Richard Nixon, primer y único presidente obligado a abdicar del cargo

*‘Watergate’, uno de los casos más relevantes de la libertad de expresión y del periodismo de investigación *Donald Trump, ¿segundo presidente en camino de renuncia?

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Cuando los reporteros del The Wahington Post, Carl Bernstein y Bob Woodward, destaparon el escándalo ‘Watergate’, nadie pensó que el reportaje de ambos periodistas culminaría con la renuncia de Richard Milhous Nixon, presidente de Estados Unidos.

Se trata, seguramente, de uno de los casos más relevantes de la libertad de expresión y del periodismo de investigación.

Allá, en la Unión Americana, la certeza en las graves imputaciones al mandatario del país más poderoso del mundo, obligaron a poner en movimiento al Congreso de los Estados Unidos para determinar si el presidente Nixon había ordenado espiar al Partido Demócrata con el propósito de facilitar su reelección en las elecciones presidenciales de 1973.

Richard Nixon consiguió un segundo periodo a un costo muy alto, al ser pillado con las grabaciones que comprobaron el espionaje telefónico perpetrado en contra de sus rivales demócratas.

El episodio de la democracia norteamericana resultó fantástico al poner de manifiesto el peso del Congreso de la Unión, en un auténtico equilibrio de Poderes, en donde el Legislativo, en funciones de verdadera representación nacional, controlaba y sometía al mandato de la Constitución los excesos del Poder Ejecutivo.

Al presidente Nixon se le obligó a entregar las grabaciones que sus espías capturados habían obtenido ilegalmente en el edificio ‘Watergate’, sede del Partido Demócrata, además de comprobársele que el espionaje había sido financiado con fondos del Comité para la reelección del presidente Nixon.

Lo que siguió fue de antología y ejemplo de democracia para México y las dictaduras latinoamericanas.

Cuando al presidente Nixon se le presentó el texto de su renuncia, el hasta entonces poderoso republicano apenas alcanzó a balbucear: “Y qué pasa si no renuncio”.

El mensajero del Senado norteamericano previno al todavía jefe del Poder Ejecutivo: “Está usted en todo su derecho señor Presidente. Si usted renuncia, por su alto rango, no se procederá en contra suya, además de que el vicepresidente Gerald Ford se ha comprometido a no iniciar ningún juicio en su contra cuando asuma la presidencia de nuestro país”.

Pero enseguida el portavoz advirtió: “Como se le acusa de obstruir la acción de la justicia en el caso ‘Watergate’, si usted no renuncia, mañana mismo el Congreso de la Unión le iniciará impeachment (acusación formal), y de encontrarlo culpable terminará usted en la cárcel”.

En ese momento Richard Nixon firmó su renuncia y se convirtió en el primer presidente que no alcanzó a completar el periodo para el cual había sido reelecto.

El espionaje es uno de los actos más detestables en un sistema democrático, porque atenta en contra de la privacidad y la seguridad de los ciudadanos, además de que se realiza con fondos públicos.

En México se descubrió y comprobó un amplio operativo de espionaje denominado Pegasus, un programa adquirido a la empresa israelí NS0 Group, y sólo utilizado por el gobierno federal, supuestamente para preservar la seguridad nacional.

Se desactivó cuando se supo que era dirigido en contra de periodistas incómodos, críticos, opositores y defensores de derechos humanos.

A pesar del cúmulo de evidencias nada pasó y hasta hoy está en el olvido.

En cambio en los Estados Unidos de nuevo el presidente de la República, hoy Donald Trump, se encuentra en el centro de las investigaciones judiciales por sus nexos con el gobierno ruso durante la campaña presidencial de 2016.

En remembranza y evocación, del ‘Watergate’ nixoniano de 1973, este escándalo adoptó el nombre de ‘Rusiagate’.

El ‘Rusiagate’ anuncia ya para el presidente Trump un procedimiento de impeachment. De resultar responsable, ni su fortuna de 8 mil 700 millones de dólares ni el poderío que representa el Poder Ejecutivo estadounidense, serán suficientes para mantenerlo en el cargo y relevarlo de toda culpabilidad.

Así, Donald Trump está en camino de convertirse en el segundo presidente obligado a abandonar el cargo por actos ilícitos durante la campaña presidencial de 2016 que, entre otros delitos, constituyen una conspiración abierta en contra de la seguridad de los Estados Unidos.

La cercanía de los acusados con el presidente Donald Trump evidencian el beneplácito y la autorización del entonces candidato republicano para establecer nexos ocultos con el gobierno de Vladimir Putin que finalmente fueron determinantes para convertirlo en el presidente número 45 de los Estados Unidos.

A diferencia de México, en donde las investigaciones sobre corrupción y otras actividades ilegales de altos funcionarios son amañadas y toleradas, la indagatoria de la intervención rusa en la elección presidencial de 2016 va de verdad en serio.

Oficialmente dos cercanísimos colaboradores de Donald Trump se encuentran sujetos a proceso criminal: Paul Manafort, estratega de la campaña electoral de Donald Trump, hombre clave para que su jefe resultara nominado candidato republicano a la Casa Blanca, y Rick Gates, estrecho colaborador de Manafort.

Los cargos en contra de ambos no son menores y podrían constituir el grave delito de traición a la patria si se les comprueba que los dos trabajaron para el presidente ucraniano Viktor Yanukovich y  de esa relación Trump resultó beneficiario electoralmente.

La asociación entre presidente y presidente es evidente. Yanukovich es autor de un masivo fraude fiscal por más de 15 millones de dólares,  desde el 2006, y curiosamente concluyó cuando Trump arribó a la Casa Blanca.

Un tercer implicado en la maquinación rusa es George Papadopulus, asesor político exterior del candidato Donald Trump. Se condujo con falsedad ante el FBI, al asegurar que el gobierno ruso jamás intervino en la elección presidencial de 2016 para favorecer al actual presidente norteamericano.

La mentira en Estados Unidos se castiga con cárcel. En México también, pero con la salvedad de aplicarse selectivamente a enemigos del régimen y favorecer a los incondicionales.

Lo malo para el presidente Donald Trump es que los lazos políticos con el gobierno ruso se complican en extremo con los enlaces y vínculos familiares.

Partícipes de la conspiración rusa en contra de la candidata demócrata Hillary Clinton, están el hijo mayor de Trump, de nombre también Donald, y su yerno Jared Kushner, a quienes se les comprobó haberse entrevistado con enviados rusos para obtener datos sensibles en contra de la adversaria Hillary Clinton.

Así, Donald Trump se encuentra en una encrucijada muy severa. Como presidente de la República tiene la facultad de perdonar a sus colaboradores, a su hijo y a su yerno, si se les encontrara culpables. Pero además, el presidente de los Estados Unidos tiene la facultad de  invocar el Privilegio Ejecutivo, un concepto que le garantiza la inviolabilidad de divulgar información considerada peligrosa para el correcto funcionamiento del gobierno federal estadounidense.

Con ello el presidente goza de inmunidad para no  presentar testimonio si esa fuera su voluntad.

Sólo que lo malo para Trump es que si otorga perdón y hace uso del Privilegio Ejecutivo, será la mayor prueba de su anuencia y participación en la conspiración rusa. Ampliaremos…

 

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