¿Traerá la crisis económica una reconfiguración del sistema financiero mexicano?

Si bien para muchos jugadores representará una oportunidad, para otros significará un riesgo

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Esta semana, el FMI ajustó a la baja sus pronósticos de crecimiento económico para 2020 y 2021. A nivel mundial, para 2020, la caída del PIB pasó del -3%, en abril pasado, al -5.4%; EUA del -5.9% a -8%, mientras que en México pasamos de una caída prevista del -6.6% al -10.5%. Para 2021, el pronóstico para la economía mundial pasa del 5.8% al 5.4%; EUA del 4.7% al 4.5%, mientras que para México consideran una ligera recuperación al pasar del 3% al 3.3%.

De acuerdo con la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo del INEGI, el confinamiento sacó a 12.5 millones de mexicanos del mercado laboral sólo en el mes de abril, y de ellos, 10.4 millones se ocupaban en el sector informal. Si bien dentro de la población más vulnerable figuran los informales, son los trabajadores independientes y aquellos que se desempeñan en el sector formal quienes están en riesgo de dejar de pagar sus créditos con la banca comercial y otras instituciones financieras, por lo que, recientemente, el Banco de México, en su Reporte de Estabilidad Financiera del primer trimestre, alertó sobre una mayor morosidad en el crédito al consumo.

De acuerdo con datos de la CNBV, el sistema financiero mexicano regulado y orientado al crédito está compuesto por 51 bancos, seis bancos de desarrollo, 35 casas de bolsa, 195 cajas y cooperativas de ahorro y crédito popular, 84 uniones de crédito, 46 Sofomes ER y 21 almacenes generales de depósito y casas de cambio, los cuales manejan 13.6 mil millones de pesos en activos. De estos, la banca comercial y la banca de desarrollo representan el 88%, mientras que el sector de ahorro y crédito popular, con sólo el 1.4% del total de las entidades, representa, en activos, el 5%, pero atiende dentro del país a cerca del 20.6% de la Población Económicamente Activa.

A nivel macroeconómico, la crisis económica generada por el Covid-19, políticas públicas erradas y una eventual degradación de la calificación soberana de México (posible pérdida del grado de inversión) generarán una profunda recesión y un colapso crediticio y en la liquidez de las empresas sobre todo, ya que todos los motores de la economía están siendo afectados (manufactura de exportación, consumo, inversión, turismo y remesas), aunque la velocidad y capacidad de recuperación de cada sector será diferente.

El financiamiento va a ser fundamental dentro del proceso de recuperación económica de nuestro país, tanto por el lado de los individuos como por el de las empresas al ser proveedores de productos y servicios fundamentales en el funcionamiento de la economía, por lo que las decisiones que tome el sistema financiero incidirán de distintas maneras entre sus clientes.

El sistema financiero mexicano inició la pandemia con una posición de capital y liquidez sólida, elementos de gran importancia para enfrentar un entorno de debilidad económica y sostener el financiamiento a empresas y hogares. Sin embargo, los bancos, preocupados por el riesgo de que las empresas y los individuos no les puedan pagar, anunciaron, a finales de marzo, programas a sus acreditados para brindar facilidades de diferimiento parcial o total del pago de capital e intereses tanto en créditos para empresas como en créditos a personas físicas.

La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) publicó recientemente las cifras al cierre del primer trimestre de 2020 para el sector. Los niveles de capitalización (16.3%), la rentabilidad (14.1% de ROE) y la salud de la cartera (IMOR de 2.3%) muestran un sector aún sólido. Sin embargo, algunos de estos indicadores ya manifiestan, para el primer trimestre del año, una tendencia desfavorable, como lo es un ligero incremento en el Índice de morosidad (IMOR) y una ligera disminución en la rentabilidad, aunque estos indicadores están aún lejos del punto más bajo observado tras la crisis financiera del 2008.

De acuerdo con la Canacintra, el 50% de las micro y pequeñas empresas enfrentaría problemas de liquidez a mediados de mayo, y si consideramos la Encuesta BFA Global, los mexicanos sólo tienen una reserva de cuatro semanas para cubrir gastos esenciales, razón por la que los bancos en México deberán, por lo tanto, tomar una serie de acciones estratégicas que tendrán implicaciones de cara a distintos stakeholders (clientes, autoridades, empleados y accionistas) tanto en el corto y mediano plazo, para dar confianza y estabilidad durante la pandemia, como en el largo plazo.

La severidad y duración de la crisis es aún incierta y los problemas de liquidez pueden ser sumamente altos para empresas en sectores impactados, así como entre los individuos cuyas fuentes de ingreso se han visto más afectadas. Adicionalmente, la crisis económica hará que las instituciones financieras sean más prudentes en el otorgamiento del crédito; seguramente solicitarán mayores garantías y el acceso al financiamiento será más limitado.

Si bien la mayor parte de las instituciones financieras comenzó a enfrentar la crisis en una posición financieramente sólida, algunos participantes en el mercado se encuentran en una situación más comprometida que puede agravarse en el muy corto plazo, sobre todo en uniones de crédito y el sector de ahorro y crédito popular. La agilidad y flexibilidad con la que los diferentes jugadores hagan frente a la coyuntura será determinante, pudiendo algunos, incluso, salir fortalecidos de la misma.

Es también un momento en el que los esfuerzos de una transformación digital e innovación en el sector cobran más relevancia y se vuelven una necesidad urgente. Las interacciones remotas con los clientes son, en este momento, indispensables y, en el futuro, las mejores experiencias de atención y servicio por medios digitales serán las que ganen la preferencia de los clientes. Ello definirá qué bancos logran operar de manera más eficiente reduciendo los altos costos de los canales tradicionales y alcanzando una mayor cobertura geográfica.

En ese sentido, es muy probable que la crisis del Covid-19 haga que el sector bancario en México se reconfigure en el corto plazo. Para muchos jugadores, eso representará una oportunidad, y para otros significará un riesgo de no continuar como hasta ahora. En toda crisis sobrevive el más fuerte o, bien, el que tuvo la mayor capacidad de adaptación, así que es de esperarse que se presenten algunas fusiones de entidades financieras que permitan, por un lado, hacerlas más competitivas, así como sacar del mercado a aquellas que son poco eficientes o que dejarán de ser rentables por tener una concentración de cartera en sectores que, sin duda, tendrán que enfrentar una crisis más larga de recuperación.

 

* En Lengua Tarahumara (Rarámuri), este vocablo designa una tradición de compromiso social basada en la ayuda y el apoyo mutuo en situaciones de apuro o crisis

 

 

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