Salvador Cienfuegos: cómo intervenir un teléfono mexicano

En sus oficinas de la Sedena, ya siendo secretario, seguramente el general se preguntaba inquieto: “¿Cómo le haré para arruinar una carrera que inicié en 1964 y a la que he dedicado mi vida entera?”

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General Salvador Cienfuegos, detenido hace dos semanas en Los Ángeles. Para regular esos temas hay un acuerdo secreto firmado entre México y EU, vigente desde el 3 de julio de 1992.

> No suena muy lógico que el ex titular de la Defensa, un experto en combate urbano y que fue responsable de cazar la delincuencia organizada en Guerrero, la CDMX y el Estado de México, no fuera más precavido: Pero, bueno: la DEA sabe lo suyo

LAS FECHAS Y LOS ACTORES

Hay que organizar un poco las fechas en que Salvador Cienfuegos y Juan Francisco Patrón Sánchez, “H2”, tuvieron una “acción concertada” (palabras eternas de Miguel Montes García) para introducir narcóticos a tutiplén en territorio estadounidense.

Cienfuegos fue secretario de la Defensa del 1 de diciembre de 2012 al 30 de noviembre de 2018. Y la organización Beltrán Leyva (emprendida por los hermanos Arturo, Carlos, Alfredo y Héctor) funcionó como tal desde 2008 y terminó con la captura de Héctor, el 1 de octubre de 2014.

Así, la dirección de Juan Francisco Patrón Sánchez, “H2”, inició en noviembre de 2014 y terminó en febrero de 2017, cuando el nuevo líder criminal murió en un encontronazo con la Marina Armada, en Tepic.

De 1997 a 2000, Cienfuegos fue director del Heroico Colegio Militar; después fue subjefe de Doctrina del Estado Mayor y en 2005, comandante de la Quinta Región Militar (Jalisco, Colima, Nayarit, Zacatecas y Aguascalientes).

Fue comandante de la Novena Región Militar con sede en Guerrero, entre 2007 y 2009. Cuando Enrique Peña Nieto era gobernador del Estado de México, Cienfuegos era comandante de la Primera Región Militar (Distrito Federal, Estado de México, Hidalgo y Morelos).

Posteriormente, fue comandante de la Séptima Región Militar (Chiapas y Tabasco). Considerando estos datos, Cienfuegos estuvo en Tuxtla Gutiérrez cuando el gobernador era Juan Sabines Guerrero; es decir, entre 2006 y 2012.

Lo anterior supone que si el “H2”, estuvo en el pináculo de la organización Beltrán Leyva entre noviembre de 2014 y febrero de 2017, sí coincide con la estancia de Cienfuegos en Lomas de Sotelo (1 de diciembre de 2012 al 30 de noviembre de 2018).

La acusación de la DEA menciona que los delitos cometidos por Cienfuegos se dieron en algún momento de 2015 a 2017 y que comenzó a investigarlo en 2017, algo que tiene cierta lógica ya que, si el documento en que se basó su detención es de agosto 2019, si acaso tuvieron dos años para avanzar en sus pesquisas (2017 y 2018).

Si Cienfuegos salió a finales de 2018 y el “H2” murió en 2017, el apoyo del militar tuvo que ser entre diciembre 2015 y febrero 2017. Hasta ahí, todo concuerda. Y, sin olvidar que la DEA no incluyó al “H2” en sus informes anuales de 2014, 2015 y 2016. Al “H2”; lo apuntaron en su informe de 2017… cuando ya había fallecido.

Ahora viene el ejercicio de estirar la liga a ver si tiene sentido el que Cienfuegos hablaba por teléfono, de todo y sin medida.

SALVADOR, EL VAPOROSO CRIMINAL

Pocos han reparado en las condiciones para que la DEA se pusiera a escuchar, golosamente, “miles” de mensajes del general Salvador Cienfuegos, trazando con el “H2” planes malignos y sobre todo, sustentados en un criterio de utilidad a inmediato plazo.

En sus oficinas de la SEDENA, ya siendo secretario, seguramente Cienfuegos se preguntaba inquieto: “¿Cómo le haré para arruinar una carrera que inicié en 1964 y a la que he dedicado mi vida entera?”, se preguntaba el calladísimo exalumno del Colegio Williams.

Ingenuo, Cienfuegos no había cazado insurgentes ni criminales en medio México ni tenía experiencia en intervención de telecomunicaciones. Menos aún, sabía que sus compañeros de la Marina Armada tenían el equipamiento y capacitación para escucharlo. Ni sus enemigos al interior de Lomas de Sotelo.

Ya no se diga que le importaba un bledo a Cienfuegos si la NSA, la DEA o la CIA escuchaban sus conversaciones con los cárteles: los egresados del CESNAV le tenían sin cuidado y sus antenas interceptoras las consideraba un adorno navideño o algo así.

Vamos, ni sospechaba siquiera que el CISEN y algunos funcionarios del gobierno de la Ciudad de México tenían la infraestructura para intervenir sus llamadas y menos sus mensajes. Rodeado de marmolea candidez, Cienfuegos se entregaba a dar órdenes y producir desórdenes, con su amigo secreto, el “H2”.

¿Para qué tratar con capos de mayor nivel (y no con un personaje de menor calado) o por qué no enviar mensajeros al “H2” para no arriesgarse a ser escuchado? Pues, porque seguramente Cienfuegos confiaba en que los que lo escuchaban, estaban sordos.

Cienfuegos era práctico: si se ponía a arreglar movimientos de narcóticos y recepción de maletas con dólares (en la actualidad, el outfit de la tranza son las bolsas de papel estraza y el control de los dineros en una Biblia negra), no tenía sentido encriptar un BlackBerry.

Cienfuegos no siguió los ejemplos mafiosos de cómo no ser intervenido: Ismael Zambada no usa teléfonos, sino docenas de mensajeros y, en su momento, Osiel Cárdenas hacía que su célebre valet, “Paquito”, cargara todo el tiempo con treinta celulares que usaba una vez al mes.

La realidad es que no suena muy lógico que Cienfuegos, un experto en combate urbano y que fue responsable de la caza contra grupos de la delincuencia organizada en Guerrero, la Ciudad de México y el Estado de México, no fuera más precavido, pero bueno: la DEA sabe lo suyo.

Habrá que esperar las filtraciones a medios estadounidenses y los corresponsales amigos de la DEA en México (muy pocos, pero ruidosos, por cierto) que subirán por Twitter pedazos de conversaciones entre Cienfuegos y “H2”, acordando la entrega del numerario para el militar.

Y después, vendrán las detenciones con fines de extradición de docenas, de unos 15 militares que trabajaron con Cienfuegos para subirle la llama a la hoguera electoral 2021.

Ya lo ha dicho el informadísimo Señor del Tafil: “la DEA entraba como Juan por su casa”. No exactamente, en realidad: no se meten, están aquí y no se han ido. A su loft capitalino se le conoce en el ambiente como “Intelligence Megaplex”. El señor de los narcolépticos seguro ignora que en la azotea de ese edificio, tienen antenas para grabarle hasta su respiración.

JUAN, EL VIGILANTE

El sistema de intervención de comunicaciones de los Estados Unidos a un país extranjero tiene una normatividad básica. Y no es exactamente la DEA quien tiene el poder tecnológico para efectuar una intervención a distancia, sino la NSA.

La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) no solamente dispone de la infraestructura para darle seguimiento a miles de números telefónicos; en cierta forma, solo tiene que pedir al proveedor que le dé lo que necesita: Google, Facebook y Skype son algunos de sus trabajadores obligados.

BlackBerry tiene también la obligación de darle la información que requiere, vía el muy conocido recurso jurídico “Título III”, que se emplea en la jerga de Inteligencia para ordenar el seguimiento a un número telefónico extranjero.

Existe el “Procedimiento usado por la Agencia de Seguridad Nacional para Personas No Originarias de los Estados Unidos, con Motivos Razonables para Localizarse Fuera de los Estados Unidos, para Conseguir Información Extranjera de Inteligencia de Acuerdo a la Sección 702 del Acta de Vigilancia de Inteligencia Extranjera de 1978”, que en diez páginas reglamenta el procedimiento y cuya copia desclasificada (en inglés) puede conseguirse.

El “Acta de Vigilancia…” se conoce coloquialmente como FISA y para que pueda operar apropiadamente hay un grupo de jueces especializados en el tema, aglutinados en un ente llamado “Foreign Intelligence Surveillance Court” que a la fecha tiene diez togados y un presidente, éste último ubicado en Washington, D.C. y cuyo encargo expira el 18 de mayo de 2021.

Este grupo de jueces tiene sus reglas básicas, llamadas “United States Foreign Intelligence Surveillance Court Washington, D.C. Rules of Procedure”, vigentes desde el primero de noviembre de 2010.

Por supuesto, tal normatividad está vinculada a la “Patriot Act”, que regula un complejo mecanismo de acciones justificadas desde los atentados del 11 de septiembre. Lo anterior significa que Cienfuegos fue vigilado conforme a derecho de las leyes estadounidenses, pero violatorias, según los acuerdos binacionales.

Hay un Acuerdo secreto firmado entre autoridades estadounidenses y mexicanas para regular estos temas, vigente desde el 3 de julio de 1992. Que el Barón del Tafil no sepa, pueda o quiera aplicarlo, ya es otro asunto. Pero el mensaje queda: una de las cláusulas de ese Acuerdo se aplica al caso de Cienfuegos. En Tlatelolco sabrán de qué hablo.

EL PAGO DEL DIABLO

A Salvador Cienfuegos, los servicios que hizo a las dieciséis agencias le fueron pagados por el diablo, con la ingratitud correspondiente. Dicen los que saben que el show en su contra se ha hecho, en buena parte, por motivos electorales en ambos lados de la frontera.

Los 14 millones de pesos que Cienfuegos puso sobre la mesa y que representan el remate de su patrimonio, no alcanzan ni para el primer año de juicio, pagando un despacho de abogados del más alto nivel.

Cienfuegos es un peligro para Estados Unidos y por eso no le permitieron salir de prisión y seguir en libertad su procedimiento. Soltar a un hombre mayor en un lugar que no conoce, extranjero y poco hábil con el inglés, es garantía de que salga del país de inmediato: seguro, sus socios criminales lo rescatarían en un helicóptero, un papalote o un globo aerostático.

Ante tanta viscosidad, cabe pensar que tanto a Genaro García Luna, como a Cienfuegos, los estadounidenses los elogiaron y cuando ya no fueron de utilidad, los desecharon. El graderío no entiende que los Estados Unidos no tienen amigos, sino intereses.

Los palafreneros del régimen ya están vociferando que viene un desfile de militares que caerán por sus nexos con la delincuencia organizada: quince generales que trabajaron con Cienfuegos encabezan la lista, ya filtrada, pero en espera de la señal para divulgarse.

Por supuesto, en la cocina electoral 2021 no puede faltar Omar García Harfuch, a quien le atribuyen participaciones inconfesables en tranzas policiacas, apoyos a distintos grupos criminales y por qué no, en el caso de Ayotzinapa. Eso sin contar que solo a él se le ocurre no morirse en el atentado que sufrió con su escolta. ¿En cabeza de quien cabe no morirse?

HACIA DÓNDE MIRAR

La caja china ha funcionado notoriamente en un país de corta memoria: mientras la gobernabilidad se destruye a nivel sistémico, hay que inventar escándalos todos los días. Es menester reír patológicamente cuando se habla de violencia y ocultar la fábrica de muertos que es la pandemia y el baño de sangre de 100 asesinatos al día.

Ocultar 200 mil muertos por el COVID-19, el avance frenético de CJNG, 100 homicidios diarios, las tranzas familiares, los negocios ocultos y dos docenas de miles de cargos por elección popular en 2021 valen esto y más. Sin embargo, hay un inconveniente: Coahuila e Hidalgo ya hablaron.

Harto de su propia democracia, López Obrador dio el manotazo para que Mario Delgado entrara a arreglar el desastre que el tabasqueño permitió y toleró. Delgado encarna el salario del miedo: si se equivoca, descarrila a Marcelo Ebrard; si lo hace bien, empoderará de paso a otros aspirantes ajenos al Canciller. Delgado migrará de la economía a las artes circenses, las de la cuerda floja.

Si la detención de Cienfuegos y todo lo anterior no suman un ejemplo de nado sincronizado entre las elecciones estadounidenses y las de México, es demasiada coincidencia.

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