¿De algo sirvió el confinamiento social?

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Después de más de tres meses de confinamiento social, del cierre de empresas, negocios, escuelas, gobiernos; todo bajo el argumento del subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, que de esa manera evitaríamos el contagio, el desbordamiento de los hospitales y sobre todo un número considerable de muertes, podemos llegar a dos conclusiones preliminares: el costo económico ha sido enorme para todo el país, en todos los sentidos, inversión, consumo, producción, empleo etc. frente a un número muy elevado de contagios 268,008 y sobre todo, con más de 32 mil muertes.

Evidentemente el razonamiento lógico sería, pero pudieron ser muertes pero eso ya entra en un escenario especulativo que no es mi objetivo construir; lo evidente y medido en función de costos y resultados es que el confinamiento social no tuvo los resultados que se esperaba y el costo para el país ha sido y será altísimo, sobre todo en número de fallecidos como de impacto a las principales variables económicas y su consecuencia en la economía familiar.

Al final, la impresión clara y objetiva es que la administración de la pandemia por cualquier ángulo que se le vea ha sido un desastre.

La autodenominada 4T no ha sido capaz de administrar una sola política pública de manera eficaz y con resultados positivos, sean en materia de seguridad pública, sea en materia de política energética, ya no digamos en materia de salud pública; no tiene los cuadros preparados para ello y reniega de todos los enfoques técnicos que permiten llegar a resultados óptimos.

El manejo de la pandemia pinta de cuerpo entero a esta nueva administración: contradicciones, falsas poses institucionales, manejo irresponsable de la información, utilización de la propaganda para intimidar las voces críticas, incapacidad para reconocer errores y deficiencias, ideología antes que pragmatismo, y todo un caudal de mentiras que a fuerza de repetir han querido convertir en medias verdades.

Y mientras tanto, el avance de la pandemia continúa como un cáncer social, debilitando los cimientos la concordia y la confianza social.

Jamás nadie pensó que un virus de esta naturaleza nos fuera a hacer tanto mal, en el peor momento.

La avidez de querer mirar la luz al final del túnel nos sostiene y al mismo tiempo nos alienta de que en algún momento se superará esta crisis, pero alguien deberá asumir las consecuencias de sus decisiones, evidentemente nadie estaba preparado pero sólo algunos aprendieron sobre la marcha, y no fue nuestro caso.

La economía mexicana y las expresiones de su flaqueza continúan, no tocamos fondo y menos aún tenemos claro cómo nos vayamos a reponer de todo esto, pero una cosa si ha sido muy clara, después de tantas semanas de encierro no sentimos que haya sido suficiente, el temor y la angustia continúa y la zozobra nos quita horas de sueño.

Que lastima que, a pesar de todo el capital social desplegado para constreñir el mal, sepamos ahora que sigue allí, al acecho y que nadie será capaz de al menos hablar con la verdad, porque les avergüenza saber que terminaron igualmente timados.

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