Rutilio Escandón: Proyecto visionario del Presidente

Tren Maya sin viabilidad turística ni desarrollo

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El 24 de noviembre de 2019 estuvo en el estado de Chiapas el director del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), Rogelio Jiménez Pons.  En presencia del funcionario federal, el gobernador Rutilio Escandón destacó que el Tren Maya es un proyecto visionario del presidente López Obrador destinado a detonar el turismo y a proteger las riquezas naturales de los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

En otra de las “visionarias” disertaciones del doctor Escandón, aseguró que el Tren Maya es el proyecto más importante en materia de turismo en el sur-sureste para propiciar el desarrollo económico, el cuidado del medio ambiente y los recursos naturales.

Sólo que las predicciones se oponen a la realidad. El año pasado, México registró un crecimiento negativo, por abajo del cero por ciento, en tanto que, a la par, Chiapas fue en reversa, con menos del 2 por ciento de crecimiento económico, nula inversión pública y una pavorosa inseguridad en la capital, Tuxtla Gutiérrez, Tapachula y en todo el estado, a pesar de los malabares retóricos y las frustradas predicciones del Fiscal General del estado en retiro Jorge Luis Llaven Abarca.

Todo esto sucedía en tiempos en que la pandemia todavía no afectaba gravemente la economía nacional, con un descenso de más del 10 por ciento del Producto Interno Bruto. Es necesario que en vez de Tren Maya se dedique suficiente dinero para salvar vidas humanas que por negligencia e improvisación se han perdido.

Lamentables, además, los demagógicos pronunciamientos del director del Fonatur, Jiménez Pons, cuando aseguró que la construcción del Tren Maya estará sujeto a una consulta indígena, en la que, por un lado, se votará como ciudadano y, por el otro, como grupo étnico. Ridículo el planteamiento de entonces del funcionario, que sólo vino de paseo a Chiapas, ya que la suma de los votos de cada indígena será el voto colectivo de las etnias de los cinco estados.

Para justificar una obra innecesaria se recurrió a los más insólitos montajes. Recuérdese cuando en diciembre de 2018 se llevó a cabo aquélla memorable parafernalia con el cuento de la participación de las  etnias de los cinco estados del sur y pedir permiso (sic) a la Madre Tierra para la construcción del Tren Maya, en un acto de simulación revestido de muy poca seriedad. Los pronunciamientos y las imposiciones posteriores de López Obrador evidenciaron que, con o sin consulta, el Tren Maya ya estaba decidido, como lo estaba Santa Lucía y el casi fallido proyecto de Tres Bocas.

López Obrador estuvo en Chiapas apenas el pasado 20 de diciembre y otra vez magnificó una obra que ha sido seriamente cuestionada por quienes de verdad sí saben sobre medio ambiente, preservación de flora y fauna e infraestructura ferroviaria de comunicaciones y transportes.  Por el contrario, el presidente AMLO urgió a los constructores a acelerar las obras en cada uno de los tramos del Tren Maya bajo la responsabilidad del cuerpo de ingenieros del Ejército, bajo el mando del ingeniero residente, General y Comandante del Agrupamiento Santa Lucía, Gustavo Vallejo Suárez.  Y para quedar bien con el verde olivo destacó que las Fuerzas Armadas “seguirán contribuyendo al progreso del país en apoyo a obras sociales de desarrollo”, aun cuando su función sea de seguridad nacional.

Rutilio Escandón nada nuevo aportó en su deteriorada oratoria.  Sin el más mínimo conocimiento de lo que realmente es y representa el Tren Maya, hizo el mismo recuento de 2019, más proclive a congraciarse con su jefe López Obrador que a tener un conocimiento cierto y sólido de una obra con tintes de fracaso anticipado.

Sólo un atisbo de lo que el doctor Escandón expresó para estar a tono con la voluntad presidencial: “Este proyecto visionario (sic) que impulsa el mandatario federal no sólo abre nuevas perspectivas en el cuidado y preservación de las bellezas naturales, el medio ambiente, la ecología y la biodiversidad, sino que es una obra que da justicia social (pácatelas), genera empleo y traerá avance económico para los distintos sectores productivos de la región”.

Por el bien de Chiapas, de su gente y de su patrimonio, ojalá no se equivoque el sedicente Gobernador. Habrá que estar pendientes siempre para señalarle que se pronunció a la ligera e irresponsablemente.  Ahí cerca está, como ejemplo, el fracasado aeropuerto de Palenque, un monumento a la improvisación y a la corrupción del gobierno fallido de Manuel Velasco Coello.

El director del Fondo Nacional de Fomento al Turismo, Rogelio Jiménez Pons, reafirmó su ridícula posición de hace un año: “Este proyecto de 1500 kilómetros de infraestructura ferroviaria que atravesará 40 municipios de 5 estados era un viejo anhelo regional que hace 43 años se llamó Ruta Maya, y hace 30 Mundo Maya, en el que se realiza un trabajo de desarrollo integral incluyente”.

La desinformación y la ignorancia supina del funcionario son evidentes.  En otra ocasión  que no hay desarrollo integral bajo la improvisación y lo que en realidad se pretendía con la Ruta y el Mundo Maya.

Hay varios argumentos que permiten inferir la escasa viabilidad del Tren Maya, a la par de la afectación y destrucción ecológica de la flora y la fauna.  Según Andrés Manuel, el Tren Maya cambiará el futuro de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, gracias a la construcción de 1500 kilómetros de vías férreas con una inversión de 150 mil millones de pesos.

Entre las virtudes destacadas por el jefe del Ejecutivo Federal está un impulso sin precedente a la economía nacional, con un aumento récord a los 10 millones de turistas que anualmente visitan la zona costera, hasta llegar al mayor destino turístico del sur-sureste: Cancún, Quintana Roo.

De la biodiversidad, López Obrador ha dicho que se conservará íntegramente.  Ni un solo árbol se va a derribar y, por el contrario, con el programa “Sembrando Vida” se plantarán árboles frutales y maderables en un millón de hectáreas, con un beneficio de empleos permanentes a 400 mil campesinos con jornales bien pagados. Hasta hoy se está en espera de esos beneficios, pero se trata no sólo de evitar la tala de árboles y sembrar un millón de hectáreas, sino de las graves afectaciones a la inmensa riqueza que representa la flora y la fauna de  cinco estados. Destacan el jaguar negro, símbolo de Chiapas, los monos araña y una variedad incuantificable de mamíferos y reptiles destinados a su dispersión, su disminución o su extinción como macabra contraparte del Tren Maya.

Un factor fundamental que no se podrá remontar es la inmensa infraestructura disponible en los 5 estados destinatarios del paso del Tren Maya.  Geográficamente, Tabasco tiene una posición privilegiada como puerta de entrada y salida de la península con el resto del país y comunicado con 10 vuelos diarios a la Ciudad de México, magníficas carreteras y un suficiente presupuesto federal y estatal para sus apenas 17 municipios en una orografía privilegiada.

Cancún es destino turístico nacional e internacional, con vuelos directos a Europa y Estados Unidos, pero, además, hay una multitud de opciones de transporte terrestre a las ciudades mayas y áreas naturales. ¿De dónde sacan, entonces, que el Tren Maya será el detonador del desarrollo? Y además integral.  Si no fracasa, cuando mucho será complementario y subsidiario de las actuales opciones turísticas.  Ampliaremos…

 

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