Resurgen los intentos de imposición priísta en elección de presidente

De la Escuela Nacional de Economía a la Federación de Colegios Estatales

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Edmund Burke, padre del liberalismo conservador británico. Premisa

Dice Edmund Burke, padre del liberalismo conservador británico: La edad de la caballería ha pasado, y a esta ha sucedido la edad de los sofistas, los economistas y lo matemáticos.  Bajo esa premisa se fundó, en el año de 1929, la carrera de Licenciado en Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Por ese entonces era director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales el licenciado Narciso Bassols, de donde surge, originalmente, la Sección de Economía.

Fue así como, el 20 de febrero de 1929,  118 alumnos dieron vida a la Sección de Economía dentro de la Facultad de Derecho. El primer director fue el ilustre politólogo don Daniel Cosío Villegas, el visionario hombre que en 1972 vaticinó y expresó en su obra “El sistema político mexicano” la forma para la caída del régimen priísta.

Para formalizar la impartición y el conocimiento de la nueva Ciencia económica, entre 1935 y 1938 se designó como primer director y fundador de la Escuela Nacional de Economía al licenciado Enrique González Aparicio.  Bajo su sólida formación académica y capacidad de conducción pasaron por las aulas y la academia  personajes ilustres, de la talla de Jesús Silva Herzog, Antonio Espinoza de los Monteros, Manuel Gómez Marín y Francisco Zamora, entre otros destacados economistas,  y se creó el Instituto Mexicano de Investigaciones Económicas.

Faltaba, sin embargo, un organismo que agrupara a la cada vez más creciente demanda estudiantil por la joven Ciencia económica. Para organizar al gremio, en el año de 1952 surge el Colegio Nacional de Economistas y en 1953 se nombra a su primer presidente: Diego López Rosado.  Lo malo fue que el Colegio nació partidizado, y como parte del sistema político mexicano, en vez de ser un órgano plural, científico y académico.

Sustentan el aserto anterior la abierta intromisión del poder presidencial para nombrar a cada Presidente del Colegio Nacional de Economistas.  La trayectoria y los cargos ocupados por estos personajes así lo evidencian. Guillermo Martínez Domínguez ocupó el cargo de director de Nacional Financiera.  Octaviano Campos Salas, secretario de Industria y Comercio.  Carlos Torres Manzo, primero fue secretario de Industria y Comercio, y después gobernador de Michoacán. Jorge de la Vega Domínguez cursó como gobernador de Chiapas y después secretario de Comercio.  Y Manuel Aguilera Gómez, quien más adelante sería jefe del Departamento del Distrito Federal.

Con la caída del régimen priísta, en el año 2000, se tuvo la oportunidad de hacer el primer ensayo de elección democrática del Presidente del Colegio Nacional de Economistas. De ese proceso electoral surgieron David Colmenares Páramo en el 2000 y Fernando Butler Silva en el 2006, electos mediante el sistema de sufragio universal, libre, secreto y directo.

Dentro del gremio hubo celebración de la primera elección al margen de la voluntad presidencial. Poco duró el gusto de lo que parecía un ejemplo definitivo para las futuras designaciones del presidente de la hoy Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana.

Lamentablemente, en el 2017 se volvió al arcaico priísmo redivivo con la práctica de la imposición para “elegir” al Presidente Nacional de los Economistas.  En ese proceso se apuntaron para participar, entre otros, el actual candidato, Juan Carlos Sierra Boche, con la promesa, a los colegios estatales, de no declinar a favor de nadie y llegar hasta el final de sus aspiraciones.

Más de un colegio de los estados le dio su voto de confianza para inscribirse. Lo malo fue que simultáneamente a su registro dejó pasar y apoyó al actual presidente de la Federación de Colegios de Economistas, Luis Eduardo Lara Gutiérrez. El débil y fútil argumento fue que había de abonar a la unidad del gremio y Luis Eduardo Lara cumplía con esa expectativa.

Salvo en situaciones excepcionales, las candidaturas de unidad, generalmente, son burdas imposiciones sin consenso y sin escuchar la opinión de los integrantes de la organización de que se trate. El mayor activo pregonado para presentar a Lara Gutiérrez como candidato único fue que se trataba de una propuesta de José Antonio Meade, secretario de Hacienda, y que esa circunstancia traería beneficios a la Federación.

Ante esa imposición, el Colegio de Economistas del Estado de Chiapas se abstuvo de participar en un proceso de designación, que llevaba abierta dedicatoria en beneficio de un favorito del desacreditado régimen peñista. Así se lo hicieron saber a los directivos de la Federación de Colegios de Economistas: “Si Luis Eduardo Lara Gutiérrez es el candidato de Meade, precisamente por eso no apoyamos esa candidatura”.

Hoy,  las prácticas impositivas e intimidatorias se multiplican para boicotear al economista con maestría, y doctorado en Administración Pública, José Ricardo Ramírez Brun. Entre las irregularidades y los intentos golpistas de la planilla opositora, con el apoyo de Lara Gutiérrez, se avizoran ya graves intromisiones.

Juan Carlos Sierra Boche está impedido de origen para participar como candidato a la presidencia de la Federación. Ello es así porque no cuenta con los cinco años de actividad gremial exigidos por disposición expresa de la convocatoria.

Participa como vicepresidenta de la planilla de Sierra Boche la maestra Alicia Téllez Sánchez bajo una doble función anormal y caprichosa al continuar como parte de la Comisión Electoral y constituirse en juez y parte.

En el exceso, Luis Eduardo Lara Gutiérrez protagonizó el despido del maestro Juan José Dávalos López como integrante de la comisión electoral bajo el único argumento de apoyar la candidatura de Ramírez Brun cuando Lara Gutiérrez carece de facultades para despedir a cualquier miembro registrado legalmente. Y va de anécdota. En una reunión, Sierra Boche, desde una posición primitiva y fuera de toda urbanidad personal y gremial, retó a golpes a Dávalos López por el solo hecho de no coincidir en opiniones. Esa sería la tónica de la presidencia de Sierra Boche: La agresión y la descalificación en sustitución del debate y el diálogo.

Por todos esos excesos, no compatibles con los principios de la Federación de Economistas, el candidato Ramírez Brun ha planteado dos cuestiones transcendentales:

1.- La participación del doctor Eduardo Andrade Sánchez, director General de Profesiones, para vigilar el proceso electoral y evitar el fraude anunciado. Desde luego, a la planilla “libertad para elegir y opinar” ha causado azoro porque con ello se dificultan maniobras tramposas.

2.- Emplazar a Luis Eduardo Lara Gutiérrez a que renuncie a la presidencia de la Federación y que un presidente interino se convierta en árbitro imparcial y dé certeza a los resultados electorales del próximo 20 de noviembre.

Por lo pronto, el desayuno del 6 de noviembre anterior evidenció la capacidad de convocatoria de José Ricardo Ramírez Brun; 15 de los 27 colegios de la Federación le concedieron su apoyo, entre ellos el del estado de Guerrero, el más grande y numeroso de la República. Ampliaremos…

 

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