Reemplazo en seguridad, ¿Cambio de estrategia?

Una tarea difícil la que Alfonso Durazo deja a su sucesora Rosa Icela Rodríguez. Imposible apartarse del guión del Presidente López Obrador

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Alfonso Durazo. A Sonora sin pena ni gloria.

> Sin pena ni gloria, el sonorense deja como recuerdo el operativo fallido de la detención y liberación de Ovidio Guzmán

> Santiago Nieto declina ir por Querétaro porque, como el presidente, dijo, prefirió priorizar el bien general al personal

Imposible discernir la intención del presidente López Obrador atrás de la designación de Rosa Icela Rodríguez como secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana en sustitución de Alfonso Durazo.

Quizás sea acentuar la política contra el crimen organizado de nada de guerra y seguir cambiando abrazos por balazos o dar oportunidad a Olga Sánchez Cordero de desquitarse de los machistas miembros del gabinete de Seguridad, porque la nueva secretaria de Seguridad será coordinadora del grupo misógino que hasta hoy ha tenido de florero a la secretaria de Gobernación.

Es un tanto desconcertante la designación de Rodríguez porque además de periodista se especializa en asuntos de la tercera edad, tema sobre el cual ha publicado una buena cantidad de libros, cuenta con estudios sobre seguridad pública, seguridad nacional y gobernabilidad. Su experiencia en estos asuntos es mínima, pues estuvo menos de dos años en la Secretaría General de Gobierno de la Ciudad de México, al lado de Claudia Sheinbaum, y un par de meses como coordinadora general de Puerto y Marina Mercante.

Sólo el presidente sabe qué intenta con este movimiento, pero se parece un tanto a la designación de Alfonso Durazo porque el sonorense tampoco tenía idea del tema cuando López Obrador le encargó la Secretaría de Seguridad, quizás sólo lo que escuchaba en las reuniones del gabinete de Vicente Fox y el Estado Mayor Presidencial le permitía presenciar.

Estamos por ver si los misóginos componentes del gabinete de seguridad se dejan coordinar por Rosa Icela y, más importante aún, si se impone a los militares en el mando de la Guardia Nacional, una corporación militarizada envuelta en retórica civil.

Sin pena ni gloria, Durazo se va en busca del voto sonorense; deja como recuerdo el operativo fallido de la detención y liberación de Ovidio Guzmán, pero ahora sabemos que el mérito de dejar en libertad al hijo de “El Chapo” Guzmán -perdón, don Archibaldo- para evitar la muerte de los familiares de los militares que viven en Culiacán, no es suyo, sino del presidente que sin que nadie se lo preguntara rebeló en Cuernavaca que él y nadie más tomó la decisión.

En realidad, Durazo se marcha con pena si nos atenemos a la explicación de Santiago Nieto de por qué él no aceptó ser candidato a gobernador de Querétaro.

Dijo el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera que decidió sacrificar sus aspiraciones porque, como el presidente, prefirió priorizar el bien general al personal.

Después de la felicidad que lo embargó en el reconocimiento que a sugerencia de López Obrador le hicieron en la última reunión del gabinete de seguridad al que asiste, la explicación de Nieto debió interpretarla como un golpe bajo.

No es así, pero debió dolerle en el alma porque ratifica el señalamiento de Vicente Fox en el sentido de quiénes son los que huyen primero de un barco que hace agua. El resto, como Nieto, se quedan al lado del capitán, sin importar la suerte que corran.

Por lo visto y a despecho de los homenajes de despedida, a diferencia de Nieto, Durazo es prescindible. El titular de la UIF ha sido invaluable para López Obrador, más allá que en ocasiones el fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, se queje de que pone en riesgo el debido proceso y la presunción de inocencia.

Con Durazo, en cambio, hasta Ricardo Monreal hizo el papelón de cancelarle la comparecencia en el Senado de la República con el pretexto de que ya había renunciado, no obstante que hasta el viernes se despidió formalmente.

¿Por qué la protección? ¿Por qué librarlo de los cuestionamientos de los senadores de oposición?

Por los resultados. A despecho de las líneas de contención y sus lugares comunes, sus números son peores que los de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, cuando había guerra.

Sólo a manera de ejemplo, dejó al país con una tasada de 20.5 por ciento de víctimas por 100 mil habitantes, cuando en 2015 fue de 14.7 y en 2016 de 18.3.

Durazo deja a su sucesora una tarea difícil, más que por sus competencias personales por la política que dicta el presidente y que, aunque pudieran y quisieran, les es imposible apartarse del guión.

Lo idea es que con el reemplazo la seguridad cambiara en el país, pero con todo y sus buenas intenciones, Rosa Icela seguirá los pasos de su antecesor, a menos que López Obrador decida cambiar de estrategia.

Por lo pronto, su primera misión será el lunes a las 6:00 horas ayudar a Sánchez Cordero a igualar el marcador con los machistas del gabinete de seguridad nacional. Son apenas dos mujeres, pero una es la coordinadora del organismo y la otra funge de secretaria de Gobernación. El resto, el general Cresencio Sandoval, el almirante Rafael Ojeda Durán y Julio Scherer, no tienen mucho poder.

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