de una presión directa e indirecta para que López Obrador diera inicio a una seria negociación diplomática a través de los buenos oficios del canciller Ebrard, para recuperar al general, así como la dignidad y confianza de las fuerzas armadas en el país. La presión fue real, y necesaria para hacer comprender el Ejecutivo que en esta travesía van juntos, la 4T y el ejército, y una afrenta a ellos es una afrenta a López Obrador, y el General Cienfuegos va en el paquete.

La negociación con el gobierno de Trump, seguramente no fue fácil, pero sin duda ayudó la transición política que se vive en ese país. Estamos en el interludio de mayor debilidad política del gobierno y eso facilitó la negociación. Se logró el objetivo central y ya después Dios dirá, ahora que se sienten con el gobierno del Biden se planteará el compromiso y seguramente se cambiará la narrativa y los términos de los acuerdos que se tuvo con el gobierno de Trump.

Se confirma lo dicho por varios, el gobierno de la 4T solamente es receptivo a las presiones de dos entes institucionales que los ponen a temblar, a corregir o a recular, o todo al mismo tiempo, y según sea el caso: el gobierno de los Estados Unidos y el stablisment militar en el país, y más en el gobierno civil más militar que hemos tenido en la historia reciente del país.

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